“LA SIRENITA”. Conociendo el Cuento original creado por Hans Christian Andersen, ¡sin “aditivos”...!
CONOCEMOS SU ORIGEN Y VEMOS EL RELATO COMPLETO, BELLAMENTE ILUSTRADO.

"LA SIRENITA" o "Den Lille Havfrue", nombre este con el que se le conoce por todos los daneses, es estatua de reducidas dimensiones, que reproduce a una Sirena descansando sentada sobre una roca, ubicada en el parque "Langelinie", en el puerto de Copenhague. en Dinamarca- Fue esculpida en 1837 por el artista danés Edvard Eriksen, quien se inspiró en el famoso cuento que vemos en este artículo, del escritor dánés Hans Christian Andersen.
”La Sirenita” fue escrita por Hans Christian Andersen en 1836 y publicada por primera vez por “CA Reitzel” en Copenhague el 7 de abril de 1837, en “Cuentos de hadas contados para niños”. Una 1ª Colección de nueve cuentos de hadas de Hans Christian Andersen. Se volvió a publicar en 1849 como parte de “Fairy Tales”. Y de nuevo en 1862 como parte del primer volumen de “Cuentos e historias de hadas”.
La historia sigue el viaje de una joven princesa sirena que, está dispuesta a renunciar a su vida en el mar como sirena, para ganar un alma humana.
La narración que presentamos es una traducción de “nuestra cosecha”, hecha, a su a su vez, de otra traducción realizada por la Sra. HB Paull en 1872 y en inglés.

Bella ilustración, relativamente actual, del artista Anton Lomaev, nacido en 1971.
...Lejos, en el océano, donde el agua es tan azul como el más hermoso aciano (planta con hoja azulada) y tan clara como el cristal, es muy, muy profundo; tan profundo, de hecho, que ningún cable podría sondearlo; ni siquiera muchos campanarios de iglesias, apilados uno sobre otro, alcanzarían desde el suelo hasta la superficie del agua. Allí habitan el Rey del Mar y sus súbditos.
No debemos imaginar que en el fondo del mar no hay nada más que arena amarilla y desnuda. De hecho
no; allí crecen las flores y plantas más singulares; cuyas hojas y tallos son tan flexibles que la más mínima agitación del agua los hace moverse como si tuvieran vida. Los peces, tanto grandes como pequeños, se deslizan entre las ramas, como los pájaros vuelan entre los árboles aquí en la tierra. En el lugar más profundo de todos, se encuentra el castillo del Rey del Mar.
Sus paredes están construidas con coral y las largas ventanas góticas son del ámbar más claro. El techo está formado por conchas que se abren y cierran a medida que el agua fluye sobre ellas.
Su apariencia es muy hermosa, porque en cada una de ellas hay una perla brillante, que sería digna de la diadema de una reina.
Resulta que, el Rey del Mar había enviudado hacía ya muchos años y era su anciana madre quien se ocupaba de la casa. Era una mujer muy sabia y sumamente orgullosa de su alta cuna; por eso llevaba doce ostras en la cola; mientras que a otros, también de alto rango, sólo se les permitía llevar seis. Ella, sin embargo, merecía grandes elogios, especialmente por su cuidado de las pequeñas princesas del mar, sus nietas.
Eran seis hermosas niñas; pero la más joven era la más bonita de todas; su piel era tan clara y delicada como la hoja de una rosa, y sus ojos tan azules como el mar más profundo; pero, como todos los demás, no tenía pies y su cuerpo terminaba en una cola de pez.
Jugaban todo el día en los grandes salones del castillo o entre las flores vivas que crecían en las paredes. Las grandes ventanas de color ámbar estaban abiertas y los peces entraban nadando, como las golondrinas entran en nuestras casas cuando abrimos las ventanas, sólo que los peces nadaban hasta las princesas, comían de sus manos y se dejaban acariciar.
Fuera del castillo había un hermoso jardín, en el que crecían flores de color rojo brillante y azul oscuro, y capullos como llamas de fuego; el fruto brillaba como el oro, y las hojas y los tallos se movían de un lado a otro continuamente. La tierra misma era la arena más fina, pero azul como la llama del azufre ardiente. Sobre todo se extendía un peculiar resplandor azul, como si estuviera rodeado por el aire de arriba, a través del cual el cielo azulbrillaba, en lugar de las oscuras profundidades del mar.
Ilustración de Jennie Harbour de 1932.
Cuando hacía buen tiempo se podía ver el sol, que parecía una flor violeta, con la luz saliendo del cáliz. Cada una de las jóvenes princesas tenía un pequeño terreno en el jardín, donde podía cavar y plantar como quisiera. Una arregló su parterre en forma de ballena; otra pensó que sería mejor hacer la suya como la figura de una sirenita; pero el de la menor, era redondo como el sol, y contenía flores tan rojas como sus rayos al atardecer. Era una niña extraña, tranquila y pensativa; y mientras sus hermanas estaban encantadas con las cosas maravillosas que obtenían de los restos de los barcos, a ella sólo le importaban sus hermosas flores rojas, como el sol, excepto una hermosa estatua de mármol.
Ilustración de Ivan Bilibin de 1937.
“Los niños en Hamelín”
Leyenda 244
Texto extraído del libro “Leyendas Alemanas” de los Hermanos Grimm; de la 1ª edición de 1816 publicada por "Editorial Nicolai"; Fuente ésta (edición) de muchas transmisiones de las mismas (las leyendas) de manera oral y escritas.
(Traducido del alemán por el equipo de Queseenteren).
...En 1284 apareció un hombre extraño en Hamelín. Llevaba un abrigo hecho de tela multicolor y colorida, por lo que se dice que lo llamaban “Bundting”, y se presentaba como un cazador de ratas, prometiendo librar a la ciudad de todos los ratones y ratas por una cierta cantidad de dinero.
Postal/Ilustración de Oskar Herrfurth (1862 - 1934), que fue un pintor e ilustrador alemán. Se formó en la escuela de arte de Weimar, donde también vivió durante muchos años, para luego trasladarse a Hamburgo. Pintó escenas costumbristas e ilustraciones de cuentos de hadas y trabajó como ilustrador.
Los ciudadanos llegaron a un acuerdo con él y le aseguraron un salario.
Postal/Ilustración de Oskar Herrfurth (1862 - 1934)
El cazador de ratas sacó entonces una flauta y la tocó/silbó, y las ratas y ratones inmediatamente salieron de todas las casas y se reunieron a su alrededor.
Cuando pensó que no había ninguna más por acudir, salió de la ciudad, y toda la multitud de ratas lo siguió, y así las condujo al Weser (río del noroeste de Alemania).
Allí se desnudó y recogió su ropa; metiéndose en el agua del río, tras lo cual todas las ratas lo siguieron y se ahogaron al caer.
Pero cuando los ciudadanos fueron liberados de su tormento, se arrepintieron del salario prometido y se negaron a dárselo al hombre con toda clase de excusas, de modo que éste se fue enojado y amargado.
Otra Ilustración de KATE GREENWAY incluida en una Edición de 1888.
El 26 de junio, día de San Juan y día de San Pablo, a las siete de la mañana, según otros al mediodía, apareció de nuevo; ahora en forma de cazador, con el rostro aterrador, vestido con un color rojo y un extraño sombrero; e hizo sonar su flauta y procurando que se oyera por todas las callejuelas.
Ilustración de KATE GREENWAY de 1888
Inmediatamente, esta vez no acudieron ratas ni ratones, sino niños y niñas a partir de los cuatro años, en gran número, entre los que se encontraba también la hija ya adulta del alcalde.
Postal/Ilustración de Oskar Herrfurth (1862 - 1934)
Toda la multitud lo siguió y él los condujo hasta una montaña, donde desapareció con ellos. Esto lo había visto una niñera que, con un niño en brazos, había seguido el grupo desde lejos, pero luego se dio la vuelta y contó lo visto a todos los de la ciudad.
Los padres acudieron en masa aporreando en todas las puertas buscando a sus hijos con el corazón afligido; las madres rompieron en gritos y llantos desgarradores. Desde ese mismo momento se enviaron mensajeros por tierra y mar a todos los lugares para averiguar si se había visto a los niños, o al menos a algunos de ellos, pero todo fue en vano. En total se perdieron ciento treinta. Se dice que dos, según cuentan algunos, se retrasaron y regresaron, pero uno era ciego y el otro mudo, de modo que el ciego no pudo indicar el lugar, aunque sí contó cómo habían seguido al juglar; el mudo, en cambio, señaló el lugar, aunque no hubiera oído nada.
Un niño pequeño había salido en camiseta y se dio la vuelta para ir a buscar su chaqueta, lo que le salvó de la desgracia; pues cuando regresó, los demás ya habían desaparecido en el hoyo de una colina, que aún hoy se puede ver.
Ilustración de KATE GREENWAY de 1888
La calle por la que los niños salieron hacia la Puerta de la Ciudad, se llamaba aún a mediados del siglo XVIII (y seguramente también hoy) la "bunge-lose" (sin sonido de tambor, silenciosa), porque en ella no se permitía bailar ni tocar instrumentos de cuerda. Es más, cuando se llevaba a una novia a la iglesia acompañada de música, los músicos debían guardar silencio al pasar por esa calle. La colina cerca de Hamelín, donde desaparecieron los niños, se llama "Poppenberg", y en ella se han erigido, a izquierda y derecha, dos piedras en forma de cruz.
Ilustración de KATE GREENWAY de 1888
Algunos dicen que los niños fueron conducidos a una cueva y salieron a Transilvania.
Los ciudadanos de Hamelín hicieron constar el suceso en el registro municipal, pero figura el 22 de junio en lugar del 26. En el ayuntamiento se inscribieron las siguientes líneas:
«En el año 1284, después del nacimiento de Cristo,
en Hamelín ocurrió lo siguiente:
Ciento treinta niños nacidos allí,
perecieron a manos de un flautista».
Y en la nueva puerta de la Ciudad:
«La puerta fue construida hace 272 años, hace ciento treinta y dos años, cuando el mago se llevó a los muchachos lejos de la ciudad».
En el año 1572, el alcalde mandó representar la historia en las vidrieras de la iglesia con el título correspondiente, que en su mayor parte se ha vuelto ilegible. También hay una moneda acuñada en ella...
FIN DEL RELATO ■.
Ilustración de KATE GREENWAY de 1888.
“El Flautista de Hamelín”
Leyenda 245
Texto Texto extraído del libro: idem anterior leyenda...
Procedencia oral de la Bohemia alemana.
(Traducido del alemán por el equipo de Queseenteren).
El Flautista de Hamelín conoce una melodía especial; si la toca o silba la flauta nueve veces, todas las ratas le siguen adonde él quiera, ya sea a un estanque o a un charco. (Con este inicio, que reproducimos tal cual se imprimió en la 1ª Edición (en alemán), a modo de introducción; el lector queda un poco despistado, dado que en la siguiente narración de la leyenda, no se menciona en sí, que tocara la flauta; probablemente debido al encadenamiento de las dos leyendas, la anterior y ésta en su publicación dentro del libro).
...Una vez, en un pueblo no se podían deshacer de las ratas de ninguna manera y, al final, llamaron a un cazador/exterminador. Este preparó entonces un bastón de avellano de tal manera que todas las ratas quedaban cautivadas por él, y quien lo tomara/cogiera, las ratas tendrían que seguirle. Más, esperó hasta el domingo y lo dejó delante de la puerta de la iglesia.
Cuando la gente se dispuso a regresar a casa tras el servicio religioso, pasó por allí un molinero que vio precisamente aquel bonito palo y dijo: «Me vendrá muy bien como bastón de paseo». Así que lo cogió y salió del pueblo en dirección a su molino. En ese momento, algunas ratas empezaron a salir de sus grietas y rincones y corrieron campo a través, cada vez más cerca, y cuando nuestro molinero, que no sospechaba nada y seguía con el bastón en la mano, llegó al prado, las ratas salieron corriendo tras él de todos los agujeros, atravesando labranzas y campos, y pronto le adelantaron; llegaron a su casa antes que él y, desde entonces, se quedaron allí convirtiéndose en una plaga insoportable.
FIN DEL RELATO ■.
Un reportaje de “El Anticuario”
para Queseenteren
Emplazamiento de Hamelín en Alemania
La ciudad de “Hamelín”
Hamelín (en alemán: Hameln) es una ciudad de la “Baja Sajonia” en Alemania, emplazada a orillas del río “Weser”, el mencionado en la leyenda. Tiene una población estimada de 57.434 habitantes.
En Hamelín nos espera un hermoso paisaje histórico lleno de magníficas casas de madera y piedra arenisca, muchas de ellas del Renacimiento. En medio hay pequeños callejones con cafés, pubs, acogedoras cervecerías y tiendas... Además, se puede seguir el rastro de las ratas de la leyenda, según la cual, en 1294, un cazador de ratas que había sido engañado con su salario, atrajo a los niños de
Hamelín fuera de la ciudad con una seductora música de flauta, y nadie los volvió a ver.
Fotografía actual de la famosa Casa del Flautista.
La Casa del Flautista de Hamelín (↑), una de las más bellas y grandes casas del Renacimiento, se encuentra en el centro de la ciudad en memoria de este acontecimiento. Al igual que la Casa de la Boda con su gran espectáculo de títeres. La pequeña isla Weser no sólo ofrece una hermosa vista del río y de la ciudad, sino que también es un lugar ideal para relajarse.
Fuente: Webs de viajes alemanas


