“No todo el monte es orégano”(*); conociendo las desgracias olvidadas, y que van unidas al éxito, de autores, como por ejemplo el juicio al escritor Oscar Wilde


(*) Según el “Instituto Cervantes”: El orégano es una planta aromática empleada como condimento.

Figura como referencia de facilidad, de ventaja, de algo bueno, porque antiguamente se utilizaba como

remedio para muchos males. Su etimología es griega y significa «planta que alegra el monte».

I. LA SITUACIÓN:

Las relaciones sentimentales entre Oscar Wilde y el joven Alfred Douglas


A mediados de 1891, Wilde, contando con 37 años de edad, conoció a Lord Alfred Douglas, que en ese momento tenía 21 años y estudiaba en Oxford. Conocido por su familia y amigos como “Bosie”, era un joven apuesto y mimado.

No tardó en transformarse la amistad en intima en 1893. Una relación peligrosa al estar prohibida en la sociedad conservadora británica de esa época “Victoriana”. Que además se convirtió en toda una tempestuosa aventura. Ya que si Wilde era relativamente indiscreto e incluso extravagante, en su forma de actuar; se sumó el que Douglas era totalmente imprudente en público.

A Wilde le tocó mantener económicamente la relación, satisfaciendo todos los caprichos de Douglas, materiales, artísticos e inclusive sexuales; en los que inició a Wilde en el mundo clandestino de la prostitución gay. Donde Wilde conoció a varios jóvenes prostitutos de clase trabajadora.

Y con ellos seguía y repetía metódicamente esta rutina: Wilde conocía al joven, seguidamente le ofrecía regalos, tras su aceptación cenaba con él en privado y luego lo llevaba a una habitación de hotel.

Todo esto salió a relucir en sus juicios, que como se verá, acabaron con Wilde cumpliendo una condena en Prisión, sentencia que vino provocada por su relación con “Bosie”...

II. LOS PROTAGONISTAS:

Estos son los tres protagonistas de este escándalo de finales del Siglo XIX, que conmovió a la sociedad “Victoriana” británica

John (Sholto) Douglas

Noveno marqués de Queensberry (1844-1900), fue un noble británico de la época victoriana, recordado por su ateísmo, sus opiniones francas, sus modales brutales y por prestar su nombre a las “Reglas de Queensberry“ que forman la base del boxeo moderno Y por su papel en la caída del autor y dramaturgo irlandés Oscar Wilde.

Oscar Wilde

Poeta y dramaturgo irlandés (Cuando Irlanda aún pertenecía al Reino Unido) nacido en 1854, y fallecido en 1900, a los pocos años de cumplir condena.

Entres sus obras están: “El retrato de Dorian Gray” como novela; “La Importancia de llamarse Ernesto” como obra de teatro y muchas más creaciones que ya han pasado a considerarse como clásicos.

Alfred Bruce Douglas

Poeta y periodista (1870-1945), famoso por haber sido el amante de Oscar Wilde, con quien mantuvo una relación estrecha pero tormentosa. El padre de Douglas, el marqués de Queensberry lo aborreció y se propuso humillar a Wilde, acusándolo públicamente de homosexualidad. Wilde lo demandó por difamación criminal en un primer juicio.

III. LOS HECHOS:

Estos son los hechos que provocaron la denuncia de Wilde contra Queensberry

El 18 de febrero de 1895, el marqués de Queensberry dejó su tarjeta de visita en el club de Wilde, el “Albemarle”, con la inscripción: “Para Oscar Wilde, posando sodomita” (traducción literal).

Wilde, alentado por su amante e hijo del marqués, Alfred Douglas, y en contra del consejo de sus ami­gos, inició un proceso privado contra Queensberry por difamación, ya que la nota equivalía a una acu­sación pública de que Wilde había cometido el delito de sodomía. Ante esta denuncia, Queensberry fue arresta­do por “difamación criminal”, cargo que conllevaba una posible sentencia de hasta dos años de prisión.

Según la vigente “Ley de difamación de 1843”, Queensberry sólo podía evitar la condena por difamación, demostrando que su acusación era de hecho cierta y, además, que había algún “beneficio pú­blico” por haber hecho la acusación abiertamente.

A raíz del arresto, los abogados del marqués Queensberry se poner a trabajar en su defensa, y una de las primeras acciones que hacen es contratar a de­tectives privados para encontrar pruebas de las relaciones homosexuales de Oscar Wilde con jóvenes prostitutos y, las de con el hijo de Queensberry.

IV. PRIMER JUICIO:

Juicio por difamación a petición de Oscar Wilde (3 al 5 de abril de 1895).

El juicio comenzó en Old Bailey, en el centro de Londres, el 3 de abril de 1895 ante  el juez Richard Henn Collins, un colega dublinés, en medio de escenas casi histéricas tanto en la prensa como en las discusiones de las personas que seguían el juicio. La magnitud de las pruebas acumuladas contra Wilde le obligó a declarar dócilmente: “Yo soy el denunciante en este caso...”. 

El abogado de Wilde, Sir Edward Clarke, abrió el juicio preguntando preventivamente a Wilde sobre dos cartas sugerentes que Wilde había escrito a Douglas, que la defen­sa tenía en su poder. Quien calificó la primera como un “soneto en prosa” y admitió que el “lenguaje poético” podría parecer extraño al tribunal, pero afirmó que su intención era inocente.

Wilde afirmó que las cartas habían sido obtenidas por chantajistas que habían intentado extorsionarlo, pero él se había negado, y continuó manifestando que se podía considerar las cartas como obras de arte y no como algo de lo que avergonzarse. 

El abogado defensor de Queensberry, Edward Carson, que también era un dublinés que había asistido al “Trinity College” de Dublín, y al mismo tiempo que Wilde, interrogó a éste (Wilde) sobre cómo percibía el contenido moral de sus obras.

Wilde respondió con su característico ingenio y ligereza (desde el principio y durante el juicio pretendió utilizarlo para resaltar su talento literario, y entrar lo menos posible en su vida social privada);

afirmando que las obras de arte no pueden ser morales o inmorales, sino sólo bien o mal hechas...”

Carson siguió y presionó a Wilde sobre cada tema desde todos los ángulos, extrayendo matices de significado de las respuestas de Wilde, sacándolas de su contexto estético y retratando a Wilde como evasivo y decadente. Si bien Wilde obtuvo la mayor cantidad de risas, Carson obtuvo la mayor cantidad de puntos legales.

Luego, Carson pasó a la evidencia fáctica y cuestionó a Wilde sobre sus amistades con hombres más jóvenes de clase baja.

Wilde admitió haber fraternizado con ellos y haberles prodigado regalos, pero insistió en que no había ocurrido nada adverso y que los hombres eran simplemente buenos amigos suyos.

A lo que Carson señaló repetidamente la naturaleza inusual de estas relaciones e insinuó que los hombres eran prostitutos. Wilde respondió que no creía en las barreras sociales y simplemente disfrutaba de la compañía. Llegados a este punto y habiendo conseguido romper el aplomo de Wilde, el abofado defensor, recordó lo dicho al principio de su exposición de la defensa y, creyó oportuno

entrar en ello, y fue contundente al manifestar que había localizado a varios prostitutos que debían testificar que habían tenido relaciones sexuales con Wilde.

En vista de como se había desarrollado el proceso hasta ese momento, y en previsión del aun mayor daño que se le causaría a la honorabilidad de Wilde, a su esposa e hijo, y a su amante el joven Alfred Bruce; esos testimonios.

Tras consultar a su abogado, Wilde abandonó la acusación y Queensberry fue declarado inocente:

Reproducción de la Sentencia:

Sr. Juez Collins: «...En la medida en que el fiscal en este caso está dispuesto a aceptar un veredicto de no culpabilidad contra el acusado, no creo que sea parte de la función del juez o del jurado insistir en ir a través de detalles lascivos que no pueden tener relación con un asunto ya concluido por el con­sentimiento del fiscal a un veredicto adverso. Pero en cuanto a que el jurado ponga alguna limitación al veredicto de justificación del cargo, que es “hacerse pasar por sodomita”, si eso está justificado, está justificado; si no lo es, no lo es. Y el veredicto del jurado debe ser “Culpable” o “No culpable”. No puede haber términos ni limitaciones. El veredicto debe ser “Culpable” o “No culpable”.

Tengo entendido que aceptará un veredicto de no culpable y, por supuesto, el jurado lo devolverá». 

V. CONSECUENCIAS:

Consecuencias que le trajo a Wilde la sentencia favorable al padre de su amante, en el juicio por “difamación” a instancias suyas y el trato que le dió la prensa.

El juicio por “Difamación” instado por Oscar Wilde contra el padre de su amante, el 9º Marques de Queensberry, John Sholto Douglas, desde su inicio estuvo politizado.

En parte dada la significación de los protagonistas, y por otra gran parte, por la divulgación y difusión de la causa que hicieron los periódicos de la época ya antes de empezar.

Ello se debió gracias a las filtraciones que se hicieron a la prensa, desde el despacho de abogados de Edward Henry Carson, encargados de la defensa de Queensberry, que consiguieron su objetivo de “minar” la credibilidad de Wilde y “airear” la doble vida de éste. Por una parte manteniendo la apariencia de formar una pareja convencional con su esposa, Constance Wilde, con la que tuvo dos hijos. Y por la otra, manteniendo relaciones homosexuales con su amante, Alfred Douglas, además de en múltiples ocasiones hacerlo con jóvenes prostitutos contratados.

Y como era de esperar, después de la sentencia que daba la razón al demandado y validaba la denuncia pública de la homosexualidad de Wilde; se “cebaron” con este.

Hasta tal punto estaba sensibilizado el público británico con el comportamiento, considerado atípico, del escritor, y que hasta entonces era admirado e idolatrado.

Que el fiscal tuvo que continuar el caso, y lo que venía ahora era castigar con el peso de la ley, al hombre que públicamente había reconocido practicar relaciones sexuales, prohibidas por la ley, con otros hombres y, muchas de ellas con jóvenes y pagando a cambio de sus “encantos”...

VI. EL JUICIO PENAL:

Llega el primer juicio penal con la acusación de “indecencia grave”

Oscar Wilde llega a él con su situación económica en “banca rota” y sus bienes subastados, a causa del pago de los considerables gastos en que Queensberry había incurrido en su defensa, y a lo que fue condenado ha hacerse cargo al perder su demanda por “difamación”.

Después de que Wilde abandonó el tribunal, se solicitó una orden de arresto contra él por cargos de sodomía e indecencia grave. El Ministerio Público había recibido las copias de las declaraciones de los jóvenes que, habían planeado presentar como testigos, el abogado de Queensberry. Y esto, unido a las declaraciones del propio Wilde, fue más que suficiente para que el magistrado Bridge dictara la orden.

Mientras eso ocurría, Wilde estaba reunido con su amante Douglas y su amigo Robert Ross en el Hotel Cadogan. Indeciso entre seguir los consejos de sus amigos y huir a Francia, o seguir el de su madre de que se quedara y luchara.

Más cuando Wilde se enteró por un periodista, que llamó al hotel, de que se había emitido una orden judicial, se sentó tranquilamente en su silla bebiendo hasta que llegó la policía a detenerlo y llevárselo.

No se tardó en eliminar el nombre de “Wilde”, de los anuncios en los carteles del “St. James Theatre”, donde todavía se representaba la obra: “La importancia de llamarse Ernesto.” (Que vimos detalladamente en el anterior ejemplar nº2 de este periódico cultural “Queseenteren”).

El 6 de abril de 1895, Wilde fue arrestado por “indecencia grave” en virtud del artículo 11 de la Ley de enmienda del derecho penal de 1885, término que significa actos homosexuales que no constituyen sodomía (un delito previsto en otro estatuto independiente).


El juicio duró del 26 de abril al 1 de mayo de 1895

Los acontecimientos se desarrollaron rápidamente y su procesamiento se inició el 26 de abril de 1895, ante el juez Arthur Charles.

Wilde y Alfred Taylor, el proxeneta que “presentaba” a los jóvenes a Wilde. Se enfrentaban a veinticinco cargos de “graves indecencias” y “conspiración para cometer graves indecencias”.

Un desfile de jóvenes testigos masculinos de la acusación, testificaron sobre su papel “ayudando” a Wilde a representar sus fantasías sexuales.

Aunque Wilde no fue procesado por sodomía, al final del juicio había pocas dudas de que podría haberlo hecho.

Casi todos manifestaron vergüenza y remordimiento por sus propias acciones.

Veamos seguidamente un extracto de las declaraciones de uno de estos testigos, extraído del sumario, las preguntas las realiza el fiscal Charles Gill.

Testimonio de Charles Parker:

Parker.— tengo 21 años. Tengo un hermano, William. He estado contratado como valet y mi hermano como mozo de cuadra.

A principios de 1893 me encontraba sin empleo. Recuerdo un día por esas horas estar con mi hermano en el Restaurante St. James’s, en el bar. Mientras estaba allí, Taylor (el presunto proxeneta) se acercó y habló con nosotros. Era un completo desconocido. Pasó los elogios del día y nos invitó a tomar una copa.

Entablamos conversación con él. Habló de los hombres.

Gill.— ¿De qué manera?

Parker.— Llamó la atención sobre las prostitutas que frecuentan "Piccadilly Circus" y comentó: “No puedo entender que hombres sensatos desperdicien su dinero en basura pintada como esa.

Sin embargo, muchos lo hacen. Pero hay algunos que lo hacen mejor. Sin embargo usted podría ganar dinero de cierta manera y con bastante facilidad, si quisieras”. Entendí a lo que Taylor aludía e hice una respuesta grosera.

Gill.— ¿Me veo obligado a preguntarle qué fue lo que realmente dijo?

Parker.— No me gusta decirlo.

Gill.— Me atrevo a decir que entonces eras menos aprensivo. ¿Te pido las palabras?

Parker.— Le dije que si algún señor ma­yor con dinero se encaprichaba de mí, era agradable. Estuve de acuerdo estaba terriblemente en apuros.

Gill.— ¿Qué dijo Taylor?

Parker.— Se río y dijo que los hombres mucho más inteligentes, más ricos y mejores que yo preferían cosas de ese tipo. Después de darle a Taylor nuestra dirección, nos despedimos.

Gill.—¿Taylor mencionó al prisionero Wilde?

Parker.— En ese momento no.

Gill.— ¿Dónde conociste a Wilde por primera vez?

Parker.— Taylor nos pidió que lo visitáramos al día siguiente en Little College Street. Fuimos a la mañana siguiente. Dijo que podía presentarnos a “un hombre que valía mucho dinero” y que nos encontraríamos con él en el bar St. James. La noche siguiente fuimos a St. James’s y vimos a Taylor allí. Nos llevó a un restaurante en Rupert Street. Creo que fue el Solferino. Nos llevaron arriba a una habitación privada, en la que había una mesa preparada para cuatro. Al cabo de un rato entró Wilde y me presentaron formalmente. Nunca lo había visto antes, pero había oído hablar de él. Cenamos alrededor de las ocho. Nos sentamos los cuatro a cenar, Wilde sentado a mi izquierda.../.

Gill.— ¿Y luego?

Parker.— Posteriormente me dijo Wilde: “¡Este es el chico para mí! ¿Irás conmigo al Hotel Savoy?” Acepté y Wilde me llevó en un taxi al hotel. Sólo fuimos él y yo, de­jando atrás a mi hermano y a Taylor.

En el "Savoy" fuimos primero al salón de Wil­de, en el segundo piso.

Gill.— Cuéntanos qué ocurrió allí.

Parker.— Cometió el acto de sodomía conmigo...

Los testimonios de los testigos estremecieron al jurado y a los presentes, sus historias que narraron, dejaban claro que eran meros “prostitutos” utilizados por Oscar Wilde, para satisfacer sus “fantasías sexuales”.

La oportunidad de “lavar” la imagen de Wilde que dieron los testimonios de los jóvenes; le vino cuando el fiscal Gill, después de haber leido un poema de Alfred Douglas, su amante, le preguntó: —¿Qué es el “Amor que no se atreve a pronunciar su nombre”?

A lo que el acusado Wilde contestó con otro poema:

—“El Amor que no se atreve a pronunciar su nombre” en este siglo es un afecto tan grande de un anciano hacia un hombre más joven como el que hubo entre David y Jonatán, tal como Platón hizo de la base misma de su filosofía, igual que en los sonetos de Miguel Ángel y Shakespeare.../.

.\...No hay nada antinatural en ello. Es intelectual, y existe repetidamente entre un hombre mayor y un hombre más joven, cuando el hombre mayor tiene intelecto y el más joven tiene toda la alegría, la esperanza y el glamour de la vida ante él.

Que debería ser así el mundo no lo entiende. El mundo se burla de ello y a veces pone a uno en la picota por ello. Al acabar sonaron fuertes aplausos, mezclados con algunos silbidos. Edward Clarke, que continuaba siendo el abogado defensor de Wilde, siguió el testimonio de Wilde con un poderoso resumen en nombre de su cliente. Concluyendo Clarke, pidiendo al jurado que “satisfaga esas miles de esperanzas que penden de su decisión” y “limpie de esta terrible imputación a uno de nuestros hombres de letras más renombrados y consumados de la actualidad y, al limpiarlo, limpie a la sociedad de una mancha”.

El discurso de clausura de Clarke dejó a Wilde llorando y garabateó una nota de agradecimiento que pasó a su abogado.

El jurado deliberó durante más de tres horas antes de concluir que no podían llegar a un veredicto sobre la mayoría de los cargos.

El 7 de mayo, Wilde quedó en libertad bajo fianza. A diferencia de una absolución, un jurado en desacuerdo le daba a la fiscalía la posibilidad de celebrar un nuevo juicio, cosa que solicitó al poco tiempo, eso sí, Wilde disfrutó de tres semanas de libertad hasta su inicio.

VII. EL 2º JUICIO PENAL:

El gobierno liberal, a consecuencia de las presiones que recibió, decidió hacer todo lo posible para asegurar una condena en el segundo juicio contra Oscar Wilde

El posible chantaje se hizo en la persona del Primer Ministro "Archibald Primrose Conde de Rosebery".

Se sospechaba que Rosebery había tenido una aventura homosexual, cuando era ministro de Asuntos Exteriores, con Francis Douglas, otro de los hijos de Queensberry; quien le amenazó con airear este asunto, sino encarcelaba a su odiado enemigo Oscar Wilde, el que le había demandado anteriormente y perdido el juicio por “difamación!

El segundo procesamiento de Wilde se desarrolló entre el 20 y el 26 de mayo de 1895. Estuvo encabezado por el principal fiscal de Inglaterra, el procurador general Frank Lockwood, un abogado inglés y político del Partido Liberal que se sentó en la Cámara de los Comunes como diputado por la ciudad de York de 1885 a 1897. No pudo elegir otro mejor el Primer Ministro Primrose para buscar la condena de Wilde.

Aunque el juicio se parecía en muchos aspectos al primero, en esta ocasión la fiscalía, basándose en la experiencia del juicio anterior, prescindió de sus testigos más débiles para la acusación y se centró más en los más fuertes. Dejando más evidente y convincente que el acusado Wilde mantenía relaciones sexuales pagadas con hombres jóvenes. Como lo declarado por Alfred Wood:

—Después de cenar fui con el señor Wilde al número 16 de Tite Street. Que yo sepa, no había nadie en la casa. El señor Wilde entró con una llave. Subimos a un dormitorio donde tomamos algo. Aquí ocurrió un acto de la más grave indecencia. El señor Wilde utilizó su influencia para inducirme a dar mi consentimiento. Me dejó casi borracho. [testimonio censurado.]... Después me tumbé en el sofá con él. Sin embargo, pasó mucho tiempo antes de que le permitiera cometer el acto indecente.

Y el fiscal continuó con el resto de los testigos, profundizando sobre este asunto, el de sus relaciones con Wilde.

En su discurso de cierre de la defensa, Clarke argumentó que la “brillante promesa” de Wilde se había visto empañada” por acusaciones falsas, y que su “brillante reputación” había “casi apagado en el torrente de prejuicios que barría la prensa”. Clarke instó al jurado a absolver a Wilde para que “pudiera vivir entre nosotros con honor y reputación, y dar la madurez de sus genios dones a nuestra literatura”.

A continuación le tocó hacer su discurso de clausura al fiscal Frank Lockwood, quien tras dar un repaso a todo lo acontecido lo acabó con esta petición:

«Señores, ya he analizado todo este caso. Les he señalado su fuerza y debo pedirles que cumplan con su deber al respecto. Ya me he ocupado de esa apelación (creo que desafortunada) que hizo mi erudito amigo sobre el pasado literario o el futuro literario de Oscar Wilde. Con eso en este caso no tenemos nada que hacer. Tiene derecho a ser absuelto si ustedes creen que es un hombre inocente, sea su suerte alta o baja.

Pero si, señores, en vuestra conciencia creéis que él es culpable de estos cargos; entonces sólo tenéis una consideración, y es la de cumplir estrictamente la obligación del juramento que se os ha impuesto...».

SENTENCIA:

Después de más de tres horas de deliberación, el jurado emitió su veredicto:

CULPABLE de todos los cargos excepto los relacionados con Edward Shelley.

Wilde se balanceó ligeramente en el banquillo; su rostro se puso gris. Algunos en la sala gritaron: «¡Vergüenza!»; mientras aplaudían el veredicto.

Declaración hecha a Wilde y Taylor, después de que el jurado emitiera su veredicto de “culpable” por parte del Juez Wills:

...«Oscar Wilde y Alfred Taylor, el crimen por el que han sido condenados es tan grave que uno tiene que imponerse severas restricciones para evitar describir, en un lenguaje que preferiría no utilizar.../.

.\...No me sirve de nada dirigirme a usted. Las personas que pueden hacer estas cosas deben estar muertas a todo sentimiento de vergüenza, y no se puede esperar producir ningún efecto sobre ellas. Es el peor caso que he probado jamás.

Es imposible dudar de que tú, Taylor, mantuvieras una especie de burdel masculino. Y es igualmente imposible dudar de que usted, Wilde, haya sido el centro de un círculo de corrupción generalizada del tipo más espantoso entre los jóvenes.

Dadas las circunstancias, se espera que imponga la sentencia más severa que permita la ley. En mi opinión, es totalmente inadecuado para un caso como este.

La sentencia del Tribunal es que cada uno de ustedes sea encarcelado y sometido a trabajos forzados durante dos años».

Tras lo que se oyeron gritos de «¡Oh! ¡Oh!» y «¡Vergüenza!»...

VIII. CUMPLIENDO LA CONDENA:

Habiendo sido condenado en “uno de los primeros juicios de celebridades”, Wilde estuvo encarcelado del 25 de mayo de 1895 al 18 de mayo de 1897.

Primero ingresó en la Prisión de "Newgate", en la esquina de Newgate Street y Old Bailey Street, justo dentro de la ciudad de Londres, para ser procesado.

Luego fue trasladado a la Prisión de "Pentonville", al norte de Londres, donde los “trabajos duros”, a los que había sido condenado, consistieron en muchas

horas de caminar en una cinta rodante (RODILLO); y recoger estopa (separando las fibras en trozos de viejas cuerdas navales).

En esta prisión, sólo se les permitía a los prisioneros leer la "Biblia" y "The Pilgrim’s Progress" ("El Progreso del Peregrino, de este mundo al venidero"; que es una alegoría cristiana escrita en 1678 por John Bunyan).

Unos meses más tarde lo trasladaron a la Prisión de "Wandsworth" en Londres.

Allí, los reclusos también seguían el régimen de “trabajos duros", éste, se completaba dando también a los condenados una "comida dura y una cama dura”, que afectó gravemente a la delicada salud de Wilde.

En noviembre se desplomó durante la capilla debido a la enfermedad y el hambre.

Su tímpano derecho se rompió en la caída, lesión que luego contribuyó a su muerte. Pasó dos meses en la enfermería.

Richard B. Haldane, el diputado liberal y reformador, visitó a Wilde y lo transfi­rió el 23 de noviembre de 1895 a la Prisión de "Rea­ding Gaol", a 48 km al oeste de Londres. Donde pasó el resto de su condena e identificado únicamente como “C.3.3”, el ocupante de la tercera celda en el tercer piso del pabellón C.

Al principio, a Wilde ni siquiera se le permitió papel ni bolígrafo, pero Halda­ne finalmente logró que le autorizaran el acceso a libros y materiales de escritura.

Entre enero y marzo de 1897 Wilde escribió una carta de 50.000 palabras a Douglas, su amante. No se le permitió enviarla, pero sí, llevársela cuando salió de prisión. Y que acabó siendo publica­do como libro y ya fallecido Wilde, con el título de: “De Profundis” (latín: “desde las profundidades”).

En la primera mitad, Wilde relata su relación anterior y su estilo de vida extravagante, que finalmente llevaron a la condena y el encarcelamiento de Wilde por "indecencia grave". Acusa tanto la vanidad de Lord Alfred como su propia debilidad al acceder a esos deseos.

En la segunda mitad, Wilde traza su desarrollo espiritual en prisión y su iden­tificación con Jesucristo. 

IX. LIBERACIÓN Y FALLECIMIENTO:

Tras ser liberado en 1897, Wilde se "autoexilió" a Francia.

Allí se reencontró con su examante...

Wilde fue puesto en libertad el 19 de mayo de 1897, y esa misma tarde zarpó hacia Dieppe, en Francia. Se “autoexilió” y nunca regresó al Reino Unido.

Y ya allí, no tardó en reunirse con Douglas,

en agosto los dos se vieron en Rouen, una ciudad del noroeste de Francia.

Esta reencuentro fue desaprobado por los amigos y familiares de ambos hombres. Pese a ello, los últimos meses de 1897, Wilde y Douglas vivieron juntos en Nápoles, pero al final se separaron debido a razones personales y a las presiones financieras de sus familiares, como las que recibió Wilde por parte de su mujer, Constanza Lloyd; que se negó a enviarle dinero si continuaba con esta recuperada relación con Douglas.

Después de la condena y el encarcelamiento de Wilde, Constance cambió el apellido de ella y de sus hijos por el de "Holland" para disociarlos de su escán­dalo.

La pareja nunca se divorció, pero Constance obligó a Wilde a renunciar a sus derechos de paternidad. Se mudó con sus hijos a Suiza y los matriculó en un internado de lengua inglesa en Ale­mania. Nunca volvieron a ver a su padre.

Oscar Wilde murió el 30 de noviembre de 1900 en una habitación de hotel de París.

Pasó sus últimos tres años empobrecido y en el exilio. Deambulaba solo por los bulevares y gastaba el poco dinero que tenía en alcohol.

Oscar Wilde murió de menin­gitis, causa más aceptada, con sólo 46 años.

Se han dado opiniones dudosas sobre la causa de la enfermedad: que era sifilítica; que la meningitis de Wilde siguió a una intervención quirúrgica; los médicos de Wilde informaron que la condición se originó de una antigua supuración del oído derecho (de la lesión de la prisión comentada anteriormente) tratada incorrectamente durante varios años; y otras causas. ¡Doctores tiene la Iglesia!

Wilde fue enterrado inicialmente en el "Cimetière de Bagneux", en las afueras de París; en 1909 sus restos fueron desenterrados y trasladados al Cementerio de "Pére Lachaise", dentro de la ciudad. ■

F I N

Habrá otros "DOSSIERS" como este, dedicados a otros ESCRITORES/AUTORES, que nos vienen a recordar que... ¡¡¡NO TODO EL MONTE ES ORÉGANO!!! ■




Un Dossier elaborado por Mary Elisabeth Oliver.

para Queseenteren