Se le concedió el "don" que deseara, y pidió algo que se convirtió en su maldición... LA LEYENDA DEL "REY MIDAS", AQUEL QUE TODO LO QUE TOCABA LO CONVERTÍA EN ORO

Situación del Reino de Frigia

Hay muchas leyendas, a menudo contradictorias, sobre el rey Midas. En una de ellas, Midas fue rey de Pesino, una ciudad de Frigia (Un reino en la parte centro-occidental de Anatolia, en lo que ahora es la Turquía asiática, centrado en el río Sangarios), quien de niño fue adoptado por el rey Gordias y Cibeles, la diosa con la que fue consorte y que (según algunos relatos) fue la diosa madre del propio Midas.

Gobernó en la segunda mitad del siglo VIII a. C., aproximadamente entre el 740 a.C. y el 696 a.C. Con el que se asocia principalmente el mito de que, durante un breve tiempo, tuvo el poder de convertir en oro aquello que tocaba con sus manos; y esto, con el tiempo, pasó a denominarse toque dorado o toque de Midas.

Ilustración del británico Walter Crane incluida en el libro: "Un libro maravilloso para niñas y niños" de NATHANIEL
HAWT
HORNE de 1851.

Toque de oro...

Un día (como relata Ovidio en Metamorfosis XI), Dioniso [Hijo de Zeus y Sémele; y Dios del vino, la elaboración del vino, la fertilidad, la música, la danza y la inspiración] descubrió que su antiguo maestro de escuela y padre adoptivo, el sátiro Sileno, había desaparecido.

El viejo sátiro había estado bebiendo vino y se alejó borracho, hasta que algunos campesinos frigios lo encontraron en el jardín real de Midas, adornado con unas guirnaldas.

Quienes lo apresaron y lo llevaron ante su rey, Midas.

Ya ante el monarca, Midas lo reconoció y lo trató hospitalariamente.

Entreteniéndole durante diez días y diez noches con cortesía y amabilidad. Durante los cuales Sileno deleitaba a Midas y a sus amigos con las extrañas historias del anciano.

Entre otras, Sileno le habló de un terrible remolino que ningún viajero puede cruzar. «A su lado corren dos ríos. En la orilla del primer río crece un árbol cuyo fruto envejece y se seca. Pero en la orilla del segundo crece un árbol cuyos frutos vuelven a rejuvenecer a los hombres. Un mordisco y el anciano se convierte en un hombre de mediana edad; dos mordiscos y se convierte en un joven; tres mordiscos y se convierte en un adolescente; cuatro mordiscos y se convierte en un niño; cinco mordiscos y se convierte en un bebé; Si muerde por sexta vez, desaparece por completo». Esta historia, en especial, quedó grabada en la mente del Rey.

Al undécimo día, Midas convenció y llevó a Sileno de regreso con Dioniso, que se encontraba a orillas del río Paktolos, en el reino de Lidia.

Dioniso se alegró muchísimo de recuperar a su amigo, y en agradecimiento le ofreció a Midas elegir cualquier recompensa que deseara.

Al principio Midas pensó en la historia de Sileno, la que le había dejado mella, la del árbol de la juventud. Más antes de decidirse recordó otro incidente; cuando él era un bebé, unas hormigas le llevaron a los labios granos dorados de trigo, señal, según se le presagió, de que adquiriría una gran riqueza. Entonces, en lugar de elegir la juventud, Midas dijo:

«Quiero que todo lo que toque se convierta en oro».

Dioniso concedió inmediatamente el deseo de Midas y el rey partió encantado con su fortuna.

Mientras caminaba, rompió una rama de roble e inmediatamente ¡se convirtió en oro! Luego tocó una piedra y un trozo de tierra, e inmediatamente ellos también se convirtieron en oro. Lo mismo sucedió cuando cortó una espiga de trigo. Cortó una manzana y ésta se volvió dorada, como las míticas manzanas de las Hespérides.

Cuando Midas llegó a su palacio, tocó cada rosa del jardín de rosas y todas se volvieron doradas, luego tocó los pilares de la puerta y ¡se volvieron dorados!

Ordenó a los sirvientes que prepararan un banquete en la mesa. Y aquí fue cuando se dio cuenta de que su deseo no estuvo tan bien elegido...

Al lavarse antes de iniciar el banquete, observó como el agua inmediatamente se volvió dorada en sus manos.

Luego pidió comida y vino, pero cuando tocó un trozo de pan, ¡también se convirtió en oro! Mordió un poco de carne y casi se rompe los dientes contra el duro metal. Incluso el vino, el regalo de Dioniso al pueblo, se convertía en oro líquido al pasar por sus labios.

Todo lo que Midas atrapó se convirtió en oro, incluso el pan.

Así, Midas no podía comer ni beber y pronto empezó a sentir el tormento del hambre y la sed.

El oro, una vez codiciado con toda su alma, ahora se había vuelto odiado. Arrepintiéndose de su deseo maldiciéndolo.

[Claudiano afirma en su “In Rufinum”: «Así Midas, rey de Lidia, se hinchó de orgullo al principio cuando descubrió que podía transformar en oro todo lo que tocaba; pero cuando vio que su comida se volvía rígida y su bebida se endurecía hasta convertirse en hielo dorado, entonces comprendió que este regalo era una pesadilla y, en su aversión por el oro, maldijo su oración»].

En una versión contada por Nathaniel Hawthorne en “Un libro maravilloso para niñas y niños” (1852), la hija de Midas se acercó a él, molesta por las rosas que habían perdido su fragancia y se habían vuelto duras, y cuando él extendió la mano para consolarla, encontró que cuando tocaba a su hija, ella también se convertía en oro. Ahora Midas odiaba el regalo que había codiciado. (Vemos seguidamente esta ilustración del libro de Nathaniel).

Ilustración del británico Walter Crane incluida en el libro: "Un libro maravilloso para niñas y niños" de NATHANIEL
HAWTHORNE de 1851.

Rezó a Dioniso, rogando que lo librara del hambre. Dioniso escuchó su oración y consintió; diciéndole a Midas que se lavara en el río Pactolus. Entonces, cualquier cosa que pusiera en el agua se revertiría al tacto.

Midas así lo hizo, y cuando tocó las aguas, el poder fluyó hacia el río y las arenas del río se convirtieron en oro.

Ilustración del británico Walter Crane incluida en el libro: "Un libro maravilloso para niñas y niños" de NATHANIEL

HAWTHORNE de 1851.

Esto explica por qué el río Pactolus era tan rico en oro y electro, y la riqueza de la dinastía de Aliates de Lidia, que afirmaba que Midas era su antepasado, sin duda fue el impulso para este mito de origen.

Sin embargo, según Aristóteles, la leyenda sostenía que Midas finalmente murió de hambre como resultado de su «vana oración» por el toque de oro, y la maldición nunca fue levantada.

Enseñanza:

A veces, los regalos de los dioses son ilusorios.

Esto nos enseña la historia del Rey Midas quien se consideraba

sabio, pero, quería que todo lo que tocaba se convirtiera en oro... ■

FIN


Un artículo de Zeus.2.0.

para Queseenteren