“QUERIDO CHATO”
PRÓLOGO
Una novela que te hará revivir, o conocer, como vivíamos con Franco
Como y que se enseñaba en los Colegios, que juegos practicábamos, como nos relacionábamos con nuestros vecinos, de que manera nos iban cambiando la vida los nuevos adelantos tecnológicos, que ocurrió con los perdedores de la guerra civil, que derechos legales tenían las mujeres, hacía donde emigraban los españoles, como actuaba la policía, como se trataba a los homosexuales, hasta cuanto influenciaba la Iglesia en nuestras vidas…
UNA SIMPÁTICA Y A LA VEZ TRISTE NARRACIÓN AUTOBIOGRÁFICA, QUE TE LLEVARÁ A ESOS AÑOS EN LOS QUE ESPAÑA ERA GOBERNADA POR FRANCISCO FRANCO.
En exclusiva por cortesía del Autor, veamos el doceavo de sus Capítulos:
1965. Días de Juegos y de Guerra, Las Visitas de la "VI Flota de la US NAVY", Las otras "Gaviotas". (8)
Capítulo 15
En este capítulo, recordamos aquellos juegos propios de los chavales de los 60, en especial dos; uno inocuo conocido como "El Pañuelito", y otro un poco más violento, consistente en las peleas entre niños de toda la vida, o más socialmente conocido como "Lucha Libre".
Y sí, aquellos "juegos" culminaban, al final del curso escolar, con una gran Batalla entre barriadas.
También incluye el recordar que entre 1951 y 1987, se convirtió en algo habitual ver en los puertos más importantes del Mediterráneo español, las siluetas de los barcos pertenecientes a la VI Flota Norteamericana, fondeados en los mismos a cierta distancia del muelle de atraque.
Dichos puertos, como el de Palma de Mallorca o el de Barcelona, acogieron a miles de marines de los EE.UU. que deambulaban por sus calles, y en especial, las que pertenecían a sus respectivos "Barrios Chinos". Estas visitas las realizaban durante sus cortos periodos de vacaciones o descanso, que pasaban en ellos (los puertos) y con los que eran premiados después de pasar largo tiempo embarcados en sus portaviones, acorazados, etc.
Era el principio del Verano del año 1965, el estío no permitía andar a las horas de máximo sol, por «esos mundos de Dios». Teníamos que esperar a la llegada de las tardes, casi noches, cuando ya no estaba fuerte “Lorenzo”, para invadir las calles. Allí era precisamente, donde nos reuníamos los niños de la barriada, para realizar nuestros juegos y alguna que otra "fechoría".
El "jefe" de la pandilla, era un "bergante" de quince años, de nombre Guillermo; quien un tiempo atrás, fue también el jefe de nuestro “rebaño”, en nuestros trayectos diarios hacía el colegio. Ahora lo pienso y no tengo muy claro porque este "líder" se pasaba el tiempo con nosotros, en lugar de estar con chicos de su edad. Posiblemente era la manera que tenía de destacar, quien le iba a hacer sombra con esta diferencia de edad.
Pero aparte de esto, hay que reconocer que sabía organizarnos, era como tener un "jefe" dando las ordenes de que hacer en cada momento. Posiblemente en una gran parte, éramos como un tratamiento para él. ¡Sí! Una manera de curarse de su pena y también rellenar el vacío producido por la pérdida de su hermana Bárbara, de nuestra edad. Que había fallecido por culpa del sarampión, tres años atrás, muerte que conmocionó a toda la barriada. (Acontecimientos ya narrados en el Capítulo 1 de esta humilde BIO: ■ 1962. El Colegio de “El Vivero”, la Muerte de Bárbara. (5)).
Los juegos que realizábamos en aquellos años, eran muy buenos para el desarrollo de un niño, pues eran inminentemente físicos; también te formaban en el trabajo en equipo para conseguir un fin. Así a las buenas, recuerdo uno que me gustaba bastante, de nombre "el pañuelito".

Composición de fotografías e ilustraciones que confirman la “universalización” de este “inocuo” juego de "El Pañuelito", que aún se sigue practicando (jugando) en la actualidad.
Consistía en formar dos grupos; contando que éramos niños de diferentes edades, se procuraba que no hubiera muchos años de diferencia entre los jugadores. Cada equipo estaba compuesto por unos cuatro o cinco miembros. En el centro de la calle pintábamos una línea a lo ancho, de bordillo a bordillo, con una tiza blanca que procedía de un trozo de cal dura; en ella se colocaba uno de nosotros, que mediante un sorteo por mediación de una “canción de descarte”; le tocaba hacer de árbitro. Desde ella (la línea), contábamos unos veinte pasos a cada lado, y al final de cada uno, pintábamos otra línea que era la señal de partida de cada equipo.
Los miembros nos asignábamos un número secreto, igual al número de jugadores; si éramos cinco en cada equipo, pues eso, 1, 2, 3, 4 y 5. El árbitro en voz alta decía un número, el que lo tenía de cada equipo corría hacía la línea de separación, donde estaba el árbitro con el brazo extendido y sujetando con la mano el pañuelo.
Los chavales solíamos llegar casi al mismo tiempo, entonces parados sin pasar la línea fronteriza, poníamos la mano cerca del pañuelo. El más avispado lo cogía y salía corriendo de regreso a su procedencia, el otro corría tras él, si no lo alcanzaba quedaba descalificado. También había quien hacía el ademán de cogerlo, engañando al contrario que cruzaba la línea, entonces como era una falsa salida quedaba descalificado. El número que tenía el descalificado se le asignaba, todo secretamente, a otro jugador que pasaba a tener dos números. Si cuando decía un número el árbitro, no salía de un equipo un jugador porque se confundía, el equipo del jugador ganador, que era el único que había ido a por el pañuelo, recuperaba un jugador de los eliminados. El juego duraba hasta que había jugadores en uno de los equipos, y como estoy viendo en mi mente el recuerdo de un día jugando a él, mejor lo retransmito:
«"El tres!” —Ese es el número, hemos oído al árbitro indicar el número elegido... Y allí están, y ha sido a los pocos segundos, ya se encuentran en la línea fronteriza los dos niños que tienen asignado el número tres… Y que han salido veloces como galgos desde sus líneas de partida. Dos manos se han colocado alrededor del pañuelo, pero sin tocarlo…
“Zasss”, —y uno de ellos lo coge en un rápido movimiento y parte raudo y veloz de regreso al sitio del que salió.
“¡Anda, cógeme si puedes! ¡JA, JA, JA!”
“¡Ríete, todo lo que quieras!”
Como una flecha el jugador contrario ha ido tras él... Y…, ¡no lo va a lograr!, el jugador del pañuelo no va a lograr regresar a su línea de partida, y… “PLAF”, ¡lo ha tocado!, ¡lo ha tocado en la espalda su perseguidor y lo ha descalificado!, ¡acaba de ser eliminado!
“¿Qué te creías?, ¿qué no te iba a pillar?”
“¡Has tenido suerte!” —Y terminada esta ronda, hacemos una pausa y devuelvo la conexión a los estudios centrales…».
En este juego yo era muy bueno y, también lo era el "Nenico", rápido como una liebre, incluso más que yo. No en vano estaba acostumbrado a hacer el "sprint" con las persecuciones de su padre.
"La Sangre no llegaba al Río", éramos buenos competidores en este juego, y si nos pasábamos en violencia, el árbitro nos calmaba y "nos llamaba al orden".
Otro juego un poco más violento era el de la "lucha libre", que se basaba en este deporte, pero con unas reglas muy particulares del amigo Guillermo. Quien procuraba siempre que los participantes fueran de la misma edad, a mí me solía tocar “Gavi” o de nuevo el "Nenico", estábamos los tres muy igualados.
Este último juego, cuando se acercaba la temporada de las guerras entre barriadas; lo practicábamos más a menudo, nos creíamos que éramos "gladiadores". Durante el juego se procuraba que «la sangre no llegara al río», cuando uno de los luchadores se cabreaba más de la cuenta, el árbitro Guillermo nos separaba y daba por finalizado el combate.
—¡Venga ya está bien, cada uno para un rincón! —Rincón si había, pero nada más, el cuadrilátero de los luchadores de verdad, estaba en nuestra imaginación; y la contención que hacían a modo de cuerdas, era la formada por los espectadores, “osease”, el resto de los niños y chicos más mayores.
Pero un nuevo elemento, no invitado, nos acercaría más a la realidad de los “Circos Romanos” de los “Gladiadores” de antaño:
—¡GRARRR, GRERRR, GUA! —Eran los rugidos de nuestro león, en este caso, el perro de la raza “dóberman” del nuevo vecino. Se había escapado y tenía muy malas pulgas. La velada de lucha libre se interrumpió y todos salimos escopeteados, «pies para que os quiero».
—¡Vamos corred, corred! —uno del grupo dio la alarma, por si alguien no se había enterado de la aparición de la fiera.
De más mayor tuve varios perros de la reza "dóberman", y en honor a este perro de mi niñez, le puse el mismo nombre de "Caín" a uno de ellos, ¡era un bendito!
El salir todos hacía distintas direcciones, despistó al bicho, no sabía hacía quien dirigirse para clavarle sus jodidos dientes.
Nadie hizo de valiente, ni el organizador de la velada, el amigo Guillermo; que fue el que más corrió protegiéndose en su casa. Tenía pánico a los perros.
No sé qué le pudo atraer de mí, pero de repente me convertí en su presa:
—¡No me vas a morder, hijo puta!
Como le llevaba ventaja, logré meterme en el portal de la casa de Margarita, que estaba medio abierto. El golpe que di al cerrar la puerta, hizo que la propietaria saliera asustada:
—¿Qué pasa “Chato”?, parece como si te persiguiera el «Hombre del Saco»…
—¡No salga, que “Caín” se ha escapado y me persigue! ¡Está hay fuera!
—¡Tranquilo, no pasa nada, es muy buen perro!
No le contesté, pensé que a la mujer le «faltaba un tornillo» o al contrario, era muy valiente.
—¡Vamos “Caín” tranquilo! ¡Sabes quién soy!
—¡GREEE, GREEE! —le contestó en lenguaje perruno.
Y parece que el puto perro la reconoció de algo y se calmó. Luego me enteré de que Margarita en más de una ocasión, le había dado de comer a la fiera cuando estaban ausentes los dueños. ¡Así cualquiera!
Cogió una correa que tenía colgada en la entrada, que nunca supe por qué y para quien la tenía, y ató a “Caín”, ¡mejor no saberlo…!
—¡Ves “Chato”!, lo único que quiere es jugar con vosotros.
—¡Pues va a jugar con su puta madre!
La domadora acompañó al perro hasta la casa de enfrente, un caserón con mucho terreno que era donde vivía la fiera. A ella se habían mudado hacía unas semanas, una familia de ricachones, que aun siendo españoles, habían estado viviendo muchos años en Alemania, sus tres hijos nacieron allí.
—¡CLACK! —fue el ruido de la puerta al ser cerrada por Margarita después de meter al can en su casa.
Esta no fue la única vez que "Caín" se escapó, otros días, no todos; a la misma hora, por el final de la tarde, hubo más persecuciones del chucho. La suerte fue que no logró alcanzar a ningún niño, yo creo que para él era un juego, como decía Margarita; que además sólo practicaba con los niños y jovenzuelos, a los adultos no se acercaba:
—¡Corred, corred, otra vez se ha escapado "Caín"!
—¡GRARRR, GRERRR, GUA! —De nuevo se oyeron los gruñidos.
Un padre, cansado de estas escapadas del perro, que acababan con sus persecuciones a los niños, entre ellos a su hijo. Decidió una noche solucionar el problema a su manera:
—¡Toma guapo, come esta sabrosa cena que te he preparado! —Al tiempo que le tiraba a "Caín" un trozo de carne; que el animal tardó segundos en devorar.
—¡GREEEE, GREEEE, ÑAM, ÑAM, GREEE! —«¡que rico!, ¡me gusta!». Dijo en su lengua. Claro, que lo comentó ante de saber que aquella sería su “última cena”.
Cubierto su objetivo, el padre de la familia desapareció entre la oscuridad.
A la mañana siguiente:
—¡”Caín” ha muerto!, ¡el dóberman la ha pringado! —no eran gritos de dolor, sino todo lo contrario, de alegría. El endemoniado estaba "RIP", la causa nos la imaginamos, había sido envenenado por la noche. Y a la salida del sol, su cuerpo estaba rígido y tumbado cerca de la puerta de acceso al jardín de la casa. Con un gran vómito saliendo de su boca provocado por el matarratas.
La misma puerta que más tarde se averiguó, había dejado entreabierta, la negligente de la criada, cada tarde cuando acababa su jornada.
—¡Es que no cerraba bien! —dijo en su defensa, la mujer causante de las fugas del malogrado “Caín”.
El acto que hizo el padre estuvo mal, pero está claro que, con él evitó una más que segura tragedia…
Los dueños del perro no tardaron mucho en sustituirlo. En este caso optaron por una raza menos peligrosa, un cachorro de “San Bernardo”. Qué, con el tiempo, se hizo amigo de todos los niños del barrio. Mi homónimo “San Antonio”, lo bautizó con el nombre de “Oscar”, nombre apropiado a su carácter.
Con los años, cuando fui creciendo, los juegos callejeros fueron cambiando y prácticamente fueron relegados por el deporte en sí; futbol, baloncesto y hasta incluso tenis. Pero siempre me quedó el recuerdo del juego más importante que celebrábamos cada año…
Postal (Previas a los cromos) destinada a los niños, del año 1912, anterior al inicio de la "I Guerra Mundial".
LAS GUERRAS DE BARRIADAS
Era también costumbre y ya digamos, tradición, en esta época estival del año; hacer los previos a la guerra entre barriadas, enfrentamiento que se producía cada verano unos días después de finalizar el curso escolar. La fecha para la gran batalla la acordaban nuestros respectivos “Generales”, Guillermo por nuestra parte, y Cesáreo por la barriada enemiga. Dos “expertos guerreros” ambos con la “experiencia” propia de los 15 años.
Todos los que formábamos el ejército, nos pusimos con los preparativos, la mayoría construíamos nuestras espadas, que debían ser de madera. De hierro estaban prohibidas, pues se podía hacer daño al enemigo. Pero no matarlo con una barra de hierro, que pudieras encontrar por el campo de batalla, la calle. El reglamento de nuestra particular guerra no prohibía el uso de objetos encontrados, digamos… ¿ocasionalmente?
Otro utensilio que formaba parte de nuestro armamento, eran los arcos; que los elaborábamos con una rama de árbol. Completaba este arma un puñado de flechas, que también sólo podían ser de madera. Imitando a los antiguos “honderos baleares”, se permitían lanzar piedras; pero que como nadie tenía la práctica necesaria para lanzarla con una honda...

Óleo sobre lienzo del pintor Francesc Mestre i Font, pintado en 1881, que se expone en el MUSEO DE MALLORCA.
Los honderos baleares, autóctonos de las Islas Baleares, fueron guerreros de la antigüedad famosos por su maestría en el uso de la honda.
También sirvieron como mercenarios para las fuerzas cartaginesas y romanas, especialmente durante la era postalayótica.
Según los cronistas, Aníbal contaba con aproximadamente 2000 honderos baleares, situados al frente de su ejército durante las primeras etapas de la campaña italiana.
Tras la conquista romana de las Islas Baleares, los honderos se integraron en el ejercito romano. César los utilizó como combatientes en la Guerra de las Galias, alrededor del 56 a. C.
Se tiraban con la mano, y alcanzaban la distancia de acuerdo con los músculos del brazo de cada uno:
—¡Colócala un poco más lejos!
—¿Aquí está bien? —alejando unos metros más el vidrio.
—¡Apártate que voy!
—¡ZASH! —La mayoría de los lanzamientos no acertaban el blanco; pero se acercaban bastante, lo suficiente para que si en lugar del objetivo ser la botella, fuera un enemigo, acertarle.
Las normas regulaban estos lanzamientos, así lo recordaba el General:
—No se puede tirar ninguna piedra a la cabeza del contrario y, el tamaño máximo es como el de esta piedra. —Mostrando un guijarro del tamaño suficiente para no provocar grandes heridas.
Estas mismas normas pactadas, también en ese momento, las estaba recordando en el campamento del bando contrario el General Cesáreo.
Como si no fueran con él estas normas, mi hermano Damián estaba preparando un arma secreta, pólvora. No me pude resistir a verlo y fui hacia el alquimista, allí estaba él preparando su fórmula, le gustó que mirara como lo preparaba. Cada paso que hacía lo mencionaba en voz alta, se ve que esta costumbre nos venía de familia:
—Primero pongo el carbón en el mortero, ¡para adentro! —Una mano del saquito de carbón pedido a una vecina sirvió. Ya dentro del recipiente lo molió con la maza.
Ahora toca el azufre, ¡para adentro también! —Cortesía del Sr. Tomeu, el marido de nuestra vecina Margarita, que lo usaba para espolvorear las tomateras.
Y por último la potasa. —Este postrero ingrediente, que aparte había desmenuzado y hecho polvo, salió de una caja de pastillas de las usadas por determinados enfermos. Ésta en concreto la había comprado mi hermano en la farmacia, no eran muy caras. No lo podía picar una vez ya mezclado con los otros ingredientes, ya que todos juntos podrían explotar— Y toca mezclarlo todo con mucha precaución —para lo que utilizó un palito—… ¡Bueno esto ya está! ¡Sólo queda probar si funciona!
—¿Qué vas a hacer una bomba? —mi curiosidad no aguantó más.
—¡Qué va, sólo una gran llamarada!, con esto será suficiente para ver si he hecho bien la composición.
Cogió el mortero y lo fue vaciando de su mortífero contenido, primero haciendo una línea ininterrumpida de un metro; y luego al final de ella, vacío todo el contenido restante.
Me indicó que me alejara unos metros, cosa que hice sin pensármelo. Tras lo que se dispuso a encender el inicio de la línea o tira del polvo (pólvora).
—¡RAS! —La cerilla quedó encendida, lo siguiente era prender la pólvora e iniciar la llama— ¡Hala! ¡Ya está! —La llama apareció al instante y se desplazó consumiendo la pólvora a su paso hasta todo el metro de distancia, al final se produjo una gran y alta llamarada o fogonazo.

—¡FUUUSH! —¡Todo un éxito!, el experimento había funcionado.
El fenómeno atrajo la atención de toda la tropa, inclusive la del General, que presto se personó ante mi hermano:
—¿Qué ha sido esto! —Regañándole.
—¡Pólvora!, ¡pólvora fabricada por mí! —Con un tono que manifestaba su desacuerdo.
—¡Eres un inconsciente, nos podrías haber hecho volar por los aires!
Poco sabía de física y química el amigo Guillermo, lo suyo eran más los trabajos de ebanistería. Ante esta exclamación, mi hermano decidió no participar más en esta “guerra de pacotilla”.
—¡No digas tonterías, todo estaba controlado! ¡Además!, ¿sabes lo que te digo…? ¡Qué no contéis más conmigo!
Marchándose hacía otra zona de la barriada, lo más alejada posible de donde estaba la tropa de este ejército de mierda.
Poco pareció importarle esa baja al inculto del General, tenía soldados más que suficientes para la lucha. Entre ellos, yo mismo, que continué con los preparativos…

En la fotografía de arriba, un niño inglés a punto de disparar su TIRACHINAS, un “artilugio” que en la actualidad esta prácticamente desaparecido u olvidado en los juegos infantiles. No había en nuestra época, niño que se terciara que no se fabricara uno de ellos...
Un TIRACHINAS, resortera, honda o gomera, según el lugar, es una pequeña arma portátil que se utiliza para lanzar proyectiles, específicamente piedras. Y es precisamente por ellas de donde le viene el nombre; ya que “china” significa “piedra”.
Otra arma que se había autorizado a partir de la guerra del año anterior, era el “tirachinas”. Este artefacto fue el que elegí yo, pues era un instrumento, mejor dicho un arma, que manejaba a la perfección.
—¡General! ¡Esta será mi arma!
—Me parece bien, siempre y cuando recuerdes las normas; los guijarros (piedras) que sean pequeños y nada de apuntar a la cabeza.
—¡Así lo haré mi General! ¡También llevaré mi espada en el cinto!
El General, fue revisando el armamento elegido por cada uno de los soldados de su ejército. Cuando estuvo todo conforme para él:
—¡Bueno ya estamos listos! Hemos acordado con el enemigo que la batalla se hará este próximo sábado, a las doce del mediodía.
Se hará en el mismo lugar que el año pasado, en la explanada de la frontera.
Dicho lugar, ubicado en la zona en la que confluían las dos barriadas, era como una plaza sin acabar desde hacía años. En la que estaba programado construir una gran nave, ¡no sabemos para qué! Ni tampoco importa, pues así se quedó durante muchos años, ¡como una explanada!
Hasta la llegada del “día D”, cada uno continuó con sus hábitos cotidianos, en mi caso jugando en la terraza de mi casa, mi espacio preferido, con mi balón de cuero. De los de verdad, de reglamento, y que hacía unos días me habían entregado.
Y no me había costado ni un duro, fue fruto del azar y de mi esfuerzo al completar un álbum. No recuerdo de cuál de las muchas colecciones que hicieron, de los cromos que acompañaban en el envoltorio de los chicles de fresa de la marca “Dunkin”.
Conté con la ayuda del padrino Miguel, que fue quién mandó el álbum al domicilio del fabricante, la empresa “Gallina Blanca”. Hubo un sorteo y fui seleccionado para el premio del balón. No fui el único, repartieron muchos por toda la geografía del país.

Fotograma que he sacado de un anuncio de los chicles DUNKIN, emitido por TVE, anunciando una nueva colección de cromos por parte de la pareja de los TBOs de “MORTADELO Y FILEMÓN. En él indicaban que el álbum para pegar los cromos, con una lupa de regalo, costaba 10 pesetas. DUNKIN hizo colecciones de lo más variopinto, aparte de cromos, muchas eran de figuritas de plástico, otras con objetos de belleza, todos ellos reducidos y algunos pensados para las niñas. Abajo el envoltorio de un cicle:

Pasaron los días, y el del enfrentamiento había llegado, nos reunimos en una de las calles próximas a mí casa. El General fue el primero en acudir.
—¡Venga muchachos, hoy va a ser un día grande! Fiol coge la lista que te he dado y ve comprobando que van llegando todos. ¡Para que no te equivoques, ponle una marca a cada uno! —Anda que se rompió la cabeza el General pensando…
—¡Sí, mi General!
El listero cumplió la orden y nos fue anotando conforme fuimos llegando en pequeños grupitos, salvo dos niños que no acudieron; todos los demás estábamos presentes y dispuestos a “lograr la gloria”.
Ninguno de mis dos hermanos apareció, pasaron del amigo Guillermo y sus neuras.
Como sobraba tiempo, partimos lentamente hacia el lugar previsto para la batalla. Nuestro líder nos intentó insuflar ánimos:
—¡¿A dónde vamos?!
—¡A la guerra! —gritamos la tropa al unísono.
—¡¿Y qué haremos con el enemigo?!
—¡Aplastarlo!
Y así entre canticos, llegamos a la explanada casi una hora antes. El enemigo tuvo la misma idea y también llegó casi al mismo tiempo. Allí estábamos, frente a frente los dos ejércitos desplegados; sólo nos separaban unos diez metros. Nuestro General se dirigió al contrario:
—¡Cesáreo, acerquémonos que hemos de parlamentar! —Identificados y absorbidos, dentro del papel de sus personajes, los dos mandos de los ejércitos se encontraron a la mitad del espacio que los separaba:
—¿Les has recordado a tu tropa las normas pactadas?
—¡Yo sí! ¿Y tú Guillermo?
—¡También lo he hecho! Falta una hora para las doce del mediodía, ¿qué te parece si adelantamos el inicio?
—¡Estoy de acuerdo, podemos iniciar la batalla ya mismo!
—¡Pues que así sea y que gane el mejor !
Los “gerifaltes” regresaron a su lugar de mando y dieron la orden de luchar, ellos no podían intervenir en la lucha; pues su diferencia de edad les haría jugar con ventaja. Limitándose a ir dando órdenes, ¡vamos como en las guerras reales!

Otra postal destinada a los niños, del año 1912, anterior al inicio de la "I Guerra Mundial".
Los soldados tenían orden de sólo luchar contra niños de más o menos su edad, pero estas órdenes no se cumplían al cien por cien. Algún niño que otro, elegía a un contrario más pequeño que él.
Primero y antes del cuerpo a cuerpo, se lanzaban las flechas de madera y las piedras, la mayoría no encontraban ningún cuerpo en el que estrellarse, como ocurrió también en la batalla de este año. Pero muchas de las piedras, si acertaban alguna parte del cuerpo de uno de los niños:
—¡Ay, coño me has hecho daño!
—¡”Chato” usa tu tirachinas! —esta orden del General era para mí.
—¡ZAAASCH! —¡Blanco, un enemigo menos! La piedra le dio en el brazo:
—¡Ay, ay, yo me voy a mi casa!
También se fueron produciendo bajas en nuestro bando:
—¡Me ha dado con la espada en la barriga! ¡Esto no vale! ¡Me voy!
La batalla seguía encarnizadamente…
—¡Toma esta piedra es para ti!
—¡ZAAASCH! —Otra baja del enemigo.
Hasta el momento, durante el transcurso de la batalla se respetaban las normas.
Pero ocurrió lo previsible. Una flecha no reglamentaria, que en su punta algún desaprensivo había insertado un clavo; se desvió y fue a parar al ojo del General. No en el del nuestro, se clavó en el de Cesáreo:
—¡Me cago en Dios! ¡AHAAAG, AHAAAG!
Tales fueron el volumen de sus quejas, que la batalla se interrumpió de golpe. Todas las miradas de los soldados se dirigieron hacia el herido. Acudiendo hacia su auxilio.
El primero que llegó fue el propio Guillermo.
—¡No te muevas que es peor! ¡Yo te la saco!
Al tiempo que sin pensarlo, le sacó el clavo insertado en su ojo y, con ello empezó a brotar de él sangre a chorros, que salpicaba los cuerpos de los dos Generales.
Otro chico, le dio un paño que llevaba a Guillermo, que se lo colocó en su ojo y lo apretó con fuerza; con ello redujo bastante la sangría.
—¡Vamos tú, ayúdame a llevarlo a su casa! —Los dos se llevaron al herido a su domicilio, que no estaba muy lejos de la explanada. Al tiempo que se alejaban, se oyó una voz extraña que no identificábamos con ningún mando:
—¡Venga cada uno a su casa! ¡La Guerra ha terminado!
Todos seguimos esa orden y partimos de regreso a nuestras barriadas, pero los acontecimientos no habían acabado…
Al tuerto se lo llevaron sus padres a la clínica más próxima, que era la “Clínica LLopis”, que en un futuro no muy lejano la conoceríamos de sobra.
Allí, tristemente les confirmaron que Cesáreo perdería la visión total del ojo, y a continuación procedieron a extirparlo para evitar infecciones. Una putada, pero su vida podía continuar con un sólo ojo. La Clínica, como era obligatorio en estos casos, dio parte a la Guardia Civil; que era a quien le correspondía al estar en las afueras de la ciudad. Y ésta actuó rápidamente.

En 1959 comenzaría la fabricación de los nuevos modelos de Land Rover Serie II, en la planta de Metalúrgica de Santa Ana en Linares (Jaén). Estos modelos, denominados Land Rover-Santana se servirían ya desde el primer momento a las fuerzas policiales en lugar de las unidades importadas con las que convivieron los años anteriores.
A lo largo de las décadas de los 60, 70 y 80, los Land Rover fabricó varias versiones; todas ellas aparte de por la Guardia Civil, también fueron utilizadas por las otras fuerzas de seguridad, tanto estatales como municipales en toda España.
…Al día siguiente, pese a ser domingo, sobre las diez de la mañana se presentó un todoterreno con los colores propios de la “Benemérita”; en la puerta de la casa de Guillermo. Su madre, asustada, salió nada más verlos.
—¿Qué ha pasado?
—¡Tranquila señora!, ¡tranquilícese! ¡Si está su marido, que salga!
Bernardina no sabía cómo explicarles que su marido hacía años que había emigrado a Venezuela; ya sabía que la condición de criar sola a sus hijos, les hacía suponer a los policías de antaño, que estos salían hechos unos gamberros.
—Mi marido no está, ¡está de viaje! —fue la respuesta inteligente por la que optó.
—¿Y cuándo volverá?
Ante la insistencia, la madre decidió mentir y no darles argumentos a los dos guardias:
—¡Pues supongo que el mes que viene estará ya de regreso!
—¡Bueno, no importa! ¡Dígale a su hijo Guillermo que salga!
—¿Para qué lo quieren, que ha hecho?
—Señora, le he dicho que saque a su hijo de la casa, ¡ahora mismo! —el guardia subió su tono, dando por hecho que su hijo estaba en el interior.
No hizo falta ir a buscarlo, el muchacho al oír las voces salió a la puerta y se asomó:
—¿En qué puedo ayudarles? —una pregunta directa y en tono altivo, que no gustó a los del tricornio.
—¿Conoces a un chico de tu edad, que se llama Cesáreo?
—¡Sí, lo conozco!
—¿Y sabes lo que le ha pasado con su ojo?
—Me han dicho que ha tenido un accidente. —Guillermo se olió que la visita no era precisamente de cortesía y decidió «marear la perdiz».
—¡Un accidente, te voy a dar a ti accidente! ¡Venga te vienes con nosotros! —Al tiempo que ambos lo cogieron por los brazos y se lo llevaron para el coche.
—¿A dónde se llevan a mi hijo? ¡Suéltenlo!
Guillermo conocedor de las maneras de los “picoletos”, y para evitar malas reacciones que pudieran perjudicar a su propia madre, intervino:
—¡Mamá ponte tranquila, es un malentendido! ¡Enseguida volveré!
—¡Ya ha oído a un hombre, sea una mujer obediente y métase en su casa! —le salió la vena machista, pero Bernardina no le obedeció y no se metió en su casa, pero si se paró:
—¿Y a dónde se lo llevan?
—¡Al cuartelillo del “Puente de Inca”! ¡Allí estará!
Los guardias, una vez metido Guillermo en la parte trasera del todoterreno; se dispusieron a partir, uno se colocó junto al detenido atrás y el otro al volante.
El corto trayecto hasta el cuartelillo, lo hicieron haciendo sonar la sirena. El ruido característico de ella hizo salir a la mayoría de los vecinos de la calle; y luego, a todos los que pillaba en su trayecto. No era habitual en aquellos años escuchar sirenas de policía en aquella parte de la ciudad. Llegaron sin novedad al cuartelillo de destino, uno de los guardias le dio una orden:
—¡Vamos Guillermo, ven con nosotros y métete en el calabozo! ¡Y sin tonterías…!
El muchacho obedeció, estaba muerto de miedo. Pasada una hora, que usaron para que el agresor se acojonara, lo sacaron y lo llevaron a una habitación, donde lo hicieron sentar y empezó el interrogatorio. Aparte de los dos guardias, se encontraba también un sargento de la benemérita, que fue quien hizo las preguntas:
—¡Mira muchacho!, dime la verdad de lo sucedido y te podrás marchar pronto para tu casa. ¡Lo que no tolero es que me mientan! ¿Lo has entendido?
—¡Sí, señor! —hizo bien en utilizar la jerga militar, eso les gustaba a los guardias.
—¿Qué hacíais en la rotonda todos los presentes?
—Estábamos jugando. —Siguió con las respuestas tipo militar, cortas y al grano.
—¡Jugando con palos y a pedradas! ¡No me lo creo! ¡Te he dicho que me dijeras la verdad!
Ante esta puntualización del sargento, Guillermo optó por abandonar la táctica militar y contárselo todo con pelos y señales, como si estuviera narrando una novela: «…Que hacía años que las hacían (las guerras), que tenían unas normas para no hacerse mucho daño, y más detalles…».
—¡Ves, así me gusta, que me digas toda la verdad! ¿Y ahora dime, por qué le clavaste una flecha en el ojo al Cesáreo? Hemos preguntado a varios muchachos y dicen que te vieron coger la flecha.
—¡Yo sólo la saqué del ojo, ya la tenía clavada!
—¿Y qué se la dispararon desde el cielo? —Con sorna.
—¡No, no, debió de ser algún otro niño!
—Pero Guillermo, ¡si te vieron hacerlo!
—¡Le digo la verdad, yo sólo se la saqué y luego le puse un paño!, ¡para que dejara de sangrar!
—¡Veo que sigues con tus trece! ¡Te voy a meter de nuevo en la celda para que recapacites! ¡Ah, y esta noche dormirás aquí, en tu cómoda celda!
—¡Pero señor, si pregunta a todos los chicos verá que le digo la verdad!
—Eso me lo he de pensar, ¡ya veremos qué hago! ¡Guardia llévatelo a la celda!
De nuevo el ex “General Guillermo”, fue a parar con sus huesos al calabozo.
—¿Tenéis mucho trabajo hoy?
—¡Qué va, mi sargento, con este sol no hay nada que hacer!
—Me sabe mal mandar a chirona a este muchacho, sin darle la oportunidad de que comprobemos su versión. ¿Quiénes fueron los que dijeron que le habían visto pincharle el ojo con la flecha?
—Fue el hermano del Cesáreo, un mozalbete de siete años.
—¿Y algún otro?
—No, sólo éste, y la verdad, cuando le peguntamos quién lo había hecho, a mí me pareció que lo dijo más por rabia que por ser la verdad. Pero como estaba también presente, un jefecillo de la “Falange”, tío del agredido; no quise profundizar y le comenté al de las JONS, que arrestaríamos al culpable.
—¡Bien hecho! Mejor no enfrentarse con estos “azules”, nunca se sabe a quién coño conocen. Pues voy a hacer caso a tu instinto de veterano ¡y vamos a descubrir qué coño pasó! ¡Coge a Cárdenas y vete a interrogar a todos los niños que puedas, a ver que sacas!

Pareja de Guardias Civiles con su típico "tricornio".
Los guardias visitaron muchas casas en las dos barriadas, la nuestra no fue el caso, al casi finalizar el domingo regresaron al cuartelillo.
—¿Cómo ha ido Cárdenas, habéis averiguado algo?
—¡Pues sí mi sargento! Hemos preguntado a veinte niños, salvo tres que dicen que no han visto nada, todos los demás confirman la versión del amigo Guillermo; uno de ellos nos dio el nombre del que en verdad tiró la flecha. Y justamente resulta que es hijo de un guardia, que en la actualidad está destinado en las Vascongadas.
—¡Pues mira, me alegro de que no haya sido el chico! Ha sido honesto y nos ha contado la verdad. Mañana lo dejaremos libre, esta noche que se quede en la celda, así tendrá tiempo para quitarse de la cabeza el hacer más «guerritas de mierda».
—¡Cómo ordene, mi sargento! ¿Y qué hacemos con el hijo del compañero?
—¡Dejarlo correr! A efectos del atestado: «Fue una flecha que el viento desvió de su trayecto y accidentalmente fue a parar al ojo del Cesáreo».
—¡Como Vd. ordene, mi sargento!
Suerte tuvo nuestro amigo Guillermo, a la mañana siguiente el guardia civil Cárdenas lo liberó. Le dio de su propio bolsillo unas pesetas y le dijo que, las utilizara para comprar un billete de autobús para volver a su casa. También le hizo saber que:
—¡El sargento ha dicho que como se te vuelva a ocurrir montar otra guerra, que te manda a la cárcel como si fueras un adulto!
—¡No se preocupe!, que, tanto para mí, como para el barrio… ¡las guerras se han terminado!
—¡Si quieres hacer guerras, métete en el ejército!
Guillermo ni contestó, salió volando de regreso a su casa. No tardó ni una hora en aparecer en la puerta, dio unos toques “familiares” para la madre y ésta contentísima la abrió, era a quien esperaba:
—¡Hay hijo mío, que alegría, por fin te han soltado! —Abrazándolo y besando, Guillermo se dejó querer.
…A partir de ese día su manera de ser cambió, entendió que ya no tenía edad para andar jugando con niños de la nuestra; y dejó de participar y… dirigir nuestros juegos. Desde entonces se concentró en ganar dinero con su trabajo, se compró un torno y se dedicó a fabricar piezas de madera de olivo; como tenedores, cucharas, morteros y otras cosas que vendía a tiendas de “souvenirs”. Éstas empezaban a aparecer como setas, en las zonas costeras visitadas por turistas. En definitiva, ya era oficialmente el nuevo cabeza de familia.
“LAS GAVIOTAS” Y “LA VI FLOTA DE LA US NAVY”

Fotografía de aquellos años, de la VI Flota de la US NAVY.
En lo que concierne a Cesáreo, el otro general y “herido de guerra”, más tarde me enteraría que le habían colocado un moderno y disimulado ojo de cristal.
Y fue pasados muchos años, cuando me lo encontré en dos ocasiones. En la primera, sería sobre las cuatro de la tarde, casi chocamos de frente; yo iba sólo, pero a él lo acompañaban dos guapas y sexis mujeres. Nos intercambiamos el típico saludo de compromiso: que si “hola”, “como va” y tal y tal; pero el jodido, en absoluto en ese primer momento hizo alusión a su compañía, ni mucho menos me las presentó. Le encantó que lo hubiera “cazado” custodiado por dos mujeres; pero cuando ya nos despedimos y continuamos nuestros respectivos trayectos, cometí el típico error de girarme y “echarles un ojo” a las “mozas”. Y como si lo esperara, allí estaba él también girado y esperando que lo hiciera:
—¡No las mires tanto que me las vas a gastar! —¡JA, JA, JE, JI, JO! —esa fue la gracia que me dijo, acompañada de las risas de las “bergantas”.
—¡Si es que no cambias! ¡No sé qué habrán visto en ti! —le respondí.
—¡Un día te lo contare! —¡JA, JI, JO, JO, JU! —el coro volvió a sonar.
Tras las risas, cada uno siguió su curso. No caí en ese momento, pero luego pensé y me percaté que, no se apreciaba que un ojo suyo era falso; el que sustituía al parche que llevaba antes. Se ve”, (queda cojonuda la frase), que le hicieron un buen ojo.

Callejuelas del "Barrio Chino" de Palma de Mallorca, fotografiadas en esos años. En la actualidad, toda esta zona paso por un plan de Reconversión, que prácticamente eliminó la prostitución del lugar.
…En la segunda, que fue en la “Puerta de San Antonio”; una plaza en la que se iniciaba el “Barrio Chino” de la ciudad (popularmente conocido así, la zona o barriada que reunía los prostíbulos de determinadas metrópolis). Los dos íbamos solos, y en esta ocasión, si cambiamos algunas palabras fuera de las propias del saludo; no me pude contener y le pregunté por las “señoritas”:
—¡Venga, cuéntame cuál es tu secreto!, ¡¿cómo puede un tío como tú ir con aquellas dos tías tan sexis?
—¡Trabajan para mí! ¡Sí!, ¡y no pongas cara de gilipollas! —en referencia a mi gesto de incredulidad— ¡Son dos putas, coño! ¿O no viste nada raro?
—¡Pues sí!, vi que estaban muy “buenorras” y que vestían muy provocativas; y ahora que lo dices, ¡parecían un poco putas!
—¡Qué coño “un poco”, ´son las mejores que tengo! Cuando te saludé, íbamos hacia el “Kansas” (un conocido local de “puterio”), que se pone a tope de “marines” cuando está la “VI Flota” fondeada. Y esos tíos ya se sabe, ¡siempre van salidos!... Y tío, como supongo puedes apreciar, ahora vuelven a estar fondeados sus barcos en el puerto y no paramos de currar. —Ni que fuera él quien se acostara.
—Sí, ya lo he visto, está la ciudad llena de marinos norteamericanos, pero aquel día no era un poco pronto, ¿las cuatro de la tarde, para ir de putas?

"Previus" al ACUERDO...
—¡Que va!, les dan permiso por turnos, los van soltando por barcos y hay desembarques a lo largo del día. Las barcazas no paran, salen desde el portaaviones o los cruceros y los llevan a tierra. Debe haber más de 7000 soldados, ¡menuda mina! ¡Y a estos les cobramos el triple que a un cliente nacional!, y lo pagan en dólares y sin rechistar; ten en cuenta que llevan más de tres meses embarcados y salen como locos a desfogarse.
—Pues no creo yo que, haya tanta puta en la ciudad para cubrir tanta demanda… —razoné después de hacer unos rápidos cálculos mentales.
—¡Por eso vienen las “gaviotas”! —exclamó el “chulo”, no entendí como podían ayudar estas aves, así que incautamente le pregunté:
—Cesáreo, sinceramente no sé qué coño pintan las gaviotas con los marines.
—¡Ah leches, ya veo!, ¡no sabes quienes son las “gaviotas”!, como se nota que vas poco “de putas”. Las “gaviotas” a las que me refiero, son también prostitutas. ¡Si profesionales del oficio!; que van siguiendo a la “VI Flota Norteamericana” haya por donde amarran sus barcos, no se dejan ni un solo puerto del Mediterráneo; el de Marsella, Barcelona, Valencia… y por supuesto, también el de Palma; que es el destino que más les gusta a los militares embarcados. Y no pienses que todas son españolas, las hay de todos los colores y países. Y muchas de ellas son “fijas” de sus clientes, especialmente de los oficiales, los siguen allá por donde vayan, por cierto, que la mayoría están, ¡muy, pero que muy buenas…!
—Ahora entiendo, y ¿Cómo se te ocurrió meterte en este trabajo?, ¡no te lo tomes a mal, pero no tienes pinta de “macarra”!
—¡Esa es una historia muy larga!, ya te lo contaré en uno de los huecos que haya entre fondeo y fondeo de los barcos de la “VI Flota”. Ya te he dicho que suelo parar por el “Kansas”, aunque también “hacemos barra” por el “Missouri”, que está al lado, te pasas una noche y hablamos.
—¡Oye, todos los nombres que me dices son americanos!
—Es un reclamo para atraer a los marines, son nombres de destacados buques y portaviones de la “US Navy”.

Fotografía tomada por mi amigo y gran fotoperiodista Joan Llompart “Torrelló”, colaborador durante años del entrañable “DIARIO DE MALLORCA”. En ella aparecen un grupo de marines norteamericanos, que están “manteniendo en pie” a uno de sus compañeros borracho.
En el supuesto de haber sido detenidos por la "POLICIA MILITAR de la VI Flota”, les hubiera caído un grave arresto. La PM norteamericana actuaba con severidad reprimiendo los malos comportamientos de los marines. (La foto es cortesía del grupo “Fotos Antiguas de Mallorca”.
—¡Vaya!, en este mundillo todo está estudiado. Pues una noche, pero temprano, vendré a verte. Y aprovecharé para hablar con tus trabajadoras…
—¡Hablar, hablar puedes hacerlo! ¡Pero yo te aconsejo que mejor “pegues un polvo”, ¡porque te va a costar lo mismo!
—¡Y yo que pensaba que el primero lo pegaría gratis!, ¡como un detalle tuyo!
—¡”San Gratis”, se murió de hambre!, y mis chicas tienen bocas que alimentar, ¿o te crees que trabajan en “esto” por gusto?
No le conteste, me limité a gesticular con mi cabeza, como signo de conformidad con lo por él dicho. Y después de este día no volví a ver al “Cesáreo”, alias el “Macarra”; entendí que no era bueno para mí salud, y menos para mi bolsillo, mantener una amistad con él… ■
FIN DEL CAPÍTULO 15

Fotografía de José Luis Cámara publicada en: diariodeavisos.com
LA PROSTITUCIÓN EN ESPAÑA EN EL ÚLTIMO SIGLO.
Los diferentes gobiernos de España, desde la II República, la Dictadura de Franco y la Democracia, incluidos los años de la Transición, legislaron sobre la “Prostitución”.
En una primera etapa, se le dio más importancia a dictar leyes que intentaban mitigaran la expansión de las enfermedades venéreas, culpando principalmente a las prostitutas como medio de transmisión.
Más adelante, ya rebajada la morbilidad por parte de estas enfermedades, la cuestión se centró en su aspecto moral. Y se crearon dos movimientos o maneras de legislar contra ella (la “prostitución”), que aún perduran en la actualidad:
La ABOLICIONISTA, que claramente se pronuncia en favor de ilegalizar y castigar su práctica.
Y la que se inclina por su regularización, conocida como REGLAMENTARIA, que busca dictar normas que posibiliten su práctica, con tendencia a castigar a los proxenetas y demás intermediarios que viven de esta actividad realizada por otros, ya sean hombres o mujeres. Ésta última, es la que rige o prevalece en la actualidad.
Todo este “camino legislativo” se puede ver en uno de los “Apéndices” de esta “Bio”. ■
Capítulo extraido de la novela biográfica:
“Querido Chato” en exclusiva para Queseenteren
TIENES A TU DISPOSICIÓN TODAS ESTAS MANERAS Y EDICIONES PARA LEER ESTA NOVELA BIOGRÁFICA:
SI DESEAS LEER ESTA SIMPÁTICA NOVELA DESDE UN "eREADER" (DISPOSITO DE LECTURA DE LIBROS ELECTRÓNICOS (ebook)).
LA TIENES A TU DISPOSICIÓN EN "AMAZON".
TIENES DOS VERSIONES:
LA CONVENCIONAL (Portada en color ROJO); y la ILUSTRADA (Portada en color AZUL).
Si ya eres usuario o cliente de "Amazon", UNA MANERA RÁPIDA DE LOCALIZARLO ES, PONER EN EL BUSCADOR O LUPA de "Amazon", el nombre del Autor:
Antonio G. Noguera
y TE LLEVARÁ A LA ZONA DE AMAZON DE ESTE ESCRITOR, DONDE PODRÁS SELECCIONAR O ESCOGER, EL LIBRO DE TU INTERÉS ESCRITO POR ÉL.
PARA HACERLO MÁS FÁCIL; A CONTINUACIÓN, TE OFRECEMOS UN BOTÓN DE ENLACE DIRECTO CON AMAZON, PÚLSALO Y ACCEDES:
(ES TOTALMENTE SEGURO: https://www.amazon.com/stores/Antonio-G.-Noguera/author/B00IQAOOLW?ref=ap_rdr&shoppingPortalEnabled=true&ccs_id=7cfed15e-3528-425c-9490-df29679fc9f1 ).
EL "ebook" tiene un equivalente a 1171 páginas de un libro impreso en papel, y su precio es ¡¡¡SUPER REDUCIDO!!! Cuesta sólo 3,42 €. (euros).
Y antes puedes DESCARGARTE UNA EXTENSA MUESTRA DEL LIBRO ¡¡¡GRATUITAMENTE!!!
Para que te sirva para "valorar" la novela biográfica.
TAMBIÉN PUEDES ADQUIRIR ESTA NOVELA IMPRESA EN PAPEL
POR SÓLO 29,90 €.
Gastos de Envío, con entrega en tu domicilio y mediante correo certificado, a nuestro cargo
COMPRA TOTALMENTE SEGURA Y PERSONAL
Características:
Libro en Tapa Blanda con Solapas │ Ancho 17,85 cm X Alto 25,25 cm │ Encuadernación Eco PUB papel de 300 gr. │ 768 Páginas en B/N de 90 gr.
Todos los derechos de esta novela están reservados.
No se permite su reproducción en ningún medio ya sea escrito, radio, televisión e Internet sin autorización previa del autor de la obra.
Si se autoriza reproducir un pequeña parte de ella para efectos de promoción, crítica o similar objeto.
Inscrito en el REGISTRO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL:
Número de Asiento Registral : 05/2023/121 Nº 00765-01261862
Depósito Legal: AS 02505-2023



