“BARBA AZUL”, más que un cuento de hadas parece un relato de suspense y terror
El guión de su trama ha sido llevado al ballet y la ópera, al cine, televisión, radio, música, videojuegos y por supuesto, en múltiples adaptaciones literarias.

Grabado en madera coloreado, de Gustave Doré de una edición de 1862.
«Un hombre rico, con aspecto poco agradable por su barba azul, es evitado por las mujeres. Un día pide a una distinguida vecina, una de sus dos hijas en matrimonio; las jóvenes se pasan el compromiso de una a otra, tanto por su barba azul como por la desaparición de sus anteriores mujeres. Finalmente, la hermana menor accede atraída por la vida opulenta que le ofrece Barba Azul y se casan».
La versión más famosa de ese CUENTO POPULAR es la del escritor francés Charles Perrault, escrita en 1695 y, publicada en 1697 dentro del volumen de “LOS CUENTOS DE MAMÁ OCA”.
Ilustración del danés Kay Nielsen (1886 – 1957)
BARBA AZUL
de Charles Perrault (1ª Edición de 1697)
Traducción realizada por Josep Coll i Vehí (1823-1876), en 1862 del libro recopilatorio de los cuentos de Charles Perrault (Respetadas las Normas Gramaticales de esa época).
Érase una vez un hombre, que poseía hermosos edificios en la ciudad y en la campiña, vajilla de oro y plata, muebles ricamente entallados, carrozas doradas; pero por males de sus pecados tenia la barba azul, y estaba tan feo y horrible, que todas las mujeres, jóvenes y viejas, tocaban soleta al verle.
Una vecina suya, dama de ilustre prosapia, tenia dos hijas como dos luceros. Barba azul le pidió la mano de cualquiera de ellas, dejándole la elección á su arbitrio. Las muchachas ambas á dos dijeron nones, y de mil amores se cedían el novio, porque ninguna se atrevia á apechugar con un marido barbiazulado.
Mas, lo que principalmente les daba mala espina era el ver que el tal novio se habia casado ya muchas veces, y que de ninguna de sus mujeres se sabía el paradero.
Barba-azul, buscando ocasion y pretexto para entrar en intimidad con la madre y las hijas, convidó á las tres y á cuatro ó cinco de sus mejores amigas, junto con algunos jóvenes de la vecindad, á una hermosa casa de campo, en donde pasaron ocho dias cabales.
No se empleó el tiempo más que en paseos, en partidas de caza y de pesca, en bailes y banquetes, en juegos y meriendas. Por de contado que nadie pegó los ojos. Pasáronse las noches de claro en claro, dejando al diablo mucha tela cortada.
Ilustración de Louis Martinet (1814 - 1895).
Y salió todo tan á pedir de boca, que á la menor de las dos hermanas no le parecia ya tan azul la barba del amo de la casa, y aun se le figuraba que debia de ser todo un hombre de provecho.
Fue volver á la ciudad y quedar concertada la boda, todo fué uno.
Cierto dia, pasada la luna de miel, dijo Barba azul á su mujer que un negocio de importancia le obligaba á hacer un viaje, y que estaria ausente sobre cosa de unas seis semanas. Encargóle que se divirtiese mucho, que convidase á sus amigas, que fuese con ellas á la casa de campo, que nada escasease para darse buen tiempo.
Ilustración del inglés Walter Crane de una Edición de 1875.
—Toma —le dijo—: toma las llaves de los dos armarios, toma la de la vajilla de oro y plata, la de las arcas del dinero, la de las arquillas de la pedrería, y la llave maestra de todas las habitaciones. Esta pequeñita es la del gabinete que está al extremo de la galería grande del piso bajo. Entra donde te plazca, abre y registra cuanto se te antoje; pero te prohibo entrar en aquel gabinete.
¿Oyes? Te lo prohibo, y ¡cuidado!, porque si te atrevieras á abrirlo... ¡Infeliz!, nada podria librarte de mi furor.
La muchacha prometió cumplir exactamente las órdenes de su esposo. Después de abrazarla tiernamente, Barba azul se metió en su carroza y emprendió el viaje.
Las vecinas y las amigas no esperaron que las invitasen, ni se hicieron de rogar. ¡Tan impacientes estaban por ver las preciosidades y tesoros de la casa! Ántes de que se ausentase el marido, ninguna se habia atrevido á pisar los umbrales, de miedo que les infundia la consabida barba azul.
Ilustración del inglés Walter Crane de una Edición de 1875.
Buena prisa se dieron en recorrer las salas, los gabinetes, los guardarropas á cual más lindo. Les faltaban ojos.
Suben luego á las habitaciones en que se guardaban los muebles, y allí eran de ver la hermosura y multitud de tapices, de camas, de sofaes, de escritorios, de veladores, de mesas, de espejos de cuerpo
entero, cuyos marcos, los unos de cristal, los otros de plata ó dorados, eran de lo más precioso y magnífico que jamás se haya visto.
No cesaban de ponderar y envidiar la suerte de su amiga: la cual hacia poquísimo caso de todas aquellas riquezas, preocupada como estaba, y aguijoneada por el deseo de abrir el gabinete del piso bajo.
Tanto pudo su curiosidad, que sin respeto á lo que la cortesía exigia, dejando á las visitas con la palabra en la boca, se escurrió por una escalera secreta, con tal precipitacion y azoramiento, que por dos ó tres veces distintas estuvo á punto de romperse la crisma.
Ilustración de Arthur Rackham perteneciente a una Edición de 1933.
Al llegar á la puerta del gabinete, acordándose de la terminante prohibición del marido, y temiendo las resultas de la desobediencia, se detuvo un momento; pero la tentación venció al temor, y no hubo remedio.
Echó mano á la llavecita y abrió, temblando, la puerta del gabinete.
Al principio no pudo ver nada, porque estaban cerradas las ventanas; al cabo de un rato empezó á notar que el suelo estaba lleno de sangre cuajada, en la cual se reflejaban los cadáveres de muchas mujeres sujetadas á lo largo de las paredes.
Eran las esposas de Barba azul, degolladas una en pos de otra por el feroz marido. Quedó muerta de miedo, y la llave del gabinete, que acababa de quitar de la cerradura, se le cayó de la mano.
Recobrada algun tanto del susto, cogió la llave, cerró la puerta, y subió precipitadamente á su habitacion para respirar con libertad; pero no pudo dominar su emocion terrible.
Ilustración de Hermann Vogel de una Edición de 1887.
Como advirtiese que la llave del gabinete estaba manchada de sangre, dos ó tres veces intentó limpiarla, mas en balde; la mancha no queria salir. Por más que la lavó, por más que la frotó con arena y con asperon, la sangre no se quitaba; porque la llave estaba encantada y no habia medio de limpiarla. Cuando la sangre desaparecia de un lado, aparecia en el otro.
Barba azul regresó aquella misma noche, y dijo que por el camino habia recibido cartas, noticiándole la feliz conclusion del negocio que le sacó de casa. Su esposa le demostró tan bien como pudo, cuánto se alegraba de su pronta llegada.
Al dia siguiente Barba azul pidió las llaves, y su mujer se las entregó con una mano tan trémula, que el receloso marido al instante cayó en la cuenta de lo que habia sucedido.
—¿Porqué no traes la llave del gabinete? —le dijo.
—No sé, contestó ella. Estará arriba en mi mesa...
—¡Venga tráela al momento! —replicó Barba azul.
No valieron contestaciones, ni disculpas; no hubo más remedio que subir por la llave.
Barba azul, despues de examinar la llave, le dijo á su mujer:
—¿Porqué está manchada de sangre?
—Yo qué sé, contestó la muchacha más pálida que la muerte.
—¿Con qué no sabes? —exclamó Barba azul—: pues yo sí lo sé. ¿Quisiste entrar en el gabinete? Bueno, bueno, entrarás en el gabinete, é irás á colocarte al lado de tus compañeras.
La infeliz muchacha se arrojó á las plantas de su marido, hecha un mar de lágrimas, pidiéndole perdon y dando prueba harto manifiestas de cuán arrepentida estaba de haber quebrantado sus mandatos.
Ilustración del grabador, impresor, ilustrador y empresario inglés Edmund Evans (1826-1905) perteneciente a una Edición de 1880.
Tan hermosa y afligida era capaz de quebrantar una peña; pero el corazon de Barba azul era más duro
que las peñas.
—Señora, le dijo, moriréis, y al insante.
—¿Porqué quieres matarme? —respondió ella mirándole con los ojos arrasados en llanto—. Concédeme al menos algun tiempo para rogar á Dios.
—Medio cuarto de hora —replicó Barba-azul—: ni un minuto más.
Así que se vió sola, llamó á su hermana, y le dijo:
—Mi querida Ana (así se llamaba): por la Vírgen santísima, corre, sube á lo más alto de la torre, y mira si descubres á mis hermanos. Me prometieron visitarme hoy. Si les ves, diles por señas que se apresuren á llegar.
Otra Ilustración de Louis Martinet (1814 - 1895).
Ana subió á lo alto del a torre, y su infeliz hermana á cada instante en alta voz le decia:
—Ana, mi querida Ana, ¿ves algo?
Y la hermanita Ana contestaba:
—Nada. Veo el sol que polvorea, la yerba que verdeguea.
Entretanto Barba-azul con un enorme alfanje en la mano, con voz de trueno gritaba:
—Baja al instante, ó subo yo.
—¡Por la Vírgen de los Desamparados! Un momento, respondia su mujer. Y luego, bajando la voz, repetia:
—Ana, mi querida hermanita Ana, ¿ves algo?
Y la hermanita Ana contestaba:
—Nada. Veo el sol que polvorea, la yerba que verdeguea.
—Baja al instante, gritaba Barba azul, ó subo yo.
—Voy, voy, contestaba su mujer. —Y luego, bajando la voz, decia—: Ana, mi querida hermanita Ana, ¿ves algo?
—Veo, contestó Ana, una espesa nube de polvo que se va acercando.
—¡Son mis hermanos!
—No, hermanita mia; no se ve más que un rebaño de ovejas.
—¿Bajas ó no, con dos mil de á caballo? —gritaba Barba azul.
—Al momento, al momento, contestó su mujer. —Y luego decia por lo bajo—: Ana, mi querida hermanita Ana, ¿ves algo?
—Veo dos caballeros que vienen hácia acá, pero están muy léjos todavía... ¡Alabado sea Dios! —Exclamó al poco tiempo—: Son mis hermanos; y les estoy diciendo por señas que aprieten el paso.
Ilustración de JB Géiser
Barba azul estaba echando sapos y culebras, y gritando tan desaforadamente, que retemblaba todo el edificio.
La infeliz esposa tuvo que bajar, y desgreñada y pálida y anegada en lágrimas se arrojó á los piés de su
marido.
—Todo es inútil —exclamó Barba azul—: llegó tu hora.
Miéntras con una mano la tenia cogida por los cabellos, con la otra levantaba en alto el alfanje para cortarle la cabeza.
La pobre mujer, alzando su frente y mirándole con ojos moribundos, le suplicó que le concediese algunos instantes para recomendar el alma.
—No, no, dijo él; Dios te perdone. —Y levantando el brazo...
Al mismo instante llamaron á la puerta con tal furia, que de golpe se quedó Barba azul suspenso.
De repente ábrese la puerta, entran dos caballeros espada en mano, y arremeten contra él.
Obra del pintor, ilustrador y litógrafo francés Frederic Theodore Lix
Conociendo Barba azul que serian los hermanos de su mujer, dragon el uno, y mosquetero el otro, tomó corriendo las de Villadiego.
Ilustración de Gustave Doré, en una edición de 1862.
Mas de poco le valió la ligereza de las piernas, porque ántes de que pudiese llegar al primer peldaño de la escalera, ya los dos hermanos le habian atravesado el cuerpo con sus espadas, y cayó muerto. La infeliz mujer, casi tan muerta como su marido, no tuvo aliento siquiera para abrazar á sus hermanos.
Vióse luego que Barba azul no dejaba ningun heredero, y que por lo tanto su mujer quedaba dueña y señora de todas sus riquezas.
Una buena porcion de la herencia, la destinó para casar á su hermanita Ana con un jóven gentilhombre, que desde mucho tiempo la amaba; con otra parte de los bienes compró empleos de capitan, para sus hermanos; y lo restante le sirvió para casarse ella misma con un sujeto de excelentes prendas, en cuyos brazos olvidó pronto los malos tratamientos de su difunto y desalmado consorte Barba azul. ■
FIN
MORALEJA. (Una peculiaridad de Perrault)
Si la curiosidad tiene su encanto,
Causa es tambien de llanto.
De la docta experiencia bien lo infiero:
Placer tan soso y huero
(Perdonen las mujeres)
Es el más baladí de los placeres.
En esperanza inquieta y martiriza,
Y al tocarlo deshácese en ceniza.
Por muy barato que un placer tan raro
Se llegate á comprar, es siempre caro.
OTRA.
Cualquiera que el teclado
Entienda de este mundo y la cucaña,
Conocerá que el lance que he contado
Pasó en los tiempos de Maricastaña.
No corren ya maridos tan terribles,
Ni maridos que pidan imposibles.
Los más fieros, celosos y guapazos
Suelen ser unos pobres calzonazos.
Y aunque tengan morada,
Verde, amarilla, azul ó colorada
La barba los follones;
Las mujeres se calzan los calzones.
Un articulo de el “Bibliotecario”
para Queseenteren
Grabado en cobre, calcografía (a buril) de Antoine Clouzier, según el gouache del manuscrito de 1695. Ilustración que adorna la primera edición de “Contes de ma Mère l’Oye” de Charles Perrault , París, publicada por Barbin en 1697.
Orígenes o Fuentes del Personaje de “Barba Azul”
Barba Azul se inspira originalmente en la tradición oral. Si bien, tras la publicación del relato de Perrault, se le asoció con diferentes personajes históricos o mitológicos, repasémoslos:
Conomor, un personaje bretón semilegendario, del que se dice que mató a sus esposas, la cuarta de las cuales, Tréphine, es coherente con el personaje del cuento de Charles Perrault. Este rey fue llamado Baro glaz (“barba gris” en bretón, pero el adjetivo "glaz" también tiene el significado de azul o verde). Por lo que Podría deberse a una mala interpretación de que esta expresión bretona se hubiera transformado en Barba Azul.
Otro figura histórica que se consideró inspiradora es la de Gilles de Rais, compañero de armas de Juana de Arco, que fue descrito como “Barba Azul”. Y que fue ejecutado tras ser acusado de haber violado y asesinado a varios niños y jóvenes; pero, más allá de los asesinatos en serie, su vida y sus acciones distan mucho de las del protagonista de nuestro cuento o historia.
La misma imagen con algunas variantes, publicada en la versión impresa en Inglaterra en 1729
En definitiva, no está claro cual es la fuente del cuento, lo lógico sería quedarnos con la versión narrada en el cuento de Charles Perrault; y considerarlo como lo que es...: «Un relato popular oral, cuyos orígenes se pierden en el tiempo». ■


