“QUERIDO CHATO”
PRÓLOGO
Una novela que te hará revivir, o conocer, como vivíamos con Franco
Como y que se enseñaba en los Colegios, que juegos practicábamos, como nos relacionábamos con nuestros vecinos, de que manera nos iban cambiando la vida los nuevos adelantos tecnológicos, que ocurrió con los perdedores de la guerra civil, que derechos legales tenían las mujeres, hacía donde emigraban los españoles, como actuaba la policía, como se trataba a los homosexuales, hasta cuanto influenciaba la Iglesia en nuestras vidas…
UNA SIMPÁTICA Y A LA VEZ TRISTE NARRACIÓN AUTOBIOGRÁFICA, QUE TE LLEVARÁ A ESOS AÑOS EN LOS QUE ESPAÑA ERA GOBERNADA POR FRANCISCO FRANCO.
En exclusiva por cortesía del Autor, veamos el doceavo de sus Capítulos:
1966. La Vecina Alfonsa, mi “Pito”, y el Casino. (9).
Capítulo 20
Hay cosas que hiciste o que ocurrieron cuando uno era adolescente, que tenemos las personas "almacenadas" en el trastero de nuestra memoria y allí esperan no ser olvidadas definitivamente, En este capítulo, el autor le da una "segunda vida" a varios de ellos. Empezando recordando a la "Alfonsa", una devota de la "Virgen de Fuensanta", como buena murciana que era; que siempre se portó muy bien con nuestro protagonista en esa etapa suya de adolescente. Llegando a convertirse incluso en enfermera ocasional de él.
Su marido Ambrosio, tampoco se quedó corto. Y mantuvo una buena amistad con el "Chato". Haciéndole participe de todo lo que aconteció con su nuevo vecino y su Casino Ilegal; la narración o recordatorio, no tiene desperdicio.
Las pinceladas de esta ocasión serán para la gran artista LOLA GAOS. Y otra para su antítesis, el magnate JUAN MARCH ORDINAS...
Hay cosas, como un lugar, un olor, un determinado objeto, una comida o inclusive una planta; que lo vinculamos en nuestra mente, con algo o alguien. Y esto me ocurre cuando veo un “lirio”, inmediatamente lo vinculo con nuestra vecina Alfonsa.
Y la relación es sencilla, ella era la que nos facilitaba estas flores, también conocidas como “calas” o “alcatraces”; que lucían en nuestro comedor, sobresaliendo de un jarrón que enardecía dichas hojas verdes y sus peculiares flores blancas, con su tronquito amarillo que brotaba del interior.
Cuando era su época, que creo que era casi todo el año, con la excepción de algunos meses de los inviernos muy fríos. Mi madre siempre los quería tener en casa. Por lo cual, una vez a la semana, recuerdo que solía ser los sábados, me mandaba a saludar a la Alfonsa y a comprar un manojo o ramo de “lirios”. De más mayor me sustituyó como recadero mi hermano Andrés.

“Zantedeschia aethiopica”, conocida comúnmente como "CALA", cala de Etiopía, aro de Etiopía, lirio de agua, cartucho, alcartaz (que significa cucurucho), flor de pato o flor del jarro, mal llamada alcatraz. Es una planta perenne herbácea de origen sudafricano, de la familia de las aráceas, la más robusta del género Zantedeschia. Adaptada y naturalizada en muchas otras partes del mundo de clima cálido o tropical, donde es comercializada y distribuida (Fotografía de Linda De Volder).
Alfonsa, que vivía junto a su marido Ambrosio, pintor de profesión, y no de lienzos, ¡vamos de los de siempre!, los de “brocha gorda”. Y sus dos hijos, uno llamado…, ¡no recuerdo!; que era el mayor, estaba casado y ya no vivía con ellos, jamás llegué a conocerlo. Y su hija, que era de mi edad y de nombre Mercedes.
Su casa estaba construida en una gran parcela de nuestra misma calle, pero un poco más arriba. El huerto estaba al principio, y justo al fondo del solar estaba la casa.
Para entrar, le dabas varios “tirones” a la cuerda de la campanilla que asomaba:
—¡TILÍN TILÍN! —con habilidad podrías tocar una melodía.
Y al rato, aparecía la pequeña y delgada figura de la Alfonsa. Una mujer que siempre me pareció más vieja de lo que en realidad era, posiblemente porque tenía muchísimas arrugas en su cara. Más adelante entendí, que eran provocadas por la ascendencia de la gente de su lugar de procedencia, un pueblecito de Murcia; habitado principalmente por agricultores muy curtidos por el Sol.
—¡Pasa Antoñito! ¿Supongo que vienes a por los “lirios”?
—¡MUA, MUA! —los obligados besos.
—¡Sí, Alfonsa!, te traigo el cubo de la semana pasada. —Éste era el utensilio que utilizábamos para el trasiego de las flores.
—¡Pues dámelo y lo llenaremos!
Los dos nos fuimos a un lateral del huerto, donde en la sombra que daba la pared y cercana a una fuente, había una zona repleta de “lirios”; los había de diferentes tamaños, sembrados en distintos meses del año, así se aseguraba tener siempre disponibles. Con un afilado y largo cuchillo, fue escogiendo y cortando hojas y también flores:
—¡Ostia pijo, ésta no me gusta, no la corto! ¡Cogeré aquella!
—¡ZASH! —¡Para tu madre siempre lo mejor!, ¡que es muy buena persona!
También descubría su procedencia, cuando hacía exclamaciones propias de los murcianos, como “La Virgen de Fuensanta”, “el cáliz divino”, “ostia”, “pijo” o “el copón”. Las conozco bien, pues las escuché y pronuncié, durante los años que estuve viviendo en esta región estando en el ejército, allá por 1975. Cuando aún estaba formada por dos provincias, Albacete y Murcia.
Imagen de la “Virgen de Fuensanta y el Niño” patrona de Murcia desde 1731. Una escultura de origen gótico, emplazada habitualmente en el Santuario en Algezares, a 5 Km de la ciudad.
A tal punto llegaba su devoción por la “Virgen de Fuensanta”, que su marido le había construido en una pared lateral del huerto, una fuente; que contenía una imagen de la santa en un hueco, a modo de santuario.
—¡Bueno ya te bastan!
—No me ha dado dinero, me ha dicho que te diga que lo apuntes.
—¡Pero qué pijo de dinero!, ¡ya me arreglaré yo con ella!... ¿Tienes hambre?
— ¡Sí, un poco!
Escuchado lo que esperaba oír de mí, me cogió por la mano, y entramos en la casa para que comiera: «algo para matar el hambre».
Ya sabía lo que sería este “algo”, pan con jamón. Y este embutido no era nada barato. A la Alfonsa le gustaba tener siempre uno colgado en la despensa de la cocina. Se lo mandaban de “Archena”, su pueblo natal.
Y desde ella salió con un plato lleno de jamón y una rebanada de pan, que colocó en la mesa:
—¡Vamos “Chato”, ya puedes “hincar el diente”! —alternaba el “Chato” con Antoñito.
—¡Hay mucho, no podré con todo! —Puso de más intencionadamente.
—¡Lo que no te comas, te lo llevas para tu madre! —Una manera de no ofenderla.
Qué bueno estaba, y que bien cortado, delgadito, como tiene que ser. La Alfonsa era una buena “cortadora de jamón”.
Con la panza llena, el jamón sobrante envuelto en un papel y el cubo con los lirios, marché de regreso a casa. No me entretuve pues iba cargado. En el rellano de arriba de nuestra escalera, estaba un personaje, que se podía decir, formaba parte de la familia. Era el señor Segundo, más conocido como “Segundo en una pieza”, pues era lo que contestaba él cada sábado cuando venía a cobrar:
«¡PUM, PUM!
—¿Quién es?
—¡El señor Segundo en una pieza»!
Esto es lo que se repetía cada sábado a su llegada.
Este día cuando yo llegué ya se despedía:
—¡Pues quedamos así Antoñita! Con este vale vas a “Casa Codina” o “Ciclos Ferrá", y eliges las tres bicicletas que quieras. ¡Y no te preocupes por el precio!, que seguirás pagando lo mismo cada semana, ¡lo añadiremos al final!
«¿Qué pasa aquí, he oído bien?». Estábamos a punto de tener una bicicleta, y más pronto de lo que nos podíamos imaginar.
Mi madre, se percató de mi presencia y, supuso que no podría guardar el secreto.
—¡Adiós “Chato”!, y cuidad de vuestra madre, ¡que es una santa!
Estaba un poco “quedado” el amigo Segundo con mi madre, ¡hay pillín!
—¡Hasta el próximo sábado señor!
Decidí no hacerle ningún comentario a mi progenitora sobre lo escuchado. Me limité a entregarle el cubo con las flores y el jamón.
—¡Qué bonitos! ¿Los has escogido tú?
—¡Claro, como siempre!
Tiró los “lirios” de la semana pasada y puso los nuevos, su sonrisa demostraba su satisfacción por tenerlos. A veces, basta un pequeño detalle para ser feliz.
MI “PITO”
Pero lo que me pasó a mí, no era precisamente para estar feliz y contento. Al domingo siguiente, tuve un accidente, por llamarlo de alguna manera, que así de entrada supuso que se retrasara la compra de las deseadas bicicletas.
Ese festivo, casi al mediodía, mi padre, como tenía por costumbre, se preparaba para ir a visitar a sus padres; los abuelos Leonardo e Isabel, y a servidor le tocaba acompañarlo. Yo me estaba acabando de vestir, ese día estrenaba pantalones, de los de cremallera. Y tanta prisa quise hacer, que al subirla no me percaté que mi “pirula” estaba fuera del calzoncillo, antes había ido a mear y no me la volví a meter por la bragueta de la prenda. Y sucedió el accidente doméstico:
—¡RASS…! ¡Ay, Dios que dolor! ¡Mamá ven, que me he hecho daño! ¡AAAG!
Imagen correspondiente a una de estas «ARMAS QUE CARGA EL DIABLO» y que tienen “vida propia”. Una de ellas se aprovechó de mi inocencia infantil e intentó mutilar mi “miembro viril”. Pocura nunca darle la espalda y cuando la manejes, préstale toda tu atención.
No tardó mi madre en acudir en mi auxilio, mi padre también vino.
—¿Qué te ha pasado hijo?
—¡Me he enganchado el “pito” con la cremallera, y me duele mucho!
Ambos vieron el destrozo y la abundante sangre que salía de la zona.
Y como es la mente, que sólo de pensar lo que me iba a doler cuando bajara la cremallera, aun me dolía más.
Mi padre se acercó y con sus manos se dispuso a «darme una mano», nunca mejor dicho. MI madre le interrumpió:
—¡Espera que ahora traigo agua oxigenada y unas gasas! ¡No tardo hijo, enseguida te curamos! —Al minuto regresó equipada con los primeros auxilios— ¡Ahora sí Damián!, ¡hazlo rápido de un tirón!
—¡No espera que me vas a hacer mucho daño!
No me contestó, estaba concentrado en lo que tenía que hacerme… ¡Bajarme la cremallera de un tirón!:
—¡RAAASS!
Lo siguiente que sentí fue un enorme dolor, tan fuerte que hizo que me desmayara. No caí al suelo pues mis padres me sujetaron y me trasladaron a su habitación, tendiéndome sobre una toalla puesta encima de la cama.
Mi madre, que tenía suficientes conocimientos de enfermería, procedió a la esterilización de la herida, y luego me puso yodo y algo más, que no recuerdo; la sangre dejó de brotar.
—¿No convendría que lo viera un médico? —Mi padre no estaba muy acostumbrado a las cosas que le sacaran de su rutina. Por suerte no así mamá:
—¡Sí!, el tajo es muy grande, probablemente le hagan falta puntos. La suerte que hemos tenido es que no le ha cogido el capullo, solo le ha pillado el pellejo.
Al “ratito”, servidor, me fui recuperando del desmayo, pero el dolor era intenso.
—¿Te duele mucho, verdad hijo?
—¡Sí mucho!
—Hay un problema, hoy es domingo y el Doctor Vaquer no tiene visita. Si te parece Damián, ve a su casa y lo más probable es que lo encuentres. —le sugirió la “enfermera”, al patriarca había que darle las órdenes disimuladamente.
Pese a que no le hiciera ninguna gracia ir a ver a su “amigo” el Doctor, en este caso cogió la “vespa” y fue en su búsqueda, suponiendo que lo podría localizar.
Al cabo de aproximadamente una hora, el médico apareció en la habitación.
—¡Vaya, vaya, esto mismo le pasó a mi hijo de pequeño! —Una invención suya para distenderme de mi malestar, tras lo que se puso a examinar mi “pito”.
—¡Tienes razón Antoñita! No ha cogido el capullo, si lo llega a arañar hubiera habido sangre por todo, hasta el punto de poder haber muerto desangrado. Como sabes, esta parte del cuerpo es muy carnosa y llena de vasos capilares.
¡Hala valiente, en unas semanas estarás bien! Pero antes tengo que arreglarte un poco esta herida, que tienes mucha vida por delante.
¡Damián podrías prepararme una buena cafetera, así me espabilaré! Cuando has venido a buscarme estaba medio dormido…
No le gustó a mi padre recibir órdenes del matasanos, aquí las cafeteras se las preparaban a él, y no al revés. Pero viendo que mi madre hacía de ayudante, lo hizo.
—¡Ya voy!, también tomaré yo uno, ¡me apetece! —La puntualización de turno.
—Lo has hecho para joderlo, ¿verdad Doctor (Jaime Vaquer Ramis)? —A ratos se tuteaban y en otras ocasiones, especialmente si había un tercero, se “usteaban”.
—¡Pues sí! Así nos deja trabajar tranquilos, pero el café me lo tomaré, me hace falta.
No me libré de los puntos, que me los puso en el corte del pellejo.
—¿Quedará bien verdad? —a mi progenitora le preocupaba mi futuro paternal.
—Entiendo por dónde vas, no te preocupes que su hombría y sensibilidad no quedará dañada. Es sólo un corte profundo y largo. Dentro de unos quince días vendré a verle y le quitaremos los puntos.
El camarero entró con la bandeja, donde había colocado la cafetera, las tazas y el azúcar. Todo ello fue del agrado del Doctor Vaquer, que se bebió dos buenas tazas, mi padre sólo una. Mi madre lo hizo después, mientras mi padre acompañó de regreso al Doctor, con el mismo medio de transporte en el que lo había traído, su “vespa”, convertida por ese día en una veloz ambulancia.

Nuestra Alfonsa era "clavadita" a la buena de LOLA GAOS...
…A la mañana siguiente, ya trasladado a mi cama, vino a hacerme las curas una conocida e improvisada enfermera, la Alfonsa.
—Pero ¿¡qué pijo has hecho!?
Vencí la vergüenza y destapé la sábana, mostrando el estropicio.
—¡La Virgen de Fuensanta!, ¡pobrecito!
La mujer no mostraba las manos, las tenía puestas en la espalda, como cuando uno esconde algo.
—¿A qué no sabes lo que te traigo!
Lo primero que pensé era en unas lonchas de su sabroso jamón.
—¡Ya lo sé, jamón!
—¡Pues no, te has equivocado! —Enseñando ahora sí, lo que llevaba en sus manos, y cuál fue mi sorpresa:
—¡Te traigo esta manzanilla caliente!
Que le pasaba a la mujer, ¿desde cuándo a mí me gustaba la manzanilla de los cojones? Lo que yo esperaba era ¡whisky!, ¡un buen whisky de malta! Y sino, una buena taza de chocolate, que siempre sienta bien, pese a no hacer frío.
—¡No tengo ganas de tomarla!
—No es para que la bebas, ¡es para ponerte en remojo tu “pito”!
Lo tienes que hacer durante al menos dos semanas, y dos veces al día. Yo siempre que pueda te ayudaré a hacerlo. Ahora ponte sentado en un costado de la cama.
Y ahí me senté en un borde y con el “pito” al aire… la Alfonsa le acercó la taza con la manzanilla; antes de ponerlo en remojo puso el dedo en su interior:
—¡FISSSH! —¡Ahora está en su punto!, ni caliente, ni fría, tibia como ha dicho el médico. ¡Vamos a remojarla un ratito!
—¡Me da vergüenza!
—¡Qué ostia de vergüenza, no habré visto yo pichas!
Dicho lo cual, empezó a sumergir el capullo de mi “pirula” en la manzanilla:
—¡Anda! ¡Está bien de temperatura! ¡Noto alivio! —Una agradable sorpresa para mí.
Este era el tratamiento recomendado por el Doctor Vaquer, además de evitar el roce de mi “pito” al máximo posible, tocaba estar en pelota picada todo el día. Y como así no podía acudir al colegio, estuve dos semanas sin clase.
La Alfonsa vino casi todos los días a darme mi “tratamiento”, y en todos ellos me trajo un paquetito con su jamón de “Archena”. Le estuve agradecido todo el tiempo que permanecimos en el barrio, después perdí el contacto. Pero antes aún tenía que pasar un buen susto el patriarca de su familia:
…Ocurría, que desde la Primavera, la pareja tenía unos nuevos vecinos viviendo en un caserón lindero con su huerto. Una enorme casa de dos plantas, que por su tamaño parecía un palacete; construido en medio del enorme terreno. Sobrándole aún suelo por delante y por la parte trasera, llegando en ésta hasta la otra calle de la manzana.
Un día, se presentó el propietario a sus vecinos, le recibió Ambrosio, el marido:
—¡Buenos días! Soy Don Bernardo, el nuevo dueño de la casa y vengo a conoceros.
Mala manera de presentarse, esto de autonombrarse “Don” y su tono altivo y despreciativo hacia él, no le gustó lo más mínimo al pintor. Que así de entrada ya no aceptó el darse la mano, ni decirle cuál era su nombre.
—¡Pues me alegro! —Pero ya que estaba intentó sacarle información.
Yo la intenté comprar, pero estaba embargada por el Estado, por deudas.
—¡No hubieras podido llegar al precio! La he comprado porque para mí era un capricho, y además, siempre me gusta ir haciendo inversiones en casas.
—¡Yo conocí al propietario que la construyó! Era un famoso médico, el Doctor Negrín. ¡Un buen hombre!

Fotografía del Presidente de la II República Juan Negrín, tomada en Septiembre de 1937.
—¡Coño!, ¿no me digas que era el Presidente de la República? —Refiriéndose a Juan Negrín López (Las Palmas de Gran Canaria, 1892 - París, 1952), que fue un médico, catedrático, científico y político español, que presidió el último gobierno de la República (1937-1939). Al finalizar la “guerra civil”, se exilió en México y luego en Francia, ejerciendo hasta 1946 el cargo de presidente del gobierno en el exilio.
—¡No!, éste no estaba metido en política, pero era también canario como él, y que yo sepa, no tenía parentesco con el político exiliado. Aunque un grupo de fascistas si lo creyeron y acabaron fusilándolo. Desde entonces y hasta la fecha, nunca ha vivido nadie. «De uvas a maduras», venía una cuadrilla a quitar las hierbas y adecentar un poco el terreno. Pero este año no los he visto aparecer.
—¡No te preocupes que ahora lo pondré todo en orden! —y cambió de tema— Me has dicho Ambrosio, ¿verdad? —El pintor sin contestar, lo confirmó con un gesto de su cabeza, al tiempo que se percató, de que el vecino ya era conocedor de su nombre antes de presentarse; pues él no se lo había dicho. ¡Ya iba conociendo al “fulero” de marras!, que continuó:
—¡Pues deberías ir con más cuidado y no hablar así de los que ganamos la guerra!
Esta advertencia no le sentó nada bien, Ambrosio cabreado contestó:
—¡Yo sí que fui uno de los que ganamos la guerra!, ¡y con mucha honra!
Ante tal severidad en su afirmación, Don Bernardo optó por rectificar su tono:
—Ambrosio no nos vamos a pelear entre “nacionales”, no era mi intención ofenderte. ¿Y dónde estuviste durante la contienda?
—Fui Alférez Provisional y, estuve los primeros años destinado en Sevilla, bajo las órdenes del General Queipo de Llano. Y el último año de la “cruzada”, fui destinado aquí, a esta isla. Fue en este año cuando conocí a mi vecino, el Doctor Negrín que le he comentado. En este último periodo ya no soportaba ver más muertes, fueran del bando que fueran.

“Alfèrez Provisional” recreado por el “Grupo Recreación Primera Línea”.
Este rango de “Alférez Provisional”, fue creado en septiembre de 1936, por la “Junta de Defensa Nacional de Burgos”. Se denominaron "Provisionales", por el hecho de que su compromiso se limitaba a la duración de la contienda, como una solución a la escasez de oficiales en el ejército sublevado.
Para aspirar al cargo, debían tener entre 20 y 30 años, y poseer a ser posible, el título de bachillerato. Otra manera de adquirir este rango, era proceder del cuerpo de suboficiales. A lo largo de la guerra civil, de las academias salieron unos 30.000 “Alféreces”, de los cuales, cerca de 3.000 murieron en la contienda. Al finalizar la guerra, como fue el caso de nuestro Ambrosio, la gran mayoría volvió a la vida civil.
El “brabucón”, no quiso contarle en que zonas había estado él destinado, evitó hacer comparaciones sobre quien había luchado más durante la guerra civil. Pero si le dejó entrever que seguía simpatizando con la Falange, organización donde estuvo encuadrado durante la guerra. Tampoco quiso profundizar Ambrosio en su respuesta, pero sí le quiso dejar claro que él también tenía sus influencias:
—De vez en cuando nos reunimos los miembros de la “Hermandad de Alféreces Provisionales” y así mantenemos el contacto, ¡nunca se sabe si vas a necesitar que te echen una mano!...
Esta Hermandad era una organización de excombatientes franquistas, creada en 1958, de gran influencia en el Régimen.
Ya sabían ambos «quien era quien». Nuestro pintor exmilitar, y el nuevo vecino, además de un “boceras ricachón”, era de la vieja guardia, o sea falangista, o requeté.
—¡Si me perdona tengo que dejarle!, estaba regando los tomates…
Durante toda la conversación, Ambrosio trató de Vd. al vecino, era su manera de mantener las distancias. No lo hizo así el falangista, que lo tuteó desde el principio. Ante esta salida del pintor:
—¡Pues yo también continuaré con lo mío! ¡Ah!, si ves movimiento de camiones estos días, es cosa mía, me traen lo que he comprado.
...Yo lo conocí una tarde, un mes después de que me dieran el alta, de mi digamos, “accidente fortuito”. Pasaba por enfrente de la casa de la Alfonsa, y allí estaba Ambrosio regando, como hacía cada tarde al aflojar “Lorenzo”.
Me apeteció saludarle, y sin tocar la campana, di un berrido para que me viera:
—¡¡¡Ambrosio, ábreme, coño!!!
—¡Habla bien o te cortaré la lengua! ¡Ya voy…! —no estaba demasiado alejado de ella.
—¡RAAAN! —faltaba aceite a la verja.
—¡Vengo a ayudarte a regar!
—No hijo, no hace falta, ya casi he terminado… ¡Venga ponte en guardia!
Era su señal para que adoptara la postura propia de un boxeador, él hacía lo mismo y nos intercambiábamos unos ganchos; lo hacíamos sin fuerza, sólo marcando los golpes. Al final siempre me agarraba y me decía:
—¡Me rindo, me rindo, no me golpees más! —rendición a la que acompañaba con un agasajo— ¡Tengo una Coca Cola fresca para ti!
Pero dicha su invitación, algo llamó su atención. Una cabeza se asomó por la pared (medianera) que le separaba del nuevo vecino.
—¡Uep, que fas! —preguntó Ambrosio con voz fuerte y con tono desafiante.
—¡Nada, he oído ruidos de pelea y miraba que pasaba!
—¡Pues ya ves, todo va bien! ¡Si tienes algo que hacer… ya sabes!
El falangista no contestó, pero me dirigió una extraña mirada. Pronto nos enteraríamos de lo que pasó por su mente.
—¿Qué le pasa a este fisgón? ¡Parece gilipollas!
—No “parece”, lo es. ¡Olvídate, vamos a por la Coca Cola! ¿O prefieres cerveza?
No recibió respuesta por mi boca, sabía que me lo decía en broma.
…Ya con el caserón habilitado, llegó el día del traslado del falangista al palacete, celebrándolo con una fiesta completa, inclusive con una sesión de “bingo”.
O al menos eso pareció, por la apariencia y vestimenta del selecto grupo de invitados. Según los cuchicheos, que oí días después en la tienda del padrino, eran personas muy influyentes:
«Y uno de los que asistió era el jefe provincial de la Falange y su esposa, llegaron en un largo coche, ¡con chófer!». —Otro chismorreo más:
«Yo pude reconocer al Capitán General, le escoltaban varios militares. Pero no vi a su mujer». —Otra cotilla que se hizo la interesante, pues a la mujer no la conocía más que de verla en alguna revista.
«La flor y nata estuvo en la fiesta». —Aparte de todo esto dicho por las cotillas, también se dijo algo más que hacía referencia a algo que creía que estaba prohibido:
«Y todos los beneficios del “bingo” y de los otros juegos, se destinarán a la “Hermandad de Excombatientes de Baleares”». —dijo un cotilla sabiondo.
«Pues yo hablé al día siguiente con uno de los guardias, y me dijo que durante los próximos meses repetirían las fiestas. Pero los beneficios los irán destinando a otras Hermandades y Asociaciones, ¡así todos contentos!». «¡Y BLA BLA BLA …!».
¡Algo olía mal en todo esto! Y fue precisamente el vecino Ambrosio quien “descubrió el pastel”. Durante la celebración, el siguiente sábado, de la segunda fiesta.
El pintor, ahora convertido en detective, se asomó por la pared lateral y desde allí, pudo acceder visualmente al interior de una de las salas de arriba. Para ver mejor lo que sucedía en su interior, utilizó unos prismáticos que aún conservaba de la guerra:

Los juegos de azar, como el póquer o el blackjack, basados en destrezas y habilidades, no se legalizaron "oficialmente" hasta el año 1977.
—¡Qué coño de bingo, aquí están jugando al póker! —exclamó en voz alta, después continuó curioseando por otra ventana, todas ellas sólo eran visibles desde el lateral.
—¡Qué jodíos, tienen montada hasta una ruleta!
Y así pasó revista a todas las zonas del edificio a las que tuvo visión. Aquella mansión, era en verdad un casino encubierto e ilegal.
[Los juegos de azar, como el póquer o el blackjack, basados en destrezas y habilidades, no se legalizaron hasta el año 1977].
Pero uno de los guardias detectó la inspección ocular de Ambrosio. Y no tardó en contárselo al amigo Don Bernardo.
—¡Tranquilo, el vecino está enterado de todo, es de los nuestros! Lo que pasa es que es un “voyeur” y le gusta ver a las mujeres, ¡pero desde lejos!
Esta fue la respuesta que le dio al guardia, pero en verdad aquel acto del vecino, le sentó como una patada en los cojones. Se temió, que hiciera algún tipo de denuncia a alguien que se escapara de su área de influencia, y decidió pararle los pies.
…Al mediodía del día siguiente, aun siendo domingo, estando Ambrosio faenando por la parte delantera, observó a unos hombres trajeados tras la verja de su casa; que le hacían gestos para que se acercase, cosa que hizo:
—¡Díganme! ¿En qué puedo ayudarles?
—¿Es Vd. Ambrosio Tal y Tal?
—¡Pues sí, soy yo! ¿Hay algún “problemas”?
—¡Ábranos la puerta y hablaremos!
—¡RAAA! —Le seguía faltando aceite a la verja. Abierta la puerta pasaron:
—¡Somos del Cuerpo General de Policía y tenemos que hacerle varias preguntas!
Al tiempo que le mostraron sus respectivas placas.
—¡Bueno pues, vamos a la casa y pregunten!
—¿Está su esposa dentro?
—¡Sí!, también está mi hija, ¿hay algún “problemas”? —Cuando estaba nervioso siempre repetía esta pregunta, además le ponía el plural a “problema”.
—Ambrosio, mejor hablemos aquí mismo. Hay una denuncia contra Vd. por la práctica de actos sexuales con un menor. ¡Esto es algo muy grave!
El hombre se quedó helado, como era posible que alguien pensara que él pudiera hacer algo así. Y decidió contraatacar:
—¡¿Cómo se les ocurre pensar que yo soy un pederasta?!
—¡Oiga que nosotros no le hemos faltado al respeto!, si continúa en esta línea, ¡nos lo llevamos a Comisaría y allí le haremos las preguntas!
—¡Ustedes perdonen!, pero si algo odio, es esto de los abusos a un niño.
—¡Sigamos…! ¿Hace unas semanas Vd. toqueteo, con intenciones obscenas a un niño? —ante esta pregunta, rápidamente la mente de Ambrosio empezó a trabajar, en segundos dio con la identidad del supuesto denunciante.
—Eso no es cierto —ya calmado y con voz relajada—. Esto debió de ser una mala interpretación de mi vecino del casino de al lado. Porqué seguro que ha sido él quien me ha denunciado, ¿verdad?
Los policías se quedaron perplejos ante tal respuesta. Sobre todo, porque eran conocedores de la ilegal actividad de la mansión vecina.
—¡Oiga no entendemos de que va todo esto! Pero por lo que parece, aquí no está todo esto claro, vamos a ver hablando sin cloroformo:
¿Es Vd. un maricón pervertido al que le gustan los niños? ¿Sí o no? —Al fin se llegaba al meollo del asunto.
—¡Qué ostias voy a ser yo maricón!, ¡a mí me gustan los coños, como hombre que soy! ¡Y les diré que al niño al que se refiere el vecino, es como si fuera mi tercer hijo!
Les gustó la respuesta y el tono del interrogado. Llegaron a la conclusión que la denuncia era totalmente falsa e intencionada, al estilo de las innumerables denuncias de este estilo, que se hicieron durante y los primeros años después de nuestra guerra civil.
—¡Ambrosio no nos cuente más!, haremos un informe que posiblemente acabe en manos del juez. Luego él ya dirá si esto sigue para adelante o no.
Nosotros en definitiva somos unos “mandados”, el comisario jefe ha sido quien nos ha dado la orden de investigarle. ¡Ya puede Vd. suponer de quien es amigo…!
—¡Ya, me lo supongo, de un tal Bernardo!
—No le podemos decir más, lo que si le aconsejamos que hable con el denunciante, ¡perdón!, su vecino. Y arreglen las cosas, en definitiva, ¡que le quede claro que Vd. no lo va a denunciar por lo del casino ilegal!
Ambrosio no le dio una respuesta a su sugerencia, ya tendría tiempo para pensarlo, se limitó a abrir de nuevo la verja y despedirse:
—¡Pues aquí tienen su casa!
—¡Muchas gracias!, esperemos que todo vaya bien y esto se archive…
…Pasados unos días, coincidieron de nuevo en la famosa pared, y desde cada uno en su casa, intercambiaron algunas palabras:
—¡Esto que has hecho, no es de hombres! —Se perdió el tuteo— ¡Acusarme de sobar a un niño!
—¡No me dejaste otro remedio! Tengo que defender mis intereses… y los de otros.
¿Ya sabes lo que vas a hacer?
—¡Sí cacho cabrón! No te voy a denunciar, tampoco pensaba hacerlo antes de que me mandaras a la Policía.
—¡Ya está hecho! —comentó como para disculparse, pero manteniéndose firme.
—¡Para hacer las paces!, he pensado que no estaría mal que te pintáramos el casino, ¡te lo dejaré a un buen precio! —Decidió sacarle partido a todo este asunto, el otro camino del enfrentamiento, era una batalla absurda, y en la que no quería entrar. Así que optó, por una manera práctica de crear un clima más afectivo entre vecinos. Que el “croupier” recibió de muy buen grado e inmediatamente contestó:
—¡De eso nada, tienes que cobrar todo lo que toque! ¡Los amigos se ayudan entre sí! ¡Y más si son del mismo bando!
Quedando el pacto zanjado, la semana siguiente, aprovechando los días laborables, que era cuando el casino no tenía actividad; Ambrosio y dos de sus empleados, «le lavaron la cara» al establecimiento con una buena mano de pintura.
Por otra parte, el expediente se archivó, yo jamás acudí a declarar a ningún sitio. De lo acordado entre ellos, no me enteré hasta unos años después.
El casino continuó abierto este año, y también el siguiente, en invierno permaneció cerrado, época que utilizó Ambrosio para adecentarlo con su pintura; y sin ningún problema para el cobro.
Pasados estos dos años, no volvió a abrir y nada más se supo de Don Bernardo.
—Ambrosio veo la casa del casino abandonada, ¿le ha pasado algo al falangista?
—¡Pues no tengo ni idea! Ya le tocaría abrir, ha estado todo el invierno totalmente cerrada «a cal y canto» y ya es el momento de pintarla de nuevo. Por cierto, te diré “Chato”…, que el “pollo” no es falangista; en la guerra fue requeté…

Y seguimos con estas excelentes recreaciones "hechas al detalle", en este caso de un Miliciano FALANGISTA y, al costado la de un REQUETÉ” con su peculiar boina roja. (Cortesía de también del GRUPO RECREACIÓN PRIMERA LÍNEA).
Para el caso, eran lo mismo, Franco con su “Decreto de Unificación” de 1937, juntó las dos organizaciones y otras más, en una sola: «Artículo primero. — “Falange Española” y “Requetés”, con sus actuales servicios y elementos, se integran bajo mi Jefatura, en una sola entidad política de carácter nacional que de momento, se denominará “Falange Española Tradicionalista y de las JONS”. Quedan fundidas en una sola Milicia Nacional las de Falange Española y de Requetés, conservando sus emblemas y signos exteriores.
Los “Requetes” fue una organización paramilitar creada en 1833, al iniciarse la primera guerra carlista. Posteriormente, participó en la guerra civil española, llegando a integrar en sus 67 tercios repartidos por el país, a los más de 60 000 combatientes que lucharon en el bando nacional.
La “Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista”, habitualmente “Falange Española de las JONS”, fue un partido político español que compartía la ideología fascista y nacionalsindicalista.
Fue el resultado de la fusión el 15 de febrero de 1934, de las “Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS)” de Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma con la “Falange Española” (FE) de José Antonio Primo de Rivera.
Durante la Guerra Civil, la Falange combatió integrada en el bando nacional, pero donde más activos estuvieron sus miembros fue en la retaguardia, asumiendo tareas represivas y mediante sus pelotones, realizando sus tristemente famosos paseos, que acababan con el fusilamiento de los que detenían.
…Y al requeté se lo llevó el viento, las malas lenguas dijeron que se había pegado un tiro, antes de que lo mataran sus socios, a los que les robó su parte de las ganancias. Otra versión que corría por el barrio, era que, el dinero destinado a las asociaciones de excombatientes nunca llegó, denunciándolo a las “altas esferas del Gobierno”; a raíz de lo cual, “alguien” ordenó que el “croupier” hiciera un largo viaje…
Pero a mí, la versión que más me convence es, la que cuenta que… «Cogió su fortuna y se fue a vivir a la Argentina, acompañado de su nueva amante, una joven soprano familia de Mussolini… ¡¿Ma, chi lo sa?!».
Lo que sí es bien cierto, es que sus “amistades”, lograron que no le cayera “el peso de la Ley” con todas sus consecuencias; que en aquellos años quien las regulaba era el vigente Decreto 691/1963, de 28 de Marzo, por el que se aprobó el «Texto Revisado de 1963 del Código Penal»; y que duró hasta el nuevo código publicado en 1973. Entre otras cosas indicaba las penas y a quien les corresponden, como lo expuesto en su artículo 349: «Los banqueros y dueños de casas de juego, de invite o de azar, serán castigados con las penas de arresto mayor y multa de 5.000 a 25.000 pesetas, y en el caso de reincidencia, con las de prisión menor y multa de 5.00O a 50.000 pesetas». Continuando con los participantes: «Los jugadores que concurriesen a las casas respectivas, con las de arresto mayor y multa de 5.000 a 10.000 ptas. y en caso de reincidencia, con las de arresto mayor y multa de 5.000 a 25.000 pesetas». En otro artículo trataba sobre los enseres y frutos del juego: «El dinero, los efectos y, los instrumentos y útiles destinados al juego, caerán en comiso, cualquiera que sea el lugar donde se hallen…/.».
LA CARIOCA.

He encontrado este dibujo huérfano por la red; no es exactamente como la que construí, pero vale para hacerse una idea.
Después de haber visitado de extranjis, el Casino de nuestra calle, cosa que hice acompañando a Ambrosio cuando estuvo pintándolo. Se despertó en mí, el deseo de tener mi propio negocio: «¿Por qué no montaba yo mismo una especie de minicasino?». Pese que al principio pensé que era algo peligroso, pues el juego estaba prohibido. Al final me decidí a hacerlo, debía de ser un tipo de juego sólo controlado por mí, bueno, por mí y uno de mis hermanos; que me ayudaría en las trampas. Pues este juego, para imitar al real de los mayores, también tenía que contar con sus "trampichuelas" o engaños. Cuando estuvo listo, lo bauticé con el nombre de "La Carioca", y su llamada de “invitación a jugar” era esta canción:
—¡La Carioca siempre toca, y si no toca, es porque está loca!
Era un artilugio que quería ser como la ruleta de los casinos. Sobre una madera cuadrada de unos sesenta centímetros de lado, había pintado un gran círculo, que en toda su circunferencia tenía repartidos unos clavos equidistantes. Entre ellos se había dejado un espacio que luego ocupaban los premios.
Como si fuera el diámetro del círculo, había un largo palito que estaba anclado por la mitad; justo en el centro del tablero y por mediación de un tornillo, con un engranaje con dientes que le permitía dar vueltas; pero sólo en un sentido, el de las agujas del reloj. En uno de los bordes del palo, había un pequeño cuchillo integrado en el palo. En el otro, y en ángulo recto, como una asa, que se utilizaba para tirar y hacer rotar el palo. El cuchillo era lo suficiente endeble, como para ir rodando entre las aberturas. Cuando se paraba, había que ver el premio que le correspondía, los objetos estaban en la separación, y ya fuera, por dentro del círculo o por el exterior. Dado que de lo que se trataba, era de que hubiera muchos premios. Desde un caramelo, que era lo mínimo que se llevaba el apostante; hasta inclusive un balón de reglamento. Por supuesto que este gran premio, aparte de ser una pelota usada, pero con buena apariencia, estaba trucado. He dicho que imitábamos a los casinos de verdad, trampas incluidas.
Era imposible que se parara en su lugar, pues el clavo que le correspondía estaba más separado de lo normal.
Las apuestas que hacían los jugadores eran de 20 céntimos, una cantidad bastante económica, y teniendo en cuenta que siempre sacabas un caramelo, que por cierto procedía de la tienda del padrino, no había quejas. Inclusive, alguien se llevaba alguno de los juguetes ya usados de navidades anteriores, esto era necesario para animar a los otros a también seguir jugando.
—¡RACK, RACK, RACK! ¡Por qué poco no te ha tocado el balón! Pero toma, ¡te ha tocado un caramelo…!
—¡Ya llevo cuatro caramelos! ¡Es que está “Carioca” nunca da premios!

Los caramelos eran y son, un excelente "Premio de Consolación" ¡Tomad nota colegas!
—Tira una vez más y así completas la peseta. Pero espera, animemos a la clientela: ¡La Carioca siempre toca, y si no toca, es porque está loca! Ahora ya puedes tirar:
—¡RACK RACK RACK! —¡Me ha tocado la navaja, me ha tocado la navaja! —El jugador se llevó una magnífica navaja, un poco usada, pero de apariencia nueva.
—¡Ves «hombre de poca fe»!, ¡«el que la sigue, la consigue»! ¡Vamos, ahora deja jugar al siguiente, no quieras todos los premios para ti!
Y otro niño probaba su fortuna, pero siempre antes de cada tirada, tocaba la llamada—: ¡La Carioca siempre toca, y si no toca, es porque está loca!
Mis ganancias con este invento fueron escasas, fue más la fiesta que los beneficios.
El “minicasino” duró menos que el de verdad. Unos meses más tarde y antes de la Navidad, “cerró”. Pero en estos dos meses del 66, aprendí mucho sobre cómo puede cambiar una persona cuando juega; y que la ludopatía existe, y desde luego es una jodida enfermedad. Por eso, cuando he apostado a alguno de los muchos juegos de azar que existen, siempre lo hago con límites. «¡Hasta aquí y no más, Santo Tomás!». Me acuerdo de una historieta que me contaron, no recuerdo quién ni cuando; trata del consejo que les dio el millonario y contrabandista de armas y tabaco, Juan March a sus hijos; empieza así, cual cuento:
«Conocedor de que sus hijos ya estaban en una edad adulta, y que con certeza caerían en las tentaciones y vicios de la sociedad; al ser esta una familia acomodada y con recursos, les hacía ser presa fácil de ellos. Los reunió a todos y les sermoneó:
“Si alguno de vosotros, acaba teniendo una querida fuera del matrimonio; ¡No hay problema, la familia tiene medios y nuestra fortuna no sufrirá!... Si alguno de vosotros, se engancha con algún tipo de droga o alcohol, ¡No hay problema, la familia tiene medios y nuestra fortuna no sufrirá!... Ahora, si me entero de que alguno de vosotros se envicia con el juego, a éste lo repudiaré y lo desheredaré ¡Pues el juego, es lo único que puede arruinar a esta familia!”».

Postal del “GRAN CASINO DE MALLORCA” de 1979, que muestra su ubicación original en Calvíá, años más tarde se desplazaría al Centro de Palma de Mallorca.
…Lo tenía muy claro el banquero March, de hecho, pude comprobarlo años más tarde; cuando en 1979 se inauguró el flamante “Casino de Mallorca”. Por él desfilaron la flor y nata del mundo. Y unos de los que se volvieron asiduos, fue el matrimonio propietario de una de las destilerías con más producción de Europa. Elaboraban bebidas típicas de la isla; y lo que era su fuerte, réplicas o “clonos” de las bebidas alcohólicas de moda. Las botellas eran idénticas en tamaño y color del vidrio de las imitadas, hasta el nombre y el tipo de letra era igual. Lo que variaba eran algunas letras del nombre o la marca. Por ejemplo, el conocido anisete “COINTREAU”, su falsificación/imitación, era “CUATRO”. Si a esto le uníamos, que las botellas se veían desde la distancia, al estar detrás de la barra; y con la complicidad de la oscuridad propia de las Discotecas, su principal cliente y cómplice, el éxito estaba asegurado.
Hasta aquí parece como hasta una broma de mal gusto, pero en absoluto era esto.
En su moderno proceso de “alquimia” practicado en la destilería, el exceso de alcohol y de grados; era una constante de los licores, tanto en el whisky, ron o vodka.
Tal era la fama de sus falsificaciones y de sus consecuencias; que se hicieron muchos reportajes en los medios de comunicación extranjeros sobre ellos, indicando cifras astronómicas de ciudadanos de estos países, principalmente de Europa, intoxicados por su consumo. Y los enormes beneficios conseguidos con estas prácticas, de aquí la mención a esta destilería “X”, los dejaron los propietarios, y en poco tiempo, en las arcas del Casino. ¡Acabando casi en la puta miseria! ¡Toma nota “picha!”!
«¿Te refieres a mí?»
¡¿Y a quién sino?!, llevas años “Subconsciente” incitándome al juego, y te aviso que no caeré en tus tentaciones… ¡Vamos anda!,¡que es broma tonto!, sigue memorizando las cartas, que esta noche nos vamos al casino. ■
FIN DEL CAPÍTULO 20

Fotografía de Juan March Ordinas ya instaurado el régimen de Franco en España.
JUAN MARCH ORDINAS, EL HOMBRE QUE "OLÍA" EL DINERO...
JUAN MARCH ORDINAS nació en Santa Margarita, un pueblo de Mallorca, en el año 1880; y falleció en Madrid en 1962 (81 años) a consecuencia de las heridas sufridas en un accidente de automóvil sucedido dos semanas antes.
Fue un empresario, financiero y contrabandista español; y está considerado uno de los hombres más influyentes del siglo XX. Sus primeros negocios fueron de lo más variopinto, desde el comercio de cerdos, a la la compraventa de terrenos, pasando por construir el monopolio de tabaco en Marruecos.
En la dos guerras mundiales, supo “navegar” y hacer negocios con ambos contrincantes, tanto con los aliados, como con los alemanes.
Además fue quien financió en 1936, el golpe de estado de los sublevados, dirigidos por Franco, contra el Gobierno legal de la II República.
Fue un activo político, obteniendo en 1923 su primer acta de diputado en el Parlamento nacional. Luego, y ya durante la II República, en 1931, la obtuvo como representante por Baleares en las Cortes republicanas. Revalidando el acta en 1933.
Fundó y participó en periódicos de diversas inclinaciones políticas: el periódico liberal “El Día”, el izquierdista “La Libertad” y en el “Informaciones”.
Entre sus negocios más relevantes está la creación de la "Compañía Naval Transmediterránea" en 1916, de la "Compañía de Petróleos Pi" en 1925 y de la "Banca March" en 1926. Además de la compra de la sociedad “Barcelona Traction”, encargada de la producción eléctrica y su distribución, sobre todo en el área metropolitana de Barcelona.
Aparte de sus otras actividades conocidas como “negocios de guerra”, que consistieron además del avituallamiento de submarinos; el destacar, y que nos muestran la “frialdad” del banquero, la venta de miles de fusiles “Mauser 98” y millones de cartuchos (7,92x57) al cabecilla “Abd el-Krim”, que en el norte de Marruecos acosaba al ejército español. La entrega se hizo con los fusiles desprovistos de aguja
percutora, almacenadas estas en una gabarra que no se liberó hasta que el pago acordado fue satisfecho y los intervinientes se encontraron a salvo. ■

Fotografía de la GRAN "LOLA GAOS" en uno de sus últimos trabajos.
"LOLA GAOS" Aquella fenomenal actriz con su inconfundible voz "cazallera".
Dolores Gaos González-Pola, conocida como Lola Gaos, nació en Valencia en 1921; y nos dejó viviendo en Madrid, en 1993.
Además de ser una excelente actriz, que principalmente hizo papeles secundarios, también fue una activista antifranquista, independiente, reivindicativa y feminista. No militó en ningún partido político, aunque colaboró con varios partidos de izquierdas.
Profundizando en su carrera artística, fue especialmente conocida por sus trabajos en el papel de “Chus” en “Mi querida señorita” (1972), de Jaime de Armiñán, y Martina en “Furtivos” (1975), de José Luis Borau. Si bien ademas de cine, también intervino en múltiples obras de teatro, y por supuesto, en varias series y programas de televisión.
De ella además de su delgado físico, también se recuerda su peculiar voz ronca, que encantaba a los que nos gusta escuchar voces como la suya. Rodó su última película en 1988, “Gran Sol”, dirigida por Ferran Llagostera, una historia de marineros.
Una operación de laringe le había dejado casi sin voz y enferma. Falleció en Madrid, ciudad en la que vivía desde el año 1943, de un cáncer intestinal el 4 de julio de 1993, a los 71 años, tras varios años condenada al ostracismo y con penurias económicas. Las conocimos a través de la carta publicada por Francisco Umbral en “El Pais” , que le había escrito Lola en 1983:
«He estado hospitalizada cerca de dos meses, con una enfermedad que me ha dejado incapacitada de trabajar, aun en el no muy probable caso de que tuviera trabajo. De mi marido, del que estoy separada, cobro 40.000 pesetas mensuales, de las que hemos de vivir mi hija Inés y yo. Inés, licenciada en periodismo, se halla en paro. La pensión que te he dicho corre el riesgo de quedarse en 10.000 pesetas. Se trata llanamente de trabajar para comer».
Fue enterrada en el “Cementerio de La Almudena” de Madrid. ■
Capítulo extraido de la novela biográfica:
“Querido Chato”, en exclusiva para
Queseenteren ®.
TIENES A TU DISPOSICIÓN TODAS ESTAS MANERAS Y EDICIONES PARA LEER ESTA NOVELA BIOGRÁFICA:
SI DESEAS LEER ESTA SIMPÁTICA NOVELA DESDE UN "eREADER" (DISPOSITO DE LECTURA DE LIBROS ELECTRÓNICOS (ebook)).
LA TIENES A TU DISPOSICIÓN EN "AMAZON".
TIENES DOS VERSIONES:
LA CONVENCIONAL (Portada en color ROJO); y la ILUSTRADA (Portada en color AZUL).
Si ya eres usuario o cliente de "Amazon", UNA MANERA RÁPIDA DE LOCALIZARLO ES, PONER EN EL BUSCADOR O LUPA de "Amazon", el nombre del Autor:
Antonio G. Noguera
y TE LLEVARÁ A LA ZONA DE AMAZON DE ESTE ESCRITOR, DONDE PODRÁS SELECCIONAR O ESCOGER, EL LIBRO DE TU INTERÉS ESCRITO POR ÉL.
PARA HACERLO MÁS FÁCIL; A CONTINUACIÓN, TE OFRECEMOS UN BOTÓN DE ENLACE DIRECTO CON AMAZON, PÚLSALO Y ACCEDES:
(ES TOTALMENTE SEGURO: https://www.amazon.com/stores/Antonio-G.-Noguera/author/B00IQAOOLW?ref=ap_rdr&shoppingPortalEnabled=true&ccs_id=7cfed15e-3528-425c-9490-df29679fc9f1 ).
EL "ebook" tiene un equivalente a 1171 páginas de un libro impreso en papel, y su precio es ¡¡¡SUPER REDUCIDO!!! Cuesta sólo 3,42 €. (euros).
Y antes puedes DESCARGARTE UNA EXTENSA MUESTRA DEL LIBRO ¡¡¡GRATUITAMENTE!!!
Para que te sirva para "valorar" la novela biográfica.
TAMBIÉN PUEDES ADQUIRIR ESTA NOVELA IMPRESA EN PAPEL
POR SÓLO 29,90 €.
Gastos de Envío, con entrega en tu domicilio y mediante correo certificado, a nuestro cargo
COMPRA TOTALMENTE SEGURA Y PERSONAL
Características:
Libro en Tapa Blanda con Solapas │ Ancho 17,85 cm X Alto 25,25 cm │ Encuadernación Eco PUB papel de 300 gr. │ 768 Páginas en B/N de 90 gr.
Todos los derechos de esta novela están reservados.
No se permite su reproducción en ningún medio ya sea escrito, radio, televisión e Internet sin autorización previa del autor de la obra.
Si se autoriza reproducir un pequeña parte de ella para efectos de promoción, crítica o similar objeto.
Inscrito en el REGISTRO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL:
Número de Asiento Registral : 05/2023/121 Nº 00765-01261862
Depósito Legal: AS 02505-2023



