"La muerte" retransmitida en directo por la televisión, nos hizo vivir el sufrimiento y la valentía de la niña Omayra Sánchez Garzón, atrapada 3 días en el lodo (1985).
“AGONIZÓ DURANTE 60 HORAS FRENTE A LAS CÁMARAS DE TELEVISIÓN.
Omayra Sánchez vivía en el barrio Santander (en el municipio de Armero, perteneciente al Departamento de Tolima, en Colombia) con sus padres: Álvaro Enrique, recolector de arroz y sorgo (cereal), y María Aleida; junto con su hermano Álvaro Enrique y su tía María Adela Garzón.
La noche del desastre, Omayra y su familia estaban despiertas, preocupadas por la caída de ceniza lanzada por el volcán “Nevado de Ruiz”, que había erupcionado la noche de aquel 13 de noviembre de 1985.
Cuando escucharon el sonido de un lahar (un flujo de sedimento y agua que se moviliza desde las laderas de los volcanes) que impactó donde ellas.
Después del choque, Omayra quedó atrapada bajo los escombros de su casa y no pudo liberarse.
Cuando los equipos de rescate intentaron ayudarla, se dieron cuenta de las dificultades que existían y que obstaculizarían muchísimo su rescate...
Durante las primeras horas después del flujo de lodo, estuvo cubierta de "concreto" (mezcla de piedras, arena, agua y cemento usado en la construcción), pero metió la mano por una grieta entre los escombros. Después de que un rescatista notó que su mano sobresalía de un montón de escombros, él y otros limpiaron tejas y madera durante el transcurso de un día.
Una vez que la niña fue liberada de cintura para arriba, sus rescatistas intentaron sacarla, pero la tarea era imposible sin romperle las piernas en el proceso. Cada vez que una persona tiraba de ella, el agua se acumulaba a su alrededor, subiendo de tal manera que parecía que se ahogaría si la dejaban ir, por lo que los rescatistas colocaron una llanta alrededor de su cuerpo para mantenerla a flote.
Además, los buzos descubrieron que las piernas de la niña estaban atrapadas debajo de un montón de ladrillos, con los brazos de su tía muerta agarrados fuertemente alrededor de sus piernas y pies.
A pesar de su situación, Sánchez se mantuvo positiva: le cantó a un periodista que trabajaba como voluntario, pidió dulces, bebió refrescos, y accedió a ser entrevistada.
A veces tenía miedo y oraba o lloraba. En la tercera noche comenzó a alucinar.
Cerca del final de su vida, los ojos de la niña de 13 años, se enrojecieron, su rostro se hinchó y sus manos se blanquearon.
Se aprecia en la foto de Frank Fournier (arriba) reconocida con el “World Press Photo” de 1985.
En un momento dado, le pidió a la gente que la dejaran para poder descansar.
Horas más tarde los trabajadores regresaron con una bomba e intentaron salvarla, pero tenía las piernas dobladas bajo el "concreto" como si estuviera arrodillada, y fue imposible liberarla sin amputarle las piernas.
Al carecer del equipo quirúrgico para salvarla de los efectos de una amputación, los médicos presentes coincidieron en que sería más humano dejarla morir, que aconteció a las 10:05 a.m. del 16 de noviembre; mientras las cámaras de televisión transmitían incesantemente sus últimas horas de vida...
Con ella, también se fueron su padre, su tía y más de 30.000 personas que se llevaron los aludes del volcán.
Su madre y su hermano sobrevivieron. ■
Un artículo de "CLICK"
para Queseenteren

