“QUERIDO CHATO”
PRÓLOGO
Una novela que te hará revivir, o conocer, como vivíamos con Franco
Como y que se enseñaba en los Colegios, que juegos practicábamos, como nos relacionábamos con nuestros vecinos, de que manera nos iban cambiando la vida los nuevos adelantos tecnológicos, que ocurrió con los perdedores de la guerra civil, que derechos legales tenían las mujeres, hacía donde emigraban los españoles, como actuaba la policía, como se trataba a los homosexuales, hasta cuanto influenciaba la Iglesia en nuestras vidas…
UNA SIMPÁTICA Y A LA VEZ TRISTE NARRACIÓN AUTOBIOGRÁFICA, QUE TE LLEVARÁ A ESOS AÑOS EN LOS QUE ESPAÑA ERA GOBERNADA POR FRANCISCO FRANCO.
En exclusiva por cortesía del Autor, veamos el doceavo de sus Capítulos:
1965. Días de Juegos y de Guerra, Las Visitas de la "VI Flota de la US NAVY", Las otras "Gaviotas". (8)
Capítulo 15
Aquellos juegos que culminaban al final del curso escolar con una gran Batalla entre barriadas.
Entre 1951 y 1987, se convirtió en algo habitual ver en los puertos más importantes del Mediterráneo español, ver las siluetas de los barcos pertenecientes a la VI Flota Norteamericana, fondeados en los mismos a cierta distancia del muelle de atraque.
Dichos puertos, como el de Palma de Mallorca o el de Barcelona, acogieron a miles de marines de los EE.UU. que deambulaban por sus calles, y en especial, las que formaban parte de sus respectivos "Barrios Chinos". Estas visitas las realizaban durante su periodo de vacaciones o descanso, con que eran premiados después de pasar largo tiempo embarcados.
Era el principio del Verano del año 1965, el estío no permitía andar a las horas de máximo sol, por «esos mundos de Dios». Teníamos que esperar a la llegada de las tardes, casi noches, cuando ya no estaba fuerte “Lorenzo”, para invadir las calles. Allí era precisamente, donde nos reuníamos los niños de la barriada, para realizar nuestros juegos y alguna que otra "fechoría".
El "jefe" de la pandilla, era un "bergante" de quince años, de nombre Guillermo; quien un tiempo atrás, fue también el jefe de nuestro “rebaño”, en nuestros trayectos diarios hacía el colegio. Ahora lo pienso y no tengo muy claro porque este "líder" se pasaba el tiempo con nosotros, en lugar de estar con chicos de su edad. Posiblemente era la manera que tenía de destacar, quien le iba a hacer sombra con esta diferencia de edad.
Pero aparte de esto, hay que reconocer que sabía organizarnos, era como tener un "jefe" dando las ordenes de que hacer en cada momento. Posiblemente en una gran parte, éramos como un tratamiento para él. ¡Sí! Una manera de curarse de su pena y también rellenar el vacío producido por la pérdida de su hermana Bárbara, de nuestra edad. Que había fallecido por culpa del sarampión, tres años atrás, muerte que conmocionó a toda la barriada. (Acontecimientos ya narrados en el Capítulo 1 de esta humilde BIO).
Los juegos que realizábamos en aquellos años, eran muy buenos para el desarrollo de un niño, pues eran inminentemente físicos; también te formaban en el trabajo en equipo para conseguir un fin. Así a las buenas, recuerdo uno que me gustaba bastante, de nombre "el pañuelito".

Composición de fotografías e ilustraciones que confirman la “universalización” de este “inocuo” juego de "El Pañuelito", que aún se sigue practicando.
Consistía en formar dos grupos; contando que éramos niños de diferentes edades, se procuraba que no hubiera muchos años de diferencia entre los jugadores. Cada equipo estaba compuesto por unos cuatro o cinco miembros. En el centro de la calle pintábamos una línea a lo ancho, de bordillo a bordillo, con una tiza blanca que procedía de un trozo de cal dura; en ella se colocaba uno de nosotros, que mediante un sorteo por mediación de una “canción de descarte”; le tocaba hacer de árbitro. Desde ella (la línea), contábamos unos veinte pasos a cada lado, y al final de cada uno, pintábamos otra línea que era la señal de partida de cada equipo.
Los miembros nos asignábamos un número secreto, igual al número de jugadores; si éramos cinco en cada equipo, pues eso, 1, 2, 3, 4 y 5. El árbitro en voz alta decía un número, el que lo tenía de cada equipo corría hacía la línea de separación, donde estaba el árbitro con el brazo extendido y sujetando con la mano el pañuelo.
Los chavales solíamos llegar casi al mismo tiempo, entonces parados sin pasar la línea fronteriza, poníamos la mano cerca del pañuelo. El más avispado lo cogía y salía corriendo de regreso a su procedencia, el otro corría tras él, si no lo alcanzaba quedaba descalificado. También había quien hacía el ademán de cogerlo, engañando al contrario que cruzaba la línea, entonces como era una falsa salida quedaba descalificado. El número que tenía el descalificado se le asignaba, todo secretamente, a otro jugador que pasaba a tener dos números. Si cuando decía un número el árbitro, no salía de un equipo un jugador porque se confundía, el equipo del jugador ganador, que era el único que había ido a por el pañuelo, recuperaba un jugador de los eliminados. El juego duraba hasta que había jugadores en uno de los equipos, y como estoy viendo en mi mente el recuerdo de un día jugando a él, mejor lo retransmito:
«"El tres!” —Ese es el número, hemos oído al árbitro indicar el número elegido... Y allí están, y ha sido a los pocos segundos, ya se encuentran en la línea fronteriza los dos niños que tienen asignado el número tres… Y que han salido veloces como galgos desde sus líneas de partida. Dos manos se han colocado alrededor del pañuelo, pero sin tocarlo…
“Zasss”, —y uno de ellos lo coge en un rápido movimiento y parte raudo y veloz de regreso al sitio del que salió.
“¡Anda, cógeme si puedes! ¡JA, JA, JA!”
“¡Ríete, todo lo que quieras!”
Como una flecha el jugador contrario ha ido tras él... Y…, ¡no lo va a lograr!, el jugador del pañuelo no va a lograr regresar a su línea de partida, y… “PLAF”, ¡lo ha tocado!, ¡lo ha tocado en la espalda su perseguidor y lo ha descalificado!, ¡acaba de ser eliminado!
“¿Qué te creías?, ¿qué no te iba a pillar?”
“¡Has tenido suerte!” —Y terminada esta ronda, hacemos una pausa y devuelvo la conexión a los estudios centrales…».
En este juego yo era muy bueno y, también lo era el "Nenico", rápido como una liebre, incluso más que yo. No en vano estaba acostumbrado a hacer el "sprint" con las persecuciones de su padre.
"La Sangre no llegaba al Río", éramos buenos competidores en este juego, y si nos pasábamos en violencia, el árbitro nos calmaba y "nos llamaba al orden".
Otro juego un poco más violento era el de la "lucha libre", que se basaba en este deporte, pero con unas reglas muy particulares del amigo Guillermo. Quien procuraba siempre que los participantes fueran de la misma edad, a mí me solía tocar “Gavi” o de nuevo el "Nenico", estábamos los tres muy igualados.
Este último juego, cuando se acercaba la temporada de las guerras entre barriadas; lo practicábamos más a menudo, nos creíamos que éramos "gladiadores". Durante el juego se procuraba que «la sangre no llegara al río», cuando uno de los luchadores se cabreaba más de la cuenta, el árbitro Guillermo nos separaba y daba por finalizado el combate.
—¡Venga ya está bien, cada uno para un rincón! —Rincón si había, pero nada más, el cuadrilátero de los luchadores de verdad, estaba en nuestra imaginación; y la contención que hacían a modo de cuerdas, era la formada por los espectadores, “osease”, el resto de los niños y chicos más mayores.
Pero un nuevo elemento, no invitado, nos acercaría más a la realidad de los “Circos Romanos” de los “Gladiadores” de antaño:
—¡GRARRR, GRERRR, GUA! —Eran los rugidos de nuestro león, en este caso, el perro de la raza “dóberman” del nuevo vecino. Se había escapado y tenía muy malas pulgas. La velada de lucha libre se interrumpió y todos salimos escopeteados, «pies para que os quiero».
—¡Vamos corred, corred! —uno del grupo dio la alarma, por si alguien no se había enterado de la aparición de la fiera.
De más mayor tuve varios perros de la reza "doberman", y en honor a este perro de mi niñez, le puse el mismo nombre de "Caín", ¡era un bendito!
El salir todos hacía distintas direcciones, despistó al bicho, no sabía hacía quien dirigirse para clavarle sus jodidos dientes.
Nadie hizo de valiente, ni el organizador de la velada, el amigo Guillermo; que fue el que más corrió protegiéndose en su casa. Tenía pánico a los perros.
No sé qué le pudo atraer de mí, pero de repente me convertí en su presa:
—¡No me vas a morder, hijo puta!
Como le llevaba ventaja, logré meterme en el portal de la casa de Margarita, que estaba medio abierto. El golpe que di al cerrar la puerta, hizo que la propietaria saliera asustada:
—¿Qué pasa “Chato”?, parece como si te persiguiera el «Hombre del Saco»…
—¡No salga, que “Caín” se ha escapado y me persigue! ¡Está hay fuera!
—¡Tranquilo, no pasa nada, es muy buen perro!
No le contesté, pensé que a la mujer le «faltaba un tornillo» o al contrario, era muy valiente.
—¡Vamos “Caín” tranquilo! ¡Sabes quién soy!
—¡GREEE, GREEE! —le contestó en lenguaje perruno.
Y parece que el puto perro la reconoció de algo y se calmó. Luego me enteré de que Margarita en más de una ocasión, le había dado de comer a la fiera cuando estaban ausentes los dueños. ¡Así cualquiera!
Cogió una correa que tenía colgada en la entrada, que nunca supe por qué y para quien la tenía, y ató a “Caín”, ¡mejor no saberlo…!
—¡Ves “Chato”!, lo único que quiere es jugar con vosotros.
—¡Pues va a jugar con su puta madre!
La domadora acompañó al perro hasta la casa de enfrente, un caserón con mucho terreno que era donde vivía la fiera. A ella se habían mudado hacía unas semanas, una familia de ricachones, que aun siendo españoles, habían estado viviendo muchos años en Alemania, sus tres hijos nacieron allí.
—¡CLACK! —fue el ruido de la puerta al ser cerrada por Margarita después de meter al can en su casa.
Esta no fue la única vez que "Caín" se escapó, otros días, no todos; a la misma hora, por el final de la tarde, hubo más persecuciones del chucho. La suerte fue que no logró alcanzar a ningún niño, yo creo que para él era un juego, como decía Margarita; que además sólo practicaba con los niños y jovenzuelos, a los adultos no se acercaba:
—¡Corred, corred, otra vez se ha escapado "Caín"!
—¡GRARRR, GRERRR, GUA! —De nuevo se oyeron los gruñidos.
Un padre, cansado de estas escapadas del perro, que acababan con sus persecuciones a los niños, entre ellos a su hijo. Decidió una noche solucionar el problema a su manera:
—¡Toma guapo, come esta sabrosa cena que te he preparado! —Al tiempo que le tiraba a "Caín" un trozo de carne; que el animal tardó segundos en devorar.
—¡GREEEE, GREEEE, ÑAM, ÑAM, GREEE! —«¡que rico!, ¡me gusta!». Dijo en su lengua. Claro, que lo comentó ante de saber que aquella sería su “última cena”.
Cubierto su objetivo, el padre de la familia desapareció entre la oscuridad.
A la mañana siguiente:
—¡”Caín” ha muerto!, ¡el dóberman la ha pringado! —no eran gritos de dolor, sino todo lo contrario, de alegría. El endemoniado estaba "RIP", la causa nos la imaginamos, había sido envenenado por la noche. Y a la salida del sol, su cuerpo estaba rígido y tumbado cerca de la puerta de acceso al jardín de la casa. Con un gran vómito saliendo de su boca provocado por el matarratas.
La misma puerta que más tarde se averiguó, había dejado entreabierta, la negligente de la criada, cada tarde cuando acababa su jornada.
—¡Es que no cerraba bien! —dijo en su defensa, la mujer causante de las fugas del malogrado “Caín”.
El acto que hizo el padre estuvo mal, pero está claro que, con él evitó una más que segura tragedia…
Los dueños del perro no tardaron mucho en sustituirlo. En este caso optaron por una raza menos peligrosa, un cachorro de “San Bernardo”. Qué, con el tiempo, se hizo amigo de todos los niños del barrio. Mi homónimo “San Antonio”, lo bautizó con el nombre de “Oscar”, nombre apropiado a su carácter.
Con los años, cuando fui creciendo, los juegos callejeros fueron cambiando y prácticamente fueron relegados por el deporte en sí; futbol, baloncesto y hasta incluso tenis. Pero siempre me quedó el recuerdo del juego más importante que celebrábamos cada año…
Viñeta satírica de José Guadalupe Posada, dedicada al «baile de los cuarenta y uno», nombre que se le dio a una redada policial realizada en México el 18 de noviembre de 1901, durante el régimen del presidente Porfirio Díaz. Ocurrió en la colonia Tabacalera de la Ciudad de México, contra un baile de hombres que se estaba realizando en la calle La Paz, de los cuales 21 estaban vestidos de hombres y 21 de mujeres. Participaron 42 hombres en aquel baile, pero solo fueron arrestados 41, de aquí proviene el nombre. La prensa mexicana convirtió en un escándalo el hecho, pese a que el gobierno de entonces se esforzó en ocultar el asunto, puesto que los detenidos pertenecían a la clase alta de la sociedad porfiriana. Validando el refrán de: «En todas partes cuecen habas».
…Durante los meses siguientes de ese año del 57, Camilo dejo de frecuentar los lugares de “ambiente”, Pero llegó el verano y la llamada del sexo volvió a sonar y, un fin de semana acudió a una fiesta privada que se celebró al aire libre, en el jardín de un chalé de un acaudalado joyero perista:
—¿Aquí todos somos del “ambiente”?
—¡Sí Camilo, por eso te he invitado!
—¡Ay Manolo! ¡De buena te libraste el día de la “redada” en “El Sombrero”!
—¡Y que lo digas! Cuando yo regresé ya se había marchado el furgón de los “Grises” y estaba cerrado.
—¡Mejor olvidarlo y vivamos el presente! Y… ¿De qué conoces al “anfitrión?
—Se llama Santos, es un reputado perista de la ciudad. Lo conocí hace años en otra fiesta privada que también montó él.
—¿Qué has salido con él?
—¡Qué va! Yo acudí a ella acompañado de “Cholo”, el chico con el que salía en aquella época. ¡Y no! No hemos tenido ningún “rollete” el Santos y yo, sólo amistad, y de ahí que me haya invitado a ésta… y yo a ti. ¡Y ya está, sin problemas!
La fiesta estaba muy bien montada, había hasta una pequeña orquesta, que amenizaba con temas originales del clarinetista “Benny Goodman”.

Pongamos un poco de “Música Imaginaria” del mencionado Benjamín Goodman (1909-1986), que fue un clarinetista y director de orquesta estadounidense, conocido como el “Rey del Swing” (El swing es un estilo de jazz que se desarrolló en los EE.UU a finales de la década de 1920 y principios de la de 1930). Su orquesta tuvo un éxito comercial extraordinario. ¡Vale la pena escucharlo!
—¡Oye Manolo! ¿A dónde van las parejitas, veo que se meten en la casa?
—¡A dónde van a ir!, ¡a follar!, ¿quieres que vayamos?
—¡Si tú quieres, yo también lo quiero!
Los dos cogidos de la mano fueron hacia el interior de la casa. Justo en el gran y concurrido recibidor, nacía una ancha escalera que acababa en la planta del piso; donde estaban las innumerables habitaciones.
Más, la fiesta estaba a punto de aguarse, y no precisamente por causa de la lluvia. Resulta que el joyero, o sea el perista, había apalabrado la adquisición de un gran lote de joyas; que habían sido robadas unos meses atrás, en la mansión de los “Marqueses de Tremolar” en Madrid.
Como la policía lo tenía vigilado constantemente, esperó el momento oportuno para capturarlo con «las manos en la masa». Eran conocedores por un chivatazo, de que esta noche uno de los invitados, que en realidad era uno de los ladrones; le entregaría la valiosa mercancía robada y recogería el dinero acordado como pago:
—¡Observa, gírate con disimulo!, se acerca a Santos un tipo con una bolsa! —El compañero hace lo que le dice y se gira discretamente, esta conversación la mantienen dos hombres que no acaban de entonar en este ambiente.
—Por la foto de su ficha, se parece bastante al “Elogio”, uno de los atracadores.
—¿Y era de fiar la criada que lo reconoció en la foto?
—¡No tenía porque no serlo! De todas formas, saldremos de dudas pronto.
—¡Se marchan juntos hacia la casa! ¡Sigámosles!
Santos y el “Elogio” ya dentro de la casa, entraron en un despacho al que se accedía desde el famoso recibidor; y cerraron la puerta, disponiendo así de la necesaria confidencialidad que necesitaban.
—¡Démosles unos minutos! ¡De ésta nos ascienden!
—¡Y nos dan una medalla! —«Vendían la piel del oso antes de cazarlo».
—¡Hala vamos! ¡Peguémosle la patada al mismo tiempo!
—¡PUM! —puerta abierta— ¡Alto, manos arriba!, ¡si no obedecéis os disparamos!
Tras la sorpresa por la repentina y brusca entrada de los dos policías, venidos de Madrid por el caso, los hombres obedecieron y levantaron las manos. Elogio dejó antes caer la bolsa de piel que debería de contener lo robado.
Los inspectores sacaron sus esposas y los engrillaron, uno de ellos no pudo esperar más y abrió la buscada bolsa. ¡Todo bien! Las joyas están en su interior. —el ascenso y las medallas ya eran suyas.
No iba acabar así de bien la noche para muchos de los invitados, entre ellos Manolo y su acompañante, el tío Camilo.

—¡UUUH, UUUH! ¡TURULU, TURULU! —Sonaron los ensordecedores ruidos de las sirenas, de los múltiples coches de policía y furgones que aparecieron de la nada. Los agentes se desplegaron y de uno en uno, fueron deteniendo a todos los participantes en la fiesta; no tuvieron contemplaciones ni hicieron excepciones:
—¡Venga para el furgón!
—¡Vd. no sabe con quién habla!
—¡Ya tendrá tiempo de explicarse en la Comisaría!
Y para el furgón con él, todos fueron conducidos a la Comisaría donde les estaban esperando. Cuando se preparó la operación conjunta entre las fuerzas del orden de Madrid y Palma de Mallorca, se fijaron unas guardias extras para la ocasión.
La noticia de la recuperación del botín y la captura de los autores, tuvo mucho eco entre la sociedad de la época. No así la otra noticia que les dieron a los abuelos, de la detención de su hijo Camilo. El abuelo no acudió a la Comisaría donde estaba arrestado, «¡que se espabile!», fue la frase con que lo sentenció.
Mi padre y los tíos Eladio y Ramón, estaban haciendo las Américas, el tío Leonardo, estaba en "chirona”; y las tías María y Josefina, estaban casadas y sus maridos les prohibieron ir a visitarlo. El detenido estaba «sólo ante el peligro», como a partir de entonces le pasaría en futuras detenciones que le esperaban.
Si bien, digamos que tuvo un poco de suerte, pues lo habitual es que lo hubieran enviado a un “Centro de Recuperación” a pasar algunos años. Pero para no “eclipsar” la noticia de la recuperación de las joyas, el Gobernador Civil al mando en 1957, Plácido Álvarez-Buylla y López-Villamil, ¡vaya nombrecito! Ordenó liberar a todos los detenidos que no tuvieran nada que ver con el robo o compra de las joyas.
Cumpliendo la orden, fueron puestos en libertad, pero antes les quisieron dejar un recuerdo. Así que tanto el tío Camilo, que esta vez no se libró, como los otros, fueron marcados por su condición de homosexuales; la señal consistía en depilar o cortar a ras, los pelos de una de sus cejas, en concreto la izquierda. Así quedaban “estigmatizados” de cara a la sociedad.
Pudo conservar su trabajo, simulando que se había pegado un fuerte golpe en la cara, cayéndose de una escalera; el propietario de la Cafetería al verle la herida en la frente, que le alcanzaba hasta casi el ojo izquierdo, no dudó ni un momento de la veracidad de la historia; se compadeció de él y hasta le sugirió que se tomara unos días libres, cosa que no aceptó el tío. Su idea de golpearse en la frente con una piedra rugosa y hacerse un largo, pero poco profundo corte, desde la ceja hasta la frente, tuvo su efecto. ¡A lo que tuvo que llegar para camuflar la jodida marca!
…Pasados unos meses, volvió a coincidir con Manolo, pero en esta ocasión en una cafetería donde solía acudir mi tío en su tarde libre:
—¡Ahí Camilo, que alegría!
—¡Hola Manolo! ¿Cómo te encuentras?
—¡Ya se me ha pasado el susto! ¡Tengo buenas noticias!
—¡Ah sí, cuenta!
—¡Ya me ha llegado el permiso de trabajo!, ahora sólo me resta ir al consulado a que me sellen el visado. Y el mes que viene parto hacia mi nueva vida, ¡me marcho a Londres!... Y pienso yo… ¿Por qué no te vienes tú también?, ¿si quieres yo te ayudo a preparar los papeles?
El tío Camilo no se lo pensó para responder, era la oportunidad que estaba esperando para cambiar de vida; pero antes pidió a su amigo una aclaración:
—¿Pero no será con una de esas agencias piratas de colocación? ¡Que me han hablado muy mal de ellas! Te engañan y luego en Inglaterra te sangran.
Estas agencias eran quienes realmente canalizaban la emigración y las verdaderas beneficiarias del mercado de trabajo en “negro”. Facilitaban permisos de trabajo y colocación a los emigrantes a cambio de dinero, hasta 35 libras (En 1965 una Libra esterlina estaba al cambio en 168 pesetas), unas 5880 ptas. Para situarnos mejor y ver lo elevado del pago, un paquete de detergente costaba 8,5 ptas., una camisa 99 ptas., una blusa 265 ptas. Un una lavadora nos costaba 5800 ptas. Y los salarios que se cobraban en España no eran “sobrados” como para semejante desembolso. De 1300 a 1500 ptas semanales, que cobraba un Oficial de 1ª Electricista, a las también semanales de 942 a 1076 pesetas que cobraba una Secretaria.
—¡Por supuesto que no!, que yo ya estoy de vuelta…
—¡Pues, por qué no! ¡Preparémoslos!
Así lo hicieron, contar con la experiencia de Manolo fue de gran ayuda; sólo quedaba que una empresa inglesa, le hiciera la oferta de trabajo para poder solicitar el permiso.
Y eso lo consiguió Manolo a los pocos días de estar en Londres; convenció a un recién conocido, que resultó ser el propietario de una cafetería de moda, llamado Tom, también homosexual; para que se la hiciera. Influenció mucho que al contarle Manolo las experiencias vividas por Camilo, se identificó con él y accedió. Además, le mandó un billete que le conduciría hasta Inglaterra, Tom en la carta que acompañaba al pasaje, le escribió:
«Y quiero que consideres el pago que he realizado del trayecto a Londres, como un anticipo de tu futuro sueldo. No es en absoluto ninguna limosna, tendrás que devolver su importe…/.». —Fue la manera por la que optó para no ofenderle.

Uno de los rasgos principales de la emigración española a Inglaterra era su clandestinidad. La actuación de agencias de colocación, al margen del IEE (Instituto Español de Emigración), producía un desfase entre las entradas reales de emigrantes y la emigración asistida, superior al 80%.
Por ejemplo, en 1969 el IEE cifraba las entradas en 941 frente a las 7.290 registradas por las autoridades británicas. Estas agencias eran quienes realmente canalizaban la emigración española a Inglaterra y las verdaderas beneficiarias del mercado de trabajo negro. Facilitaban permisos de trabajo y colocación a los emigrantes, a cambio de dinero.
Arriba una vista del “Tower Bridge”, el Puente de la Torre de Londres, identificativo al cien por cien de la ciudad de Londres e Inglaterra. ■
…Por pocos días, Camilo no llegó a conocerme ese año de mi nacimiento. ¡Se lo disculpo porqué fue por una buena decisión que tomó! Irse a vivir a Londres.
En Inglaterra estuvo muchos años, aunque de vez en cuando realizó varios viajes de regreso y estancia en Mallorca; se vio obligado a realizarlos para cumplir con las leyes de inmigración inglesas. Que exigían que los trabajadores extranjeros salieran del país cuando finalizaban sus permisos de trabajo y no los podían renovar, al no encontrar uno nuevo (trabajo) en un breve espacio de tiempo.
En los cortos días que duraron estas estancias en la isla, aprovechaba para renovar papeles y algo más… En el último de ellos, acudió a una nueva sala de baile, habituada principalmente por homosexuales. Con tan mala leche, que le tocó vivir de nuevo otra redada policial. Y aún más, dirigida por un conocido suyo… el cabrón del inspector Gutiérrez:
—¡Coño que casualidad, Camilo! ¡Ya sabía yo que eras un puto mariconazo! ¡Esta vez no te libras de ir a la cárcel! —Camilo se quedó sin habla, todo se iba a la mierda— ¿Qué, «te ha comido la lengua un gato»?
Ahora si contestó:
—¡Señor Gutiérrez, ya no vivo aquí, desde hace años vivo en Londres!
—¡O sea que ahora eres una “fairy”! Pues “fairy” o maricón, te vienes conmigo igual, o sea ya sabes ¡Al furgón!

De nuevo sus huesos acabaron en el calabozo del sótano de la Comisaría, al rato vino un guardia que lo trasladó a una especie de habitación que solían usar como sala de interrogatorio. Como mobiliario sólo había una mesa y varias sillas; en un costado había un lavabo, y junto a él un barreño con algunas toallas. Lo que no encajaba era una argolla sujeta al techo…
Pasada una hora, por la puerta apareció sólo. el inspector Gutiérrez; que no tardo en hacerle una proposición:
—¡Vamos a ver “fairy”! ¡Hasta dónde estás dispuesto a llegar para que no te mande a la cárcel!
—¡Cualquier cosa, no puedo ir a la cárcel y estropear mi vida actual!
—Escoge… ¡Me haces una mamada!, o… ¿te doy una buena paliza?
El inspector daba por hecho cual sería la elección, pero para su sorpresa:
—¡Prefiero la paliza! —Esta respuesta encolerizó a Gutiérrez, que sujetando una cuerda la pasó por la argolla y se la ató a sus muñecas. Estirándola después, obligándole así a levantar los brazos y mantenerlos sujetos:
—¡Te vas a enterar maricón de mierda!, ¡me vas a rogar que te deje chupármela!
Sacó una de las toallas del barreño y, la empapó de agua en el lavabo. Luego la enrolló y la cogió fuertemente con su mano, su arma de castigo estaba lista.
—¡PLAFFF! —fue el sonido de la toalla estampándose en la espalda de Camilo.
—¡Ay! ¡Me has hecho daño cabrón!
—¡Pues no he hecho más que empezar!
—¡PLAFFF, PLAFFF, PLAFFF! —Sin parar le fue atizando con ella, el tío no dejaba de lamentarse por el dolor que estaba sufriendo.
—¡Ay, ay… Ay! —Tales eran sus gritos, que el otro inspector entró en el cuarto en auxilio del “fustigado”.
—¡Para Gutiérrez que lo matas! —Al tiempo que lo sujetaba, cosa que le resultó bastante difícil, pues el verdugo estaba ofuscado y enloquecido. Pero logró pararlo.
—¿Qué te pasa, te has vuelto loco?
—¡No te preocupes que no le quedaran marcas!
—¡Marcas, pero si debe de tener los huesos rotos!
—¡No es para tanto!
—¡Anda Gutiérrez, vete a tu casa, yo me encargo de él!
No dijo nada más el verdugo, salió por la puerta y desapareció. Ya solos, el inspector lo descolgó y a «duras penas», lo llevó hasta una improvisada enfermería que tenían habilitada en otra dependencia próxima.
Allí estuvo acostado en una cama, donde permaneció durante dos días. En este tiempo fue reconocido y curado por un médico. Mis abuelos pensaron que estaría pasando unos días con algún amigo, por lo que no le dieron más importancia a esta desaparición esporádica.

El tercer día entró en la “enfermería” el inspector que le salvó.
—¡Vamos Camilo, te vas a casa! He borrado el ingreso de tu detención, esto será como si no hubiera ocurrido.
—¡De eso nada, quiero denunciarlo!
—¡Tú eres gilipollas, te recuerdo que eres homosexual!, ¡y aquí en España esto es un delito! —el inspector no buscaba la mejor solución para Camilo, lo que temía era que denunciara a su compañero y sus superiores abrieran una investigación de lo ocurrido— ¡Olvídate de lo que ha pasado y vuelve a Londres! No te conviene tener un enemigo como Gutiérrez, y si te fichamos, aparte de ir a la cárcel, te puedes olvidar de sacarte el pasaporte en un futuro.
Este razonamiento le convenció, olvidó su idea de venganza y se marchó de regreso a casa de los abuelos. Allí pasó los días que le quedaban de asueto. Cuando llegó el día de su partida, salió disparado hacía su país adoptivo, el Reino Unido.
Hasta primeros de 1964, y ya cumplidos los 29 años, no regresó a este país, conocido también como “La piel de toro”. Así nos bautizó el geógrafo griego Estrabón hace ya más de 2.000 años.
Estuvo cerca de medio año en casa de los abuelos, y llegado el verano, marchó de nuevo. Una incidencia en su permiso de trabajo, le hizo volver al poco tiempo, coincidiendo con mi regreso a mi casa; después de estar unas semanas ocupando su habitación en su ausencia durante la duración de las obras en mi casa
Todo indicaba que de nuevo le esperaba un mal vivir, pero pudo solventar las anomalías y partir de nuevo hacia Londres.
…El regreso definitivo, se produjo ya fallecido Franco (El 20 de Noviembre de 1975). Mucho había cambiado este país, y lo que cambiaría en los años siguientes. Camilo encontró un clima más benevolente con los homosexuales, pero aún no se podía «salir del armario». El tío ya era un recién estrenado cuarentón y con sobrada experiencia para no meterse en líos. Encontró un trabajo y se fue a vivir a un piso de alquiler, no volvió a vivir con los abuelos. Con el resto de la familia tuvo muy poco roce, salvo en una ocasión que vino a visitar al abuelo, en los meses que vivió el carabinero con mis padres. Lo vimos también en el funeral del abuelo; y luego no supimos más de él en los años venideros.

Edificio de los Juzgados de la Ciudad.
EPÍLOGO DE CAMILO:
…Ya llegado 1994, Camilo rondaba los sesenta; un amigo mío vinculado al Ministerio de Justicia, me informó de algo que le concernía:
—¿Tu tío se llama Camilo Tal y Tal y tiene 59 años?
—¡Pues sí!, lo de la edad no lo sé muy seguro, pero si es su nombre.
—Es que repasando un caso que ha entrado cuando estaba de guardia, me he percatado de que podía ser familiar tuyo. Recordaba los apellidos de tu padre… y lo he relacionado.
—¿Y qué ha hecho, supongo que nada bueno?
—¡Apuñaló a su compañero, le metió varias puñaladas!
—¡Coño! ¡¿Y lo ha matado?!
—No las heridas no eran muy profundas, ya está fuera del hospital.
—¿Y a él le pasó algo?
—¡Sí! Algunos cortes en la cabeza.
—Y “X”, ¿cómo ves el asunto, irá a la cárcel?
—Habrá que ver que podemos hacer para que el fiscal no acuse, parece ser que discutieron por los alquileres que se debían, su compañero de piso y pareja, según sus declaraciones, fue el primero que le agredió; rompiéndole una botella en la cabeza y, a los segundos ya estaban ensalzados en una pelea. El apuñalado es mucho más joven que tu tío.
—¿Y eso tiene mucho que ver?
—¡Pues nada! Te lo comento por curiosidad…
—¡Que jodido eres! ¿Me podrás mantener informado de cómo va? Sobra decirte que hagas lo que puedas para que salga lo mejor parado de todo esto.
—¡Sí hombre, por supuesto!
Pasados unos meses, mi amigo “X” me hizo de ver:
—¡Bueno tu tío es un hombre con suerte!
—¡Poca suerte ha tenido el pobre desgraciado en su vida!
—¡Pues esta es una de ellas! El fiscal no acusará, cierran la causa y no irá a más, lo han considerado como una reyerta dentro de la convivencia de una pareja.
—¡Pues menuda reyerta! ¡Pero por suerte ha acabado bien para el tío!
—¡Ten!, está es su dirección, vive en un piso de la “Plaza Jinetes de Alcalá”.
Cogí el papel con los datos y me lo guardé, durante los días siguientes pensé en ir a verlo, pero… ¡No lo hice! Esta fue la última vez que supe cosas de él. Supongo que en la actualidad estará ya muerto…, ¡aunque no tengo ninguna seguridad de ello! ■
FIN DEL CAPÍTULO 14
«Ley de Vagos y Maleantes»
Vigente desde 1934 hasta 1995, en que fue derogada
Si bien, desde la entrada de la democracia en 1978, ya no fue aplicada.
Y como un homenaje a mi tío Camilo y a todos aquellos que sufrieron los abusos que se cometieron, el tiempo que duró la aplicación de esta ley. Vaya profundizar sobre la misma y otras que le siguieron:

Publicación de la “Ley de Vagos y Maleantes” aprobada por la II República.
«LA LEY DE VAGOS Y MALEANTES de 1933».
Fue aprobada en agosto de 1933, por las Cortes de la II República. Pensada para aplicarla al tratamiento de vagabundos, nómadas, proxenetas y otros comportamientos considerados antisociales.
Su intención no era la de sancionar los delitos, sino que intentaba evitar la comisión futura de los mismos, no incluía penas, sino medidas de alejamiento, control y retención de los individuos
supuestamente peligrosos, hasta que se determinara que se había acabado su peligrosidad.
Esta era la teoría, si bien, su posterior reglamento desvirtuó completamente la ley, llegándose a crear campos de internamiento denominados como «Reformatorios de Vagos y Maleantes», y permitiendo que fuese utilizada arbitrariamente para la represión de las personas sin recursos.

Foto tomada en uno de los campos de concentración de la II República.
Posteriormente fue modificada por Franco, para reprimir también a los homosexuales; y es la que se menciona, al ser la vigente en la narración de este capítulo:
«LEY DE 15 DE JULIO DE 1954, por la que se modifican los artículos 2° y 6° de la Ley de Vagos y Maleantes, de 4 de agosto de 1933»:
“La producción de hechos que ofenden la sana moral de nuestro país por el agravio que causan al tradicional acervo de buenas costumbres, fielmente mantenido en la sociedad española, justifican la adopción de medidas para evitar su difusión. Las establecidas por la presente Ley, mediante la que se modifican los artículos segundo y sexto de la de “Vagos y Maleantes”, de cuatro de agosto de mil novecientos treinta y tres, no son propiamente penas, sino medidas de seguridad, impuestas con
finalidad doblemente preventiva, con propósito de garantía colectiva y con la aspiración de corregir a sujetos caídos al más bajo nivel moral. No trata esta Ley de castigar, sino de proteger y reformar. También aspira la misma Ley a proteger la paz social y la tranquilidad pública contra las actividades, no constitutivas de delito o cuya delincuencia consta, pero no puede ser inmediatamente probada, de sujetos que, por su habilidad, escapan a través de las mallas de la Ley o eluden su aplicación, por cuya causa constituyen un serio peligro para una ordenada vida de la colectividad. En su virtud, y de conformidad con la propuesta elaborada por las Cortes españolas”.

Publicación en 1954 de la Modificación a la Ley con el Régimen de Franco.
D I S P O N G O.
«—Artículo PRIMERO.— Los números segundo y undécimo del artículo segundo y el número segundo del artículo sexto de la Ley de Vagos y Maleantes, de cuatro de agosto de mil novecientos treinta y tres, quedan redactados en la siguiente forma:
"Artículo segundo, Número segundo.- Los homosexuales, rufianes y proxenetas”.
“Número undécimo.- Podrán asimismo ser declarados peligrosos como antisociales los que, en sus actividades y propagandas, reiteradamente inciten a la ejecución de delitos de terrorismo o de atraco, y los que públicamente hagan la apología de dichos delitos. También podrán ser objeto de igual declaración los que, de cualquier manera, perturben con su conducta o pusieren en peligro la paz social o la tranquilidad pública”.
"Artículo sexto, Número segundo.- A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos mentales o lisiados; se les aplicarán, para que las cumplan todas sucesivamente, las medidas siguientes:
a) Internado en un establecimiento de trabajo o Colonia Agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad, deberán ser internados en Instituciones especiales y, en todo caso, con absoluta separación de los demás.
b) Prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio.
c) Sumisión a la vigilancia de los Delegados”.
—Artículo SEGUNDO.— Quedan derogadas cuantas disposiciones se opongan a las establecidas en la presente Ley, y autorizado el Ministro de Justicia para dictar las medidas necesarias para su ejecución y cumplimiento».
Dada en el Palacio de El Pardo a quince de julio de mil novecientos cincuenta y cuatro.
FRANCISCO FRANCO.
(Literalmente copiado del B.O.E. - Núm. 198 del 17/07/1954)».

“Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía”, que fue un campo de concentración durante la dictadura franquista, ubicado en la aldea de Tefía, de la isla de Fuerteventura. Activo entre 1954 y 1966 servía para presos comunes y la reeducación de homosexuales varones. En la actualidad es un albergue juvenil.
En 1970 la «LEY SOBRE PELIGROSIDAD Y REHABILITACIÓN SOCIAL», de términos muy parecidos, la sustituyó:
Ésta incluía penas de hasta cinco años de internamiento en cárceles o manicomios, para los homosexuales y demás individuos, incluyendo las prostitutas, drogadictos y los inmigrantes ilegales; todos considerados peligros sociales que debían de ser “rehabilitados”...
Y esta aberrante ley no fue derogada totalmente hasta no hace poco, en el año 1995. Si bien, desde la entrada de la democracia en 1978, ya no fue aplicada. (Fuente: BOE). —\—. ■
Capítulo extraido de la novela biográfica:
“Querido Chato” para Queseenteren.
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