“QUERIDO CHATO”
PRÓLOGO
Una novela que te hará revivir, o conocer, como vivíamos con Franco
Como y que se enseñaba en los Colegios, que juegos practicábamos, como nos relacionábamos con nuestros vecinos, de que manera nos iban cambiando la vida los nuevos adelantos tecnológicos, que ocurrió con los perdedores de la guerra civil, que derechos legales tenían las mujeres, hacía donde emigraban los españoles, como actuaba la policía, como se trataba a los homosexuales, hasta cuanto influenciaba la Iglesia en nuestras vidas…
UNA SIMPÁTICA Y A LA VEZ TRISTE NARRACIÓN AUTOBIOGRÁFICA, QUE TE LLEVARÁ A ESOS AÑOS EN LOS QUE ESPAÑA ERA GOBERNADA POR FRANCISCO FRANCO.
En exclusiva por cortesía del Autor, veamos el doceavo de sus Capítulos:
1964. Los Viajes de mi Padre a Suiza. (7)
Capítulo 13
En este Capítulo recordaremos cual fue el último viaje de mi padre como emigrante en "busca de fortuna". Y lo hizo hacía Suiza.
Logró que se le valoraran sus méritos hasta el punto de darle unas condiciones muy ventajosas para desempeñar su trabajo.
Más como repite recurrentemente nuestro autor: "No todo el Monte es Orégano...".
Como complemento informativo, conoceremos con "pelos y señales", quienes eran los españoles que emigraron por Europa en aquellos años. Así, el perfil medio del emigrante era de: Jóvenes entre 25 y 29 años, con predominio de los varones, llegando hasta el 84 %. De los cuales el 70% estaban casados y casi la mitad de ellos procedían de realizar trabajos en el campo.
Supongo que el año de 1964, supuso un “punto y aparte” en la vida de mi padre. Todo lo tenía preparado para otro de sus viajes por «todo lo largo y ancho de este mundo», frase que popularizó el “Capitán Tan”, un personaje ficticio de la serie de televisión “Los Chiripitiflaúticos”, emitida por TVE en los sesenta.
Pero mi padre jamás se pudo imaginar que éste no sería un viaje más a los que añadir a su larga lista, en verdad sería su último y definitivo viaje que realizaría.

Recupero esta portada de la entrañable revista “TP Teleprograma”, que dedicaron al cuarteto de artistas que intervenían en
ste programa infantil, y que cada tarde emitía TV1. Ellos son: Locomotoro (Paquito Cano 1928 (98 años)) — El Capitán Tan (Félix Casas 1930-2020 (89 años)) — Valentina (María del Carmen Goñi 1928 (97 años)) — El Tío Aquiles (Miguel Armario
Bosch 1916-2000 (84 años)). Cabe destacar la longevidad de todos ellos, en especial los aún vivos, de Locomotoro y Valentina. Por cierto, esta portada me ha sido difícil de localizar, al final, esta procede de una anuncio de "en venta" publicado en internet. Lo que demuestra que son muchos los seguidores que aún recuerdan este programa...
Desde su partida con destino al país Helvético, no tardó más de una semana en regresar de improviso. Cuando mi madre le preguntó la causa de este repentino regreso, éste argumentó, que nada más llegar a Suiza, pensó que su obligación como padre era, estar en casa y participar en la crianza de sus hijos. Mi madre que «no tenía ni un pelo de tonta», no se creyó el motivo del inesperado regreso:
—¡Pero si ya prácticamente he criado sola a cuatro de tus hijos!, ¡qué más da otro!
—No he estado todo el tiempo contigo, ¡pero no os ha faltado de nada!
—¡Bueno, de esto hay mucho que hablar!
—¿Qué quieres decir, habla claro?
—¡Mira Damián no quiero discutir! —para finalizar la discusión, optó por contestarle de otra manera—, ¡me alegro mucho de que estés en casa!
—¡Sin sorna!
—¡No te lo digo con ninguna sorna!, y ya que estas aquí, acompaña a tu hijo Andrés al wáter, que noto que se está cagando y con dos años no sabe hacerlo sólo.
A regañadientes mi padre acompañó al pequeñín al baño y lo sentó en su orinal, dónde hizo una buena y olorosa “cagada” en honor a su recuperado padre.
Lo que en verdad motivó su regreso fue que, en este viaje todo le salió mal. Al igual que ya le había pasado en alguno de sus otros viajes.
Especialmente en el último que hizo varios años atrás a Venezuela, país al que tenía prohibido regresar, al haber una orden de detención sobre su persona. O al menos esto era lo que se creía mi padre.
Mapa en el que se muestran los 26 Cantones que componen el Estado Federal de Suiza.
…En éste que comento, el último a Suiza, si bien no llegó a tanto, algo se le pareció. Ocurrió que cuando cruzó la frontera entre Francia y Suiza, en un control realizado en el tren donde viajaba, la policía le pidió su documentación y su permiso de trabajo:
—¡Monsieur votre documentation! («¡Señor su documentación!»).
—¡Le voici! («¡Aquí la tiene!»).
—¡Laisse moi voir ton permis de travail! («¡Déjeme ver su permiso de trabajo!»).
¡Touché! («Tocado»), el hombre no sabía dónde meterse, aunque la mayoría de las veces siempre viajó con los papeles en regla, es decir con su permiso de trabajo; en esta ocasión no los tenía correctamente. Esto ya le había pasado en otros viajes anteriores realizados también a Suiza. En aquellas ocasiones «salió de rositas», pues simplemente le indicaron que pasara un día por una Comisaría de Policía y lo presentara; y si no, bastaba con que un suizo manifestara que lo conocía y avalara que el español estaba tramitando el permiso de trabajo. Pero en aquel año, había saturación de inmigrantes en el país, y las autoridades habían dado órdenes de que fueran más escrupulosos con ellos.
Provocando eso, que mi padre acabara en la Comisaría, allí lo ficharon y prepararon los papeles para su expulsión del país. Para completar dicha orden, un “gendarme” repasó con él algunos datos, en este caso hablaba perfecto español:
—¿Y su domicilio está en la isla de Mallorca?
—¡Si señor!
El policía tuvo compasión por él, le recordaba a su padre, pues era hijo de otro inmigrante español llegado muchos años atrás.
—¡Mire Damián! ¿Usted debe de conocer a alguien que sea suizo y pueda avalar su estancia en el país?
Ciertamente si conocía a alguien, pero no quería decirlo para no comprometerla; pero en vista de lo que pasaba, cambió de idea, y sacó de su bolsillo una carta que le había remitido unos meses antes su “conocida”. La había dirigido a la casa de los abuelos de Mallorca, ¡y mi madre sin saberlo!, ¡así que esta era la causa que motivó el viaje!, ¡qué bribón! Y se la entregó al “gendarme”. El policía la leyó detenidamente y en dos ocasiones, como destripándola, tras lo cual:
—¡Efectivamente, esto nos puede valer! Está claro que le está diciendo que venga a Suiza y le dará trabajo, es como un compromiso laboral. Miraré de averiguar su número de teléfono, no será difícil, pues no creo que haya muchas pensiones con este nombre en Berna. El papel de la carta sólo tenía el nombre de la pensión.
El gendarme se marchó a hacer sus averiguaciones y al poco tiempo regresó:
—¡Bueno Damián, ya tenemos la dirección y el número de teléfono!, mañana mis compañeros de Berna (capital de Suiza), irán a visitar a Madame “Le Pen” en su pensión del mismo nombre.
—¿Entonces me puedo marchar?
—¡Lo siento mucho!, pero no podemos soltarle hasta que no aclaremos todo este asunto.
¡Pues “mon cheri”!, que los aviones estadounidenses salen de las bases que tienen ellos en España!
Con todo esto de la “Guerra del Vietnam” y los bombardeos que están realizando los norteamericanos, nuestro gobierno es muy escrupuloso con que se cumplan las normas de inmigración. No quiere que se pueda dudar de la imparcialidad de Suiza.
—¿Y yo que tengo que ver con los bombardeos de “Vietnam”?
—¡Pues “mon cheri”!, que los aviones estadounidenses salen de las bases que tienen ellos en España!, así que, lamentándolo mucho, esta noche dormirá en nuestros calabozos.
Y hacia ellos se lo llevaron, le pusieron en una celda individual. Al poco rato el mismo guardia le trajo la cena, que mi padre devoró inmediatamente; no había comido nada en todo el día.
Pasó la noche pensando en todo, y especialmente no se podía quitar de la cabeza, lo que le había dicho el gendarme sobre los bombardeos de “Vietnam”.
Al otro día, a primera hora, el mismo gendarme le trajo el desayuno y una toalla con una pastilla de jabón.
—¡Vamos Damián, a desayunar que hoy puede ser un día muy especial para Usted! Le traigo también esta toalla y jabón para que se asee.
—¡Muchas gracias! ¿Usted que vive aquí, en la Comisaría? —díjole con sorna.
—¡Qué va! Ha coincidido con mi guardia, ¡mera casualidad!
Sobre el mediodía, de nuevo apareció el guardia y con la llave de la celda, mi padre al verle abrirla se alegró y le sonrió.
—¡Vamos Damián venga conmigo! —Llevándolo de nuevo a la sala de antes. Ya sentados ambos.
—Tenemos malas noticias para Usted.
—¿Qué ocurre?
—Mis compañeros han ido esta mañana a la pensión de la Señora “Le Pen” y le han enseñado su carta; ella ha dudado unos instantes, pero ha negado haberla escrito.
—¡Pero eso no es verdad! ¡Ella me ofreció el trabajo!
—Mis compañeros me han dicho algo más, resulta que estaba presente también su marido; un Coronel jubilado del Ejército Francés, cuando se le ha preguntado. Lo que pensamos todos, es que, delante de él no se ha atrevido a reconocerlo, por la reacción que pudiera tener su marido...
—¡¿Su marido?! Si me había dicho que estaba a punto de divorciarse, hasta se ha referido a él; como “el cabrón de Michel”.
—¡Pues ya ve Monsieur, posiblemente lo reconsideró! ¿Cuándo se lo dijo?
—Ya hace un año, en otra carta que me remitió.
—¿Usted tiene un romance con Madame “Le Pen”?
Mi padre no sabía que responder, pero optó por no “marear más la perdiz” con este tema, “la suerte estaba echada”.
—¡Prefiero no contestarle, si lo tuviera no valdría para nada en este asunto!
—¿Pero porqué insulta al marido llamándole cabrón?
—Porqué lo es… ¡Es un maltratador!
—¡Le comprendo, es Usted un caballero! Pero lamentándolo mucho, hemos de expulsarle del país; mis compañeros le acompañaran al puesto fronterizo por donde entró. Y ya desde Francia, las autoridades francesas le conceden hasta cinco días para que cruce la frontera con España. El estado suizo le entregará… ¡cuando salga del país!, 100 francos suizos; con ese dinero podrá cruzar Francia y también la frontera española. No se le pondrá ninguna marca en el pasaporte de la expulsión, así evitaremos cualquier represalia de su policía.
—¡Monsieur, se ha portado usted como un caballero! Su padre puede estar muy orgulloso de usted.
El hombre se ruborizó con estas palabras de reconocimiento, pero mi padre no quería partir sin hacerle una pregunta más:
—Lo de los bombardeos sobre “Vietnam”, ¿han tenido algo que ver?
—¡Esto fue una trola que me inventé!, lo hice para que tuviera algo que pensar esta noche. ¡Qué coño le importará a nuestro Gobierno los bombardeos! Lo que no quieren nuestros “gerifaltes”, es que vengan más inmigrantes durante unos años, ¡nuestra economía ya no va tan bien! —Ese sentir vino como consecuencia del paulatino aumento de la inmigración. En los años sesenta ya el 13,7% de la población era extranjera, y en 1974 alcanzó hasta el 16,8%.
—¡Qué cabrón! —exclamación dedicada al gendarme, que lo tuvo toda la noche pensando en los puñeteros bombardeos.
—¡Mire que no le damos los cien francos! —Sonriendo.
…Al cabo de unas horas, los gendarmes acompañaron a mi padre por tren hasta el puesto fronterizo; allí aprovechando la parada del ferrocarril, informaron a los gendarmes franceses sobre la expulsión y abandonaron el tren.
Los policías franceses ya no dejaron el vagón, acompañaron al español hasta el destino final, que era Paris. Al llegar a la capital y sin darle mayor importancia; se dirigieron a mi padre recordándole que tenía hasta cinco días, para abandonar Francia cruzando la frontera española. Indicándole la línea del tren que le podía servir de empalme:
—La ligne de train numéro 36 vous emmènera à Nîmes, et de là vous pourrez faire d'autres correspondances. Bon voyage monsieur ! —que traducido le dijeron:
«La línea de tren numero 36 le llevará hasta Nimes, y desde allí puede hacer otros empalmes. ¡Buen viaje señor!»
Fueron muchísimos los españoles que optaran por la emigración, buscando países en los que la situación económica fuera más halagüeña.
Cosa que sin más dilación hizo, estaba agotado del “puto” y último de sus viajes.
En España le recibimos con mucha alegría, la “aventura” había sido más corta de lo programado.
Tardó muchos años en contar la verdad de lo que le había pasado, cuando regresó sólo dijo que: «os extrañaba mucho y decidí cambiar de planes…». ¡Ver para creer!
EL VIAJE ANTERIOR
Poco tuvo en común este viaje con el que había realizado unos cuatro o cinco años antes, ¡más o menos! Me es difícil saber el número exacto de viajes que realizó. En una ocasión, para “investigarlo”, recurrí a sus pasaportes; que por cierto tuvo muchos y que conservaba como un tesoro. Me fue muy difícil el contarlos, pues estaban completados en todas sus páginas con los sellos de las aduanas de diferentes países y fechas. También estaban los sellos de nuestra aduana, que señalaban sus regresos a la “madre patria”.

Postal de ZURICH de los años sesenta.
…Así pues, volviendo unos años atrás a este mencionado breve viaje, un día llegó con su maleta a la ciudad de Zúrich, un lugar repleto de bancos en el norte de Suiza. Con muchos años de existencia y repleta de paseos costeros que siguen el rio que la cruza, en los que encontrabas infinidad de restaurantes y bares. Reunía unas óptimas condiciones para recibir todo el año, un buen número de turistas y hombres de negocios. El lugar perfecto para apreciar la experiencia de un buen “maître” como era mi padre.
El mismo día que llegó, se presentó en uno de los mejores restaurantes de la ciudad y fue inmediatamente aceptado; eso sí, en período de pruebas. Los suizos en aquellos años eran muy legalistas, todo lo querían correcto, la dirección del restaurante se encargó de arreglarle todos los permisos; ¡qué diferencia!, comparándolo con el último viaje de marras mencionado antes. La “diferencia” estaba en el tiempo, entre necesitar o no inmigrantes…
No hablaba muy bien el alemán, que era el idioma oficial de este “cantón” suizo. Sin embargo, su francés de cada día era más fluido, y como estos dos idiomas eran los más hablados y los que conocían todos los suizos; salvaba el problema.
Suiza tiene cuatro idiomas oficiales, la zona más extensa lingüísticamente hablando, es la que corresponde al alemán, que se habla en el 68,6% del país. Sumando 19 de los 26 cantones donde el alemán es la lengua predominante. Le sigue el francés, hablado principalmente en la parte occidental, supone el 22,8% del total.
Estos dos idiomas se complementan con una población que supone el 8,1%, es el que “parla” el italiano. Y aquí no acaba, nos queda el romanche, que lo habla una minoría de sólo el 0.5 %.

Zonas donde predomina cada uno de sus idiomas oficiales.
…Su nuevo jefe y propietario del restaurante, cumplía rigorosamente con el pago de los salarios. Cuando cobraba a principios de mes, mandaba por giro la mitad de sus ingresos a nuestra casa, el resto se lo quedaba él, para pagar la pensión donde se hospedaba y otros gastos. La comida y cena las hacía en el establecimiento, estaba en su acuerdo laboral y le salían gratis. Trabajaba mucho, se apuntaba a todos los turnos para ganar más francos suizos. En aquellos años el valor del franco era de 13,72 pesetas; un camarero venía a cobrar semanalmente de 1000 a 1500 pesetas, a las que había que añadir las propinas.
Mi madre con el dinero que recibía, más lo que ella aportaba con sus trabajos de poner inyecciones, como costurera y otros que pudieran salirle; mantenía un nivel de vida medio en nuestra familia. En aquellos tiempos éramos una sociedad menos consumista, nos adaptábamos a lo que había. Hacía pocos años que se empezaba a ver la luz y se iban dejando las miserias que conllevó la “autarquía” en el país. Es decir, la política practicada por Franco, de autoabastecernos con nuestros propios recursos, como solución a los bloqueos económicos que se impusieron al país.
Pero aún los salarios eran bajos, y lo normal en esa época de España; fue que se tuvieran más de un empleo para poder llegar a final de mes. .
Ante esta situación, no era de extrañar que tantos españoles optaran por la emigración, buscando países en los que la situación económica fuera más halagüeña; entre ellos mi padre.
Y continuando con él y su estancia en Suiza, en este restaurante de Zúrich trabajó los años siguientes. Pero, un día apareció en el restaurante, una mujer que se acercó a la barra de la entrada, donde solían esperar los clientes hasta que les atendiera el “maître”, mi padre; que los conducía hasta una mesa y luego les hacía la oportuna comanda:
—Bonjour madame! Attendons-nous quelqu'un ou allez-vous manger seul? («¡Buenos días señora! ¿Esperamos a alguien o va a comer usted sola?»).
Para hacerlo más breve, pese a que mantuvieron la conversación en francés, utilizo el español, a partir de aquí y en casi todo el relato de lo que sucedió:
—¡Efectivamente comeré yo sola!
—¡Correcto, aquí tiene la carta!
—¡No hace falta!, ya sé lo que quiero, me han aconsejado que tome “lubina a la sal”.
—Buena elección, y para beber, ¿qué desea?
—Un vino blanco con aguja, ¡se lo dejo a su elección!
—¡Perfecto! Si me lo permite, la casa le invita a un aperitivo ¿Qué le apetece?
—¡Un “Ricard”! —un pastís o anisete, que se suele servir 1 con 5 partes de agua.
—Tout de suit!

Anuncio de la época, promocionando la bebida de este aperitivo francés, creado en 1932 en Marsella por Paul Ricard. Más no tardó en expandirse por toda Europa; España incluida.
En 1975, los viejos rivales de “Pernod” y “Ricard” se fusionan formando la empresa Pernod Ricard S.A. Que a partir de entonces no dejó de crecer, absorbiendo empresas y marcas de este sector y el de la vinicultura. Siendo en la actualidad una de las primeras empresas del mundo. Un “Ricard” está considerado un pastis, es por tanto una bebida anisada que se toma en aperitivo con agua fresca, cuyo contenido alcohólico ronda los 40-45%.
A los minutos un camarero le sirvió el “Ricard”, la lubina tardó un poco más de tiempo; al ser un plato que tenía que servirse por un experto y además con habilidad, especialmente al separar la capa de sal del pescado, mi padre hizo la tarea. Quien no tardó mucho en descubrir cuales eran en verdad las intenciones de la clienta; simplemente verle trinchar y desenvolverse, una manera eficaz y práctica de ver la profesionalidad de mi padre…
—¡Aquí tiene Señora!
—¡“Le Pen”, señora “Le Pen”! —Atrevida respuesta dada por una desconocida, la mujer cortó así el hielo entre los dos.
—Sabe, yo también soy del oficio y, me gusta observar a un buen profesional realizar su trabajo. Como ha hecho Vd. trinchando la lubina.
—¡Oh, muy amable Señora! —Al ser un profesional, sabía mantener las distancias y el respeto hacía el cliente, por eso intencionadamente siguió omitiendo el apellido.
—¡Marguerite, Marguerite “Le Pen!” —Más le iba a costar mantener las distancias.
—¡Bueno, ahora además ya se su nombre!
La comida continuó, la mujer eligió una tarta de frambuesa como postre, al tiempo que pidió la cuenta, que mi padre le trajo en una bandejita de plata.
—¡Aquí tiene Marguerite! —lo dicho…
La Señora “Le Pen”, la miró, sacó su cartera del bolso y puso los billetes de francos suizos en la bandejita.
—¡Ya está bien así, el resto por el buen servicio prestado!
Mi padre no hizo ascos a la buena propina, se limitó a dar las gracias.
—Merci beaucoup!
—¡Señor, quisiera hacerle una oferta de trabajo! Si fuera posible cuando termine su turno de comidas podíamos hablar de ello.
Mi padre tenía claro que estaba en ese país para ganar dinero, y por norma, no despreciaba ninguna oferta sin escucharla.
—¡Sin ningún problema!, si le parece nos podemos ver sobre las cinco; en la cafetería que hay en la esquina de esta calle, justo saliendo, girando a la izquierda, se llama “La Tyrolienne”.
—D´accord! —estuvo de acuerdo la Sra. “Le Pen”.
A la hora acordada, mi padre acudió a la cita en la cafetería, la mujer no estaba; pese a ello, se fue al fondo del establecimiento, que estaba más resguardado, y pidió un café con leche al camarero, su mente se puso a trabajar:
«Esta tía se ha quedado conmigo, es capaz de ser mi jefe quien me la ha enviado para hacerme una prueba de fidelidad al trabajo». —Y así continuó haciendo conjeturas… Más en este momento, por la puerta apareció la figura de la Sra. “Le Pen”, que se acercó a la mesa de mi padre; quién se levantó como mandan las normas de cortesía. La mujer inmediatamente justificó su tardanza:
—¡Señor discúlpeme!, pero me he enredado más de la cuenta en los almacenes “Dupont”; ¡ya sabe cómo somos las mujeres!
—¡Sin problema, acababa de llegar! —el “reputa” quiso mantener su situación ventajosa en esta entrevista, era a él a quien se le ofrecía un empleo y no él quien lo buscaba; las cosas cambiaban, y bastante.
—Vd. sabe mi nombre, pero yo, ¡no sé el suyo!
—¡Ah sí, me llamo Damián!
—¡Damián, que nombre tan simpático! ¿Es Vd. español, Damián?
—¡Sí, soy de la isla de Mallorca!
—¡La conozco, bonita isla!, hace dos años estuve de vacaciones, los pasé en un bonito hotel del norte de la isla, el “Hotel Formentor”. —Un veterano hotel de lujo construido en 1929, en una zona paradisiaca de la isla. Por sus habitaciones han pernoctado celebridades como Winston Churchill, Audrey Hepburn, Charles Chaplin, Grace Kelly o Robert Graves. Servidor lo conoció bien, pues “laborando” en un estudio de arquitectura e ingeniería, allá por 1974, me lo recorrí tomando medidas y elaborando un proyecto de su estado actual (el de año 74); lo ejecutamos en equipo, con Xisco Castañeda.
Desde aquellos años, el hotel paso por diferentes "manos", acabándolo vendiendo su último propietario, la cadena hotelera “Grupo Barceló”, al fondo andorrano Emin Capital, que compró toda la propiedad al grupo Barceló en diciembre de 2020 por 165 millones de euros. Quienes viendo la vejez de la construcción, optaron por derribarlo y reconstruirlo de nuevo, reproduciendo en la medida de lo posible, su "añeja" apariencia. Siendo hoy en día, el nuevo "Four Seasons Formentor", el más caro de la cadena de gran lujo de España.
—¡Es uno de los mejores hoteles de la isla!

Entrada y, sobreimpresa, postal con una vista del Hotel Formentor, las dos fotografías son de los 60.
—¡Pero no le quiero robar más tiempo, iré directamente al asunto! Yo soy la propietaria de una pensión en Berna, la pensión la llevo yo sola, con un poco de ayuda de mi marido y unas empleadas.
Mi oferta de trabajo es para el restaurante que tengo en los bajos de la pensión, que lo gestiono con otro personal. Es similar en su tamaño al que trabaja Vd. Damián.
Está muy bien situado, justo en la Plaza Mayor. Pero no he tenido suerte con el actual “maître”, no se sabe imponer con los camareros y en definitiva, ¡no da la talla!
—Y el cocinero, ¿qué tal? —sabía que el secreto de un restaurante es el cocinero.
—¡Muy bueno! Es francés, además habla también español, lo aprendió cuando estuvo trabajando en España.
—¡Pues sabrá hacer paellas! —exclamó intentando “endulzar” la conversación.
—¡Sí, y muy deliciosas!, la semana pasada nos preparó una de marisco para todo el personal.
—¡Esto es bueno! ¿Y cuáles serían mis condiciones económicas?
—Había pensado en mejorar un poco su actual sueldo, para que tenga un aliciente; y lo más importante, vincularle al negocio dándole un porcentaje de los beneficios.
—¿Qué porcentaje? —«¡Tengamos las ideas claras, Mademoiselle!», pensó.
—Lo fijaríamos después de que repases los “números”. ¡Perdón te estoy tuteando!
—No hay problema, si vamos a ser medio socios, está bien que nos “tuteemos”; no con ello se pierde el respeto, ¡Margarite!
Y así continuaron hablando de cómo era el restaurante y quienes trabajaban, la mujer estaba muy ilusionada con el “fichaje” del español.
—No puedes contar conmigo hasta dentro de dos semanas, le tengo que dar un poco de tiempo a mi jefe actual; para que busque a otro maître. Son muchos años trabajando con él y además, es lo correcto.
—¡No hay problema, lo comprendo, il est bien né, être reconnaissant”! («es de bien nacido, el estar agradecido»).
Aprovecharé estas semanas, para hacer cuatro reformas que tenía previstas y también para pintar el restaurante.
Hecho el acuerdo, mi padre comunicó al propietario su deseo de marcharse, no le dijo la verdad. Le puso la excusa de que por motivos familiares tenía que regresar a España una temporada. Evitando con ello una posible discusión, y dejaba la puerta abierta, por si tenía que regresar pidiendo trabajo.
…A las dos semanas, Damián se mudó con todos sus enseres, dos maletas, la que había traído al llegar y otra que iba cargando con cosas; que pensaba traer algún día para nosotros. En Berna le esperaba una grata sorpresa.
—¡Bienvenido Damián! Tengo una novedad para ti. He aprovechado las obras de la reforma, y te he acondicionado el desván de la azotea; lo he convertido en un estudio que espero sea de tu agrado, pues es donde vivirás. ¡Y sin pagar un franco!
—¡Una magnífica idea que te agradezco! Luego lo vemos, ahora quiero que me muestres el restaurante y me presentes a la gente; empecemos por el cocinero.
Tras lo que fueron haciendo la “route” por el lugar. La cocina era espectacular, estaba perfectamente dotada para dar de comer a unas 60 personas al mismo tiempo. ¡Una buena cifra de comensales!
—Damián, este es René, el “Chef de Cuisine” del que te hablé.
—Un plaisir René!
—¡El gusto es mío! —contestándole en perfecto español. Era gordito, como buen cocinero y muy simpático.
—¡Vamos a hacer un buen equipo! —exclamó ilusionado el nuevo “maitre” (Damián).
El equipo de la cocina se completaba con dos ayudantes, uno de ellos más avanzado, y que en alguna ocasión había sustituido al Chef René. Y otro que en los días de mucho trabajo, reforzaba el equipo, también como ayudante, pero aprendiz.
Y continuaron con el recorrido, abandonaron la cocina y se desplazaron al comedor.
—Aquí por lo menos cuento 20 mesas y, entre grandes y pequeñas caben 60 personas bien colocadas, las cifras cuadran con los medios de la cocina —continuó su repaso—. Los manteles y la cubertería están muy bien escogidos. —Al mismo tiempo que tocaba la tela de un mantel.
—¡Son de estreno, todo es nuevo! —puntualizó la propietaria.
—Pues habremos de hacer unas buenas “cajas” diarias para rentabilizarlos.
—Bien sûr! —En la zona de barra de la entrada, cinco camareros esperaban la presentación del nuevo jefe, y hacía ellos fueron, pero antes el “maître” pidió un dato:
—Marguerite, ¿quién es el maître saliente?
—¡Ninguno, ya se ha marchado!
—¡Mejor!, no me gustan estas situaciones de despedir a trabajadores.
—¡Cuando haya que despedir a alguien, me encargo yo! ¡Que para eso soy la dueña del restaurante! —Primer «aviso a los navegantes», «cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar».
—¡Hola monsieur Damián, yo soy Louis!
—Un plaisir Louis!
Y así se fueron presentando los cinco profesionales a su nuevo “maître”. Faltaba una hora para la apertura y mi padre tenía mucho que hacer; así que le planteó a madame “Le Pen”, que hablarían de algunas cosas, después de acabar el servicio de comidas del mediodía. A ella le pareció bien y con rapidez lo dirigió hacía su mencionado hospedaje, mejor dicho, estudio; para que se pusiera su elegante traje de maître, que por cierto, estrenaba.
Antes de la hora ya estaba en el tajo, ese día lo dedicó a observar y tomar notas. No tardó nada, en hacerle las primeras propuestas de cambio a Marguerite, no pudo esperar a la cita:
—He pensado, que podemos abrir también, los días de descanso.
—¿Y cómo lo vas a hacer? Aquí en Suiza los trabajadores tienen sus derechos.
—¡Por supuesto, y los respetaremos! Se trata de optimizar los turnos, primero conversaré con todos y sabré si alguno desearía tener libre todas las tardes-noche, a cambio de trabajar todas las mañanas, ¡déjame que lo estudie! Y cuando lo tenga planificado te lo comentó. Tu tendrás, como es lógico, la última palabra.
—Damián recuerda que las ovejas… ¡necesitan de un pastor!
—Sé a lo que te refieres, yo no tengo ningún problema en trabajar todos los días.
Además me tengo que ganar el sueldo y…, ¡mi porcentaje de la tarta!
—¡D´accord, planifica, planifica!
Así lo hizo, antes de una semana, creó un “planing” basado en las conversaciones que había tenido con todo el personal. Todo le cuadraba, no se pasaba de las horas legales y lo más importante, que logró vincular y satisfacer al personal.
Marguerite dio su “bendición” a los cambios y el restaurante a partir de su implantación, ya no cerró ningún día.
Fue un éxito rotundo, las cajas subieron y la clientela recibió muy bien, el hecho de estar siempre abierto el establecimiento. Sabían que podían acudir tanto a la comida, como a la cena, y todos los días de la semana.
Mi padre al cabo de un mes, cuando además del sueldo, cobró su porcentaje de la caja, y que nunca supimos cuánto fue, estuvo muy satisfecho. Y quiso recompensar al personal por su esfuerzo, convenciendo a Madame “Le Pen” para que les diera un dinero extra a todos ellos. Ni que decir tiene que, a raíz de ello, aún se esforzaron mucho más si cabía.

Fotografía de Raoul Salan (1899 - 1984) militar del Ejército Francés, y fundador del grupo terrorista de extrema derecha OAS, que provocó un golpe de estado en Argelia. De la misma edad que el mencionado Coronel de nuestra historia.
Pero este buen ambiente se iba a enrarecer. Un día apareció en el restaurante un militar francés, las estrellas y las muchas insignias que portaba indicaban que tenía la graduación de coronel; y que debía de haber participado en muchas batallas.
Mi progenitor se acercó a él y le preguntó:
—Que voulez-vous Monsieur? («¿Qué desea señor?»).
—Colonel, Colonel de la Légion Française! («Coronel de la Legión francesa»).
El español no quería problemas, había desarrollado una buena “mano izquierda” y, procuraba ir siempre por las buenas, cosa muy propia de los inmigrantes; siempre recuerdan que no son de ese país y tienen menos derechos.
—Désolé monsieur le Colonel! ¿Comment puis-je vous aider? («¡Lo siento Señor Coronel! ¿En qué puedo ayudarle?»).
Ya menos sulfurado el militar le preguntó: (Sigo ya traducido al español).
—¿Me podría decir dónde está mi esposa, Madame Marguerite “Le Pen”?
—Ha ido al banco, no creo que tarde mucho en regresar…
—¡Cuando venga, que venga a verme inmediatamente!, ¡la estaré esperando en nuestra casa!
—¡De acuerdo Señor!, ¡perdón, Coronel!
Al poco rato de marcharse, apareció Marguerite, algo debió intuir que había pasado pues preguntó: (sigo continuando en español).
—¿Te ha pasado algo Damián?
—¡Pues sí!, ha aparecido un militar francés que ha dicho que es tu marido.
—¡Mon Dieu, Michel! ¡Ya ha pasado un año!
—¡No entiendo lo que quieres decir!
—MI marido y yo, nos habíamos dado un año de reflexión, para continuar o no con nuestro matrimonio. Él se marchó destinado a La Guayana Francesa, una región de ultramar en America del Sur, ¡y ese tiempo ya ha pasado!
¡Aún no estoy preparada para tomar esta decisión, han sido muchos años juntos, con sus alegrías y… ¡sus desgracias! ¡Pero no deseo separarme ahora!, dejaremos pasar un tiempo más… digamos un año, ¡sí, un año será suficiente!
—¡Desde luego Marguerite!, esto son cosas tuyas y sólo tú sabrás lo que tienes que hacer. ¡Ahora bien, y te lo digo muy seriamente! ¡Qué no se meta en el funcionamiento del restaurante!
—Lo entiendo, antes de irse ya fastidió el negocio ¡Mi negocio!, este edificio lo heredé de mis padres, que eran como yo, ¡suizos auténticos!, y no un francés de “merde”. Todo lo que he invertido en él lo he pagado con mi dinero. ¡Mí dinero!
Pero aquello «fue de mal en peor», el Coronel, como no tenía nada que hacer durante el día, venía a «tocarnos los huevos» al restaurante; siempre vestía de uniforme, para impresionarnos a nosotros y crear un ambiente desagradable a los clientes.
Las quejas que le fue dando el “maître”, en los meses venideros a Madame “Le Pen”, no valieron para nada. ¡El Coronel, era mucho Coronel!, y tenía bien claro cuál era su objetivo. Hacer quebrar el negocio de su esposa y, que esta pasara a depender económicamente sólo de él, así la forzaría a irse a vivir juntos a Paris. Pues en verdad odiaba al país y a los suizos.
Además, para colmo, se había metido en la cabeza que Marguerite le engañaba con el español, mi padre. En vista de ello, los meses siguientes que pasaron, los utilizó para “fustigar” al “maître” y a su esposa Marguerite.
—¿Combien de fois m'as-tu trompé avec Damián? («¿Cuántas veces me has engañado con Damián?»).
Esto se lo preguntaba chillando con el restaurante lleno de clientes, la cosa no funcionaba, muchos asiduos dejaron de venir; el “planing” de los horarios se fue a la mierda. Unido a que dos camareros se marcharan a otro restaurante, provocó que de nuevo volvieran a cerrar dos días a la semana como descanso del personal.
…Se cumplió el año de margen marcado por la esposa, la batalla final se iba a producir, y ocurrió así. En el mismo restaurante y una hora antes de abrir para el servicio de cenas:
—¿Qué te pasa Marguerite, porque te tapas la cara con las manos?
—¡No es nada Damián, me he caído por las escaleras!
—¡A ver… déjame verte la cara! —Separándole las manos de su oculta cara, y allí vio su rostro con el ojo hinchado y otras marcas; más propias de una paliza que de una caída por una escalera. No hizo falta preguntar a la mujer para deducir que la paliza se la había dado Michel, el cabrón de su marido.
Mi padre se encendió, era “la gota que rebosaba el vaso”, y cuando se ofuscaba no atendía a razones, esto lo pude comprobar durante mi vida. Justo en este momento, se le ocurrió aparecer le Monsieur le Colonel, o sea Michel. Fue directo hacía donde estaba la pareja.
—Mauvaise chienne, les coups que je t'ai donnés n'étaient pas suffisants! («¡Mala puta, no te ha bastado la paliza que te he dado!»).
—¡PIM, PAM, PUM… PAM! —O un ruido similar, así sonaron la manta de ostias y patadas que le dio mi padre al jodido Coronel. Él y sus medallas rodaron por el suelo, desplomándose el militar, cosa que mi padre aprovechó para pegarle unas patadas extras, una de ellas en sus “œufs” (huevos). Por aquello que ya se sabe: «El que pega primero, pega dos veces».
—¡Para Damián, para, para que lo vas a matar!
La llamada de atención de Marguerite surgió efecto en mi padre, y recuperó el sentido, dejo de pegar al militar y se calmó. Éste permaneció en el suelo quejándose de la paliza recibida. Nadie del personal se acercó a ayudarle y ni mucho menos intentó frenar a mi padre. No se unieron a la paliza porque no hizo falta, pero las ganas de golpear al maltratador y “toca huevos”, no les faltaron.
—¡Y ahora hacerme el favor de llevar a este cabrón a su casa! —La casa del matrimonio estaba cerca del restaurante y, hacía allí el Chef René y un camarero lo acompañaron.
—¡Voy con ellos, es mi obligación como esposa estar con él y curarle!
—¡Por supuesto, y ya que estás que te de otra paliza!
Contrariamente a lo que mi padre pensaba que ocurriría, el Coronel no llamó a la policía, ni tampoco presentó ninguna denuncia a posteriori, supongo que dos circunstancias le influenciaron a no hacerlo. Una que su esposa estaba irreconocible por la paliza que le había dado, y la otra, que «su orgullo estaba por tierra», un soldado de a pie, y español, le había dado una buena manta de ostias y él no le había dado ni una.
Al día siguiente, antes de abrir el restaurante al público, mi padre vestido con ropa corriente y con sus dos maletas preparadas. Esperaba en el zaguán de entrada, en esta ocasión y como una excepción, tenía un vaso de malta que iba saboreando a sorbitos. La puerta se abrió y como escondiéndose, Madame “Le Pen” se acercó:
—¿Te vas Damián?
—¡Pienso que es lo mejor!
—¡Lo entiendo, pero te prometo que en cuanto pueda me separaré de Michel!
—Tú sabes que debes hacerlo, ¡si no lo haces!, ¡el día menos pensado te matará!
Marguerite asintió con la cabeza, reconociendo que eso podía pasarle.
Hicieron algunos números y le entregó un cheque, mi padre recibió su salario y su porcentaje, ni un franco de más. Con el cheque cogió un tren y regresó a Zurich.
Allí se hospedó unos días, justo el tiempo que tardó en comprar los billetes de las combinaciones de trenes y barco, que le traerían de regreso a la isla y… ¡Au revoir!

Una fotografía de una playa de Mallorca. Los Arenales de la Costa española, islas incluidas, se pusieron de moda en aquellos años y ya no dejaron de estarlo, en lo que sería ya conocido como el "BOOM TURÍSTICO".
En esta ocasión, a su regreso al hogar, trajo la famosa maleta cargada de cosas:
—¡Esto para mi mujercita! —Con el regalo se firmó la paz entre el matrimonio— Y esto, ¡para Isa!, ¡y esto otro para Leo! —Y así un regalo para cada uno de nosotros. ■

Una fotografía de una playa de Mallorca. Los Arenales de la Costa española, islas incluidas, se pusieron de moda en aquellos años y ya no dejaron de estarlo, en lo que sería ya conocido como el "BOOM TURÍSTICO".
En esta ocasión, a su regreso al hogar, trajo la famosa maleta cargada de cosas:
—¡Esto para mi mujercita! —Con el regalo se firmó la paz entre el matrimonio— Y esto, ¡para Isa!, ¡y esto otro para Leo! —Y así un regalo para cada uno de nosotros. ■
LOS ESPAÑOLES QUE EMIGRARON A EUROPA
Según las cifras oficiales del Instituto Español de Emigración (IEE), entre 1959 y 1973, emigraron al continente europeo un millón de personas (1.066.440). El 71% del total de los que salieron de España con diferentes destinos en el mundo, en esos quince años. El desplazamiento medio anual de ese periodo fue de 73.000 personas.
El perfil medio del emigrante era de Jóvenes entre 25 y 29 años, con predominio de los varones, llegando hasta el 84 %. De los cuales el 70% estaban casados y casi la mitad de ellos procedían de realizar trabajos en el campo.
Sobre la mitad de ellos, salieron con un contrato establecido entre el Instituto Español de Emigración y las autoridades de los países receptores, por un periodo inicial de un año. Si bien los datos oficiales no recogen que muchos emigrantes salieron de España clandestinamente, bien utilizando los contactos en el extranjero de familiares y paisanos; o captados por redes de emigración ilegales. Que les proporcionaban el transporte y les ofrecían trabajo, en muchas ocasiones engañoso. Como media emigraba un 51% más que las controladas por las autoridades.

Desplazamiento de un grupo de emigrantes con los escasos bienes que les acompañaban en su aventura...
Hubo unos cuatro periodos migratorios: Entre 1961 y 1964, fue una etapa de crecimiento sostenido de la emigración. De 1965 a 1968, se redujeron las salidas y aumentaron los retornos de los emigrados. De 1968 a 1973, otra etapa de emigración masiva. E iniciándose con la crisis mundial del petróleo de 1973 y que duró hasta 1977, vino una nueva etapa de retorno masivo de trabajadores emigrados y con escasísimas salidas de nuevos.
Estas oscilaciones se relacionan con etapas de crecimiento económico o de crisis de los países receptores. Desde el 73 el retorno tomó visos de definitivo.
La crisis económica de 1973, llevó al desempleo a más de cuatro millones de trabajadores de los nueve países de la CEE (Mercado Común Europeo), entre ellos estaban los receptores de emigrantes: Alemania, Francia e Inglaterra.
Las autoridades de estos países decidieron recortar o incluso suprimir la emigración, salvo para sus ciudadanos. Dando prioridad a los trabajadores en paro frente a los extranjeros, y no renovar los contratos de trabajo, por lo general de un año.
Alemania lo hizo en noviembre de 1973. Francia en Julio de 1974, salvo a los que realizaban trabajos temporeros en la agricultura (la vendimia). Y Suiza, que se unió a la misma política de la CEE unos meses después, a partir de agosto del 74, dificultó mucho la entrada de emigrantes.
Comparando el conjunto de inmigrantes españoles, con la población total y la población activa de los países receptores, se observa la importancia que tuvo su presencia en determinadas épocas. En Suiza llegaron a representar al 2,22% del total de la población, pero casi el 4% de la activa.
Los tipos de contrato de trabajo, cuando se formalizaban, eran los “Contratos anuales renovables” y los “Contratos temporales”. En Francia y en Suiza abundaban este tipo de acuerdo, pues la clase de trabajo era principalmente en la agricultura. A Francia acudían familias enteras, que iban a la recolección y nunca estaban fuera más de tres meses, y por lo general dos.
En Suiza los contratos temporales eran más largos, de 7 a 8 meses, los inmigrantes se dedicaban a la construcción o la hostelería. La mayoría de los inmigrantes eran varones y casados, como consecuencia de las dificultades que ponían sus autoridades (suizas) para la reagrupación familiar, permaneciendo sus familias en España. (Fuentes: Instituto Español de Emigración (IEE) e INTEF). ■
FIN DEL CAPÍTULO 13
Capítulo extraído de la novela: “Querido Chato”
para Queseenteren
TIENES A TU DISPOSICIÓN TODAS ESTAS MANERAS Y EDICIONES PARA LEER ESTA NOVELA BIOGRÁFICA:
SI DESEAS LEER ESTA SIMPÁTICA NOVELA DESDE UN "eREADER" (DISPOSITO DE LECTURA DE LIBROS ELECTRÓNICOS (ebook)).
LA TIENES A TU DISPOSICIÓN EN "AMAZON".
TIENES DOS VERSIONES:
LA CONVENCIONAL (Portada en color ROJO); y la ILUSTRADA (Portada en color AZUL).
Si ya eres usuario o cliente de "Amazon", UNA MANERA RÁPIDA DE LOCALIZARLO ES, PONER EN EL BUSCADOR O LUPA de "Amazon", el nombre del Autor:
Antonio G. Noguera
y TE LLEVARÁ A LA ZONA DE AMAZON DE ESTE ESCRITOR, DONDE PODRÁS SELECCIONAR O ESCOGER, EL LIBRO DE TU INTERÉS ESCRITO POR ÉL.
PARA HACERLO MÁS FÁCIL; A CONTINUACIÓN, TE OFRECEMOS UN BOTÓN DE ENLACE DIRECTO CON AMAZON, PÚLSALO Y ACCEDES:
(ES TOTALMENTE SEGURO: https://www.amazon.com/stores/Antonio-G.-Noguera/author/B00IQAOOLW?ref=ap_rdr&shoppingPortalEnabled=true&ccs_id=7cfed15e-3528-425c-9490-df29679fc9f1 ).
EL "ebook" tiene un equivalente a 1171 páginas de un libro impreso en papel, y su precio es ¡¡¡SUPER REDUCIDO!!! Cuesta sólo 3,42 €. (euros).
Y antes puedes DESCARGARTE UNA EXTENSA MUESTRA DEL LIBRO ¡¡¡GRATUITAMENTE!!!
Para que te sirva para "valorar" la novela biográfica.
TAMBIÉN PUEDES ADQUIRIR ESTA NOVELA IMPRESA EN PAPEL
POR SÓLO 29,90 €.
Gastos de Envío, con entrega en tu domicilio y mediante correo certificado, a nuestro cargo
COMPRA TOTALMENTE SEGURA Y PERSONAL
Características:
Libro en Tapa Blanda con Solapas │ Ancho 17,85 cm X Alto 25,25 cm │ Encuadernación Eco PUB papel de 300 gr. │ 768 Páginas en B/N de 90 gr.
Todos los derechos de esta novela están reservados.
No se permite su reproducción en ningún medio ya sea escrito, radio, televisión e Internet sin autorización previa del autor de la obra.
Si se autoriza reproducir un pequeña parte de ella para efectos de promoción, crítica o similar objeto.
Inscrito en el REGISTRO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL:
Número de Asiento Registral : 05/2023/121 Nº 00765-01261862
Depósito Legal: AS 02505-2023



