“EROS Y PSIQUE” Una historia de amor que sucedió cuando los Dioses gobernaban el mundo
Que está incluida en el libro “El Asno de Oro” o también “Metamorfosis”
ES CONTINUACIÓN DEL ARTÍCULO ANTERIOR EN EL QUE "CONOCIMOS" «EL ASNO DE ORO».

“El rapto de Psique” una pintura de William-Adolphe Bouguereau (1895).
“El Asno de Oro” o también “Metamorfosis”, contiene entre sus historias (como ya se comentó en el artículo anterior), la que es considerada la más grande y notable que Lucio escucha en su viaje; y trata sobre la historia de amor de sus protagonista: “Psique y Cupido”.
Da comienzo a mitad del Libro IV y finaliza casi terminado el Libro VI (De los once que tiene el libro).
Y en ella encontramos al pobre Lucio-Asno (transformado ya de humano a este cuadrúpedo), al servicio de una banda de crueles ladrones y secuestradores, que tienen en su poder a una joven de rica familia a la cual raptan en mitad de las nupcias con su amado. En su desconsuelo, la joven cuenta su desgracia acontecida, a la vieja cocinera de los ladrones, y ésta conmovida por tantos lamentos, la intenta calmar contándole precisamente la historia de Eros y Psique.
Esta vieja narración ha servido como “fuente” de inspiración a diferentes autores del cuento conocido como de “La Bella y la Bestia”. Siendo la versión más antigua (de este cuento de "La Bella...) la de Gianfrancesco Straparola en su libro de 1556. Seguido de la versión de la escritora francesa Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve de 1740; revisada ésta y, publicada una nueva versión en 1756 por Jeanne-Marie Leprince de Beaumont, convirtiéndose en la más popular.
Dentro del mundo del arte, su influencia fue notable y prolongada en los años, sobre obras pictóricas de muchos autores (veremos algunas en estas páginas). Y sin olvidar la escultura realizada por el italiano Antonio Canova en mármol, entre 1787–93 “Amore e Psiche”, que podemos ver actualmente en el Museo del Louvre de Paris. (↓)

“Amore e Psiche” escultura en mármol de Antonio Canova.
«Eros y Psique»
PERSONAJES:
Los Dioses de la Mitología Griega fueron aceptados por el Imperio Romano, pero fueron “romanizados” o “latinizados” sus nombres. Aquí usamos ambos nombres alternativamente para estar en consonancia con los orígenes o procedencia de las historia y la obra de Apuleyo.
Fresco del pintor y arquitecto italiano del Renacimiento Rafael de Urbino, realizado entre 1518 y 1519, sección del techo donde se representa el concilio de los dioses, principalmente los 12 olímpicos, recibiendo a Psique.
PSIQUE: Es la protagonista de esta historia de amor.
EROS / CUPIDO: Es el dios que se enamora de Psique.
APOLO: Hijo de Zeus y Leto y uno de los 12 dioses olímpicos.
AFRODITA / VENUS: Es la diosa de la belleza, la sensualidad y el amor. Su equivalente romano es Venus.
CÉFIRO: Dios del viento del oeste, E hijo de Astreo y de Eos.
DEMETER: Diosa griega de la agricultura.
JÚPITER / ZEUS: Es el Rey de los dioses.
POTAMOI: Dioses del río y los arroyos.
PERSÉFONE / PROSÉRPINA: Reina del Inframundo.
HERMES / MERCURIO: Dios olímpico mensajero y el encargado de guiar a las almas hacia el inframundo, el Hades.
HEDONE / VOLUPTAS: Diosa del placer e hija de Eros y Psique.
ORÁCULO DE DELFOS: Templo dedicado al Dios Apolo.
Previos para “enganchar” el hilo narrativo de la novela donde se incluye la historia de “Eros y Psique”:
Cuarto libro
Argumento
Apuleyo, tornado asno, cuenta elocuentemente las fatigas y trabajos que padeció en su luenga peregrinación, andando en forma de asno y reteniendo el sentido de hombre: entromete a su tiempo diversos casos de los ladrones. Asimismo escribe de un ladrón que se metió en un cuero de osa para
ciertas fiestas que se habían de hacer, y de industria inserta una fábula de Psique, la cual está llena de doctrina y deleite.
CAPITULO IV
Cómo, saliendo los ladrones a robar, volvieron súbitamente trayendo una doncella robada a sus padres; la cual llora con mucha ansia la ausencia de un su esposo, con quien estaban muy suntuosamente aparejadas las bodas.
Ya de regreso cuenta el narrador (Lucio):
Aquella buena vieja proveyó muy bien a nosotros de cebada abundante y sin ninguna medida; tanto, que mi rocín, como vió tanta abundancia y hartura para sí solo, creía que hacía carnestolendas. Y como quiera que otras veces hubiese comido cebada tarazándola con pena, por ser para mí manjar dañoso y desabrido, sin embargo, entonces miré á un rincón donde habían puesto los pedazos de pan que habían sobrado de aquellos ladrones y comencé a ejercitar mis quijadas, que tenían telarañas de luenga hambre; venida la noche, que ya todos dormían, los ladrones despertaron con gran ímpetu y comenzaron a mudar su real, armados con sus espadas y lanzas, que parecían diablos, y botaron por la puerta fuera muy aprisa. Pero ni todo esto ni aun el sueño que bien me era menester pudo impedir el tragar y el comer que yo hacía; y como quiera, que, cuando era Lucio, con uno o dos panes me hartaba y levantaba de la mesa, mas entonces, contentando a un vientre de asno tan ancho y profundo, ya entraba
rumiando por el tercer canastillo de pan, cuando estando atónito en esta obra me tomó el día claro; entonces yo, como asno empachado de vergüenza, salí de casa, aunque con pena, y hartéme de agua en un arroyuelo que allí estaba. No tardó casi nada, cuándo tornaron los ladrones muy solícitos y con gran baraúnda, como quiera que no traían cosa alguna, ni solamente la vil vestidura; pero con sus espadas en las manos y con toda su hueste traían cercada una doncella muy linda, la cual, según su gesto y hábito mostraba, debía de ser alguna hijadalgo de aquella tierra. Cierto, ella era tal, que yo, aunque asno, la deseaba; la mezquinilla venía llorando y también mesando sus cabellos, rasgando las tocas; después que la metieron en su cueva, comenzáronla a amansar su pena, diciéndole de esta manera:
—Tú, pues, está segura de la vida y honra, da un poco de paciencia por nuestra ganancia, que la necesidad y pobreza nos hace seguir este trato; tu padre y madre, aunque sean avaros, pero de tanta abundancia de riquezas como tienen, sin dilación aparejarán de redimir a su hija.
Parte del fresco de “La Sala del Asno de Oro” en el palacio de San Secondo, realizado por el pintor Vincenzo Tamagni (1492-1530).
Con estas burlas y otras parlas que le decían, no se le quitaba su dolor, antes, metida la cabeza entre las piernas, lloraba sin remedio. Los ladrones llamaron allá dentro la vieja y mandáronle que se sentase cerca de ella y la consolase con las más dulces y blandas palabras que pudiese; en tanto, ellos se partieron a hacer su oficio. Con todo lo que la vieja le pudo predicar y decir, nunca pudo acabar con la doncella que dejase de llorar como lo había comenzado. Antes, más reciamente daba gritos, sollozos y grandes suspiros que le arrancaban las entrañas y a mí me hacían llorar. Decía de esta manera:
—¡Ay, mezquina de mí! ¿Cómo podré yo vivir y dejar de llorar viéndome privada de mi casa y de mi familia; de mis amados criados, desconsolada de tan honrados padres y madre como tengo? Verme ahora que soy cautiva y sin ventura hecha esclava, encerrada en esta cárcel de piedra para servir y ser apartada de tantas riquezas y deleites en que fui criada?
¿Verme asimismo en esta carnicería sin esperanza de mi vida, entre tantos y tales ladrones, compañía de mala y abominable gente?
Llorando de esta manera, con el dolor del corazón y pena de las quijadas y cansancio del cuerpo fatigada, cerráronse los ojos y comenzó a dormir.
Ya que había dormido un poco, aunque no mucho, despertó con un sobresalto, como mujer sin seso, y comenzó de nuevo a afligirse, llorando y dándose de puñadas en los pechos y bofetadas en aquel hermoso rostro.
La vieja preguntábale con mucha instancia la causa por que de nuevo tornaba a llorar. La doncella, suspirando con gran pena, dijo:
—¡Ay, ay, triste de mí! Ahora soy cierta y muy certificada que soy muerta; ahora he perdido toda la esperanza de mi salud; cierto, o me tengo de ahorcar, o matar con un puñal, o despeñarme de alguna
altura.
Entonces la vieja, con alguna ira, mostrando la cara enojada, mandóle que le dijese que por qué en mal hora lloraba, qué quería decir que después de haber reposado, tornase con mayor ímpetu a refrescar los
llantos y lloros ya pasados, diciendo:
pendiente
—No te maravilles, pues que quieres defraudar a mis hijos con la ganancia de tu rescate, que si porfías en ello, yo haré que, no curando de tus lágrimas, las cuales ellos suelen tener en poco, que viva seas quemada.
Espantada con estas palabras, la doncella, besando la mano a la vieja, dijo:
—Perdóname, señora madre, y por tu humanidad socorre y duélete de mi desdicha grande; que no puedo yo creer que en tan honrada vejez y largos años se haya perdido del todo la compasión y misericordia; espera ahora y oirás la cansa de mi triste pena.
Pocos días ha que yo fuí desposada con un mancebo muy hermoso, rico y principal entre los suyos, al cual todos los de la ciudad deseaban por hijo; era primo mío y tres años mayor que yo; habíamonos criado ambos juntamente, desde niños, en una casa y en una mesa y en una cama; el cual me tenía tanto amor, y yo a él, como si fuéramos hermanos.
“La Boda de Psique” (1895) pintado por Edward Burne-Jones (1833-1898).
Así que, estando para velarnos, de todo consentimiento de nuestros padres, habiéndose llamado mi marido en la carta de arras y dote que me había hecho y yendo acompañado de mis hermanos y parientes, sacrificando sacrificios en los templos y casas públicas; estando la casa adornada de laureles
y relumbrando con hachas ardiendo y cantando cantares de bodas; teniendo la desventurada de mi madre en su falda ataviándome para semejante fiesta, besándome suavemente y rogando a Dios que me diese hijos, he aquí do entra súbitamente una batalla de rufianes, con gran ímpetu, las espadas
desnudas y relumbrando, los cuales no curaron de robar cosa alguna ni matar a nadie, sino todos juntos, hechos una cuña, se lanzaron en la cámara donde estábamos, y sin que ninguno de los familiares de casa los resistiese ni osase tantico contradecirles, arrebataron a mí, mezquina, que del miedo y pavor que hube estaba amortecida en las faldas de mi madre.
En esta manera se estorbaron mis bodas, como las de Atides y Protesilao. Pero ahora, señora madre, otra cosa muy más cruel se me ha refrescado, que crece más mi desventura y desdicha, y es que soñaba que por fuerza y contra mi voluntad me sacaban de mi casa, de dentro de mi cámara y de mi cama, y que iba por unos desiertos y soledades, fuera de camino, llamando al desdichado de mi esposo. El cual, como estaba ataviado y vestido con ropas de bodas, iba tras de mí, que me habían apartado de sus brazos, y yo iba huyendo en pies ajenos, y como él iba dando voces, quejándose que le habían robado a su hermosa mujer, pedía socorro a todos. En esto, uno de los ladrones que me llevaban, enojado de sus voces e importuno seguimiento, arrebató una piedra delante de los pies e hirió al mezquino mancebo de mi esposo, de que luego murió, y con este sueño tan horrible y mortal, espantada, desperté medrosa y despavorida.
Entonces la vieja, suspirando a sus lloros y penas, dijo:
—Hija, esfuérzate y ten buen corazón, y por Dios no te espantes con vanas ficciones de sueños, porque además de tener por cierto que los sueños de día son falsos, aun las visiones o sueños de la noche traen los fines y salidas contrarios, porque llorar o ser herido o muerto traen el fin próspero y de mucha ganancia, y, por el contrario, reír o comer cosas dulces y sabrosas, o hallarse en placeres con quien bien quiere, significa gran tristeza del corazón o enfermedad del cuerpo u otros daños y fatigas. Pero yo te quiero consolar y decirte una novela muy linda, con que olvides esta pena y trabajo:
CAPITULO V
En el cual la vieja madre de los ladrones, conmovida de piedad de las lágrimas de la doncella que estaba en la cueva presa, le contó una fábula por ocuparla que no llorase.
«En un reino sin nombre, un rey y una reina tenían tres hermosas hijas. La más joven, Psique, poseía una belleza que superaba a la de sus hermanas, lo que provocó que quienes la rodeaban, incluidos los sacerdotes, la compararan con Afrodita (mencionada como Venus en “El asno de oro” romanizada la divinidad). Muchos llegaron al extremo de decir que era incluso más bella que la propia diosa. [En otras iteraciones (repeticiones), no se la compara con Afrodita, sino que se la confunde con ella].
La belleza de Psique atraía a gente de tierras lejanas para ofrecerle regalos y ofrendas. Cuando los templos de Afrodita fueron abandonados como resultado, la diosa se indignó porque se adoraba a un mortal en lugar de a ella. Como castigo, Afrodita envió a su hijo, Eros (romanizado como Cupido), para que hiciera que la muchacha se enamorara de un monstruo vil y espantoso, ya que podía enamorar a cualquiera con el golpe de sus flechas. Eros hizo lo que le pidió acercándose a Psique mientras dormía y tocándola con una de sus flechas le paso un conjuro para que se enamorara del primer ser vivo que viera al despertarse. Psique despertó y, aunque no lo vio porque era invisible, Eros se hirió accidentalmente con su propia flecha y cayo victima de su propio conjuro, enamorándose de ella.
Mientras tanto, sus dos hermanas mayores, pese a que estaban celosas de su belleza, finalmente se casan con reyes y se marchan para estar con sus maridos.
Y aunque todos seguían admirando la belleza de Psique, se hizo evidente que no podía encontrar un pretendiente porque estaban felices de simplemente adorarla en lugar de pedirle su mano en matrimonio.
Pintura realizada por el pintor francés Louis Lafitte (1770-1826) sobre plafones de madera. para una obra sobre “Eros y Psique”.
El rey y la reina, profundamente perturbados por esto, decidieron consultar al Oráculo de Delfos, también conocido como Pitia en el Templo de Apolo para obtener respuestas. Apolo , hablando a través del Oráculo, dijo:
«En la cima de la montaña, oh Rey, expone a la doncella para el funeral matrimonial ritualmente ataviado. No es tuyo ningún yerno humano, pero si algo cruel y feroz y serpenteante; que plaga el mundo mientras, llevado en alto con alas, con fuego y acero persigue todas las cosas. Ese mismo Júpiter, a quien los dioses veneran, esa oscura corriente del (río) Estigia mira con miedo. Allí, encontrará su destino».
Tras escuchar esto, desconsolado, el rey regresó a su palacio; y obedeciendo las órdenes del Dios Apolo, Psique fue llevada a la torre de roca y abandonada a su suerte.
Quinto libro
Argumento
En este quinto libro se contienen los palacios de Psique y los amores que con ella tuvo el dios Cupido, y de cómo le vinieron a visitar sus hermanas; y de la envidia que hubieron de ella, por cuya causa, creyendo Psique lo que le decían, hirió a su marido Cupido de una llaga, por la cual cayó de una cumbre de su felicidad y fue puesta en tribulación. A la cual, Venus, como a enemiga, persigue muy cruelmente, y finalmente, después de haber pasado muchas penas, fue casada con su marido Cupido, y las bodas celebradas en el cielo.
CAPITULO I
Cómo la vieja, prosiguiendo en su cuento por consolar a la doncella, le cuenta cómo Psique fue llevada a unos palacios muy prósperos, los cuales describe con mucha elocuencia, donde por muchas noches holgó con su nuevo marido Cupido.
Ella esperó a la bestia, pero esta no llegó. (En algunos relatos, Eros está allí, solo invisible). Céfiro, el señor griego del viento del oeste, la sacó de la roca y la llevó a un lugar seguro, donde cayó en un sueño profundo.
Pintura realizada por el pintor francés Louis Lafitte (1770-1826) sobre plafones de madera. para una obra sobre “Eros y Psique”.
Cuando despertó de nuevo, se encontró en un palacio hecho de gemas y oro.
Una voz invisible le dijo a Psique que se sintiera como en casa y que todo le pertenecía. Se bañó y comió un gran banquete, todo mientras una lira invisible tocaba una hermosa música para entretenerla. Fue entonces cuando Psique se enteró de que la persona invisible era su nuevo esposo. Él la visitaba solo por la noche, prohibiéndole mirarlo a la cara o aprender su nombre, diciéndole que era mejor para ella amarlo como a un igual que verlo como algo divino.
Pintura realizada por el pintor Louis Lafitte (1770-1826) sobre plafones de madera.
Las primeras semanas de Psique en palacio estuvieron llenas de placeres y, aunque al principio le temía, acabó enamorándose del hombre invisible y pronto quedó embarazada. Sin embargo, durante el día se sentía sola y solo esperaba la noche, cuando su marido la visitaría. Finalmente, pidió ver a sus hermanas, que, en su ausencia, habían asumido su muerte y habían estado de luto. Eros acabó permitiéndole invitar a su familia al palacio y encargó a Céfiro que llevara a las hermanas al palacio, donde se reunirían.
Otra Pintura realizada por el pintor Louis Lafitte (1770-1826) sobre plafones de madera.
Cuando llegaron, sus hermanas, al ver la buena suerte de su hermana, se pusieron celosas. Comenzaron a hacer preguntas sobre el marido de Psique, con la intención de engañarla. Al principio, Psique mintió sobre quién era su marido, afirmando que era un cazador. Tras más insistencia, Psique finalmente admitió que nunca había visto la cara de su marido y que no sabía su nombre. Enfadadas y celosas, recordaron las palabras del Oráculo y afirmaron que el marido de Psique no era un hombre amable, sino en realidad un monstruo, y que ella debería acercarse a él mientras dormía y matarlo.
Aunque tenía sus dudas, Psique se dejó convencer por las palabras de sus hermanas y miró a Eros mientras dormía, colándose en su habitación con una lámpara de aceite y un cuchillo. Cuando Psique iluminó el rostro de su marido, se dio cuenta de que era un dios y se reprendió a sí misma por su estupidez.


