Casos recientes de “Donjuanismo” en las redes sociales, recuperan esta figura nacida en el “Siglo de Oro” español y exportada por todo el mundo


Se le da este apelativo de “Don Juan”, a aquel varón considerado un seductor o conquistador (RAE). Y que tiene igual comportamiento que el personaje del mismo nombre, un libertino español legendario y ficticio que dedica su vida a seducir mujeres y, arquetipo de la literatura española de principios del Siglo XVII. Por extensión lingüística, a partir del nombre del personaje, “Don Juan” ha pasado a ser una expresión genérica para “mujeriego”.

Sinopsis de la Obra

Ha habido muchas versiones de la historia de Don Juan, más el argumento o esquema en todas ellas es el mismo:

Don Juan es un rico libertino andaluz que dedica su vida a seducir mujeres, de lo que se enorgullece mucho. No tiene li­mites y entre sus conquistas hay mujeres de todas las edades y condiciones sociales.

Como cosa anecdótica, a menudo, se disfraza y asume otras identidades para seducir a las mujeres.

El aforismo que sigue Don Juan es: “Tan largo me lo fiáis” (traducido como “¡Qué largo plazo me estás dando!”). Esta es su manera de indicar que pese a creer en la justicia divina («no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague») es joven y la muerte aún está lejana: cree que tiene mucho tiempo para arrepentirse más tarde de sus pecados,

Su vida también está marcada por la violencia y el juego, y en la mayoría de las versiones mata a un hombre: Don Gonzalo (el Commendatore), el padre de Doña Ana, una chica a la que ha seducido. Este asesinato conduce a la famosa escena de la “última cena”, donde Don Juan invita a cenar una estatua de Don Gonzalo.

Hay diferentes versiones del desenlace: en algunas Don Juan muere, habiéndosele negado la salvación por parte de Dios. En otras versiones va voluntariamente al infierno, no permitiéndosele arrepentirse; y en otras versiones Don Juan pide y recibe el perdón divino...

Orígenes de la leyenda de “Don Juan”

Si nos ceñimos a esta obra de teatro, hemos de tener en cuenta que, ¡y casi siempre ocurre lo mismo!, tanto de este tipo de personaje seductor y fanfarrón, como de la trama o argumento; existen similitudes con otras leyendas ya anteriores a la primera representación conocida, y que veremos más adelante.

Mencionaremos, como muestra de ello, algunos romances del medievo, como la leyenda del “CONVIDADO DE PIEDRA” o “CONVITE AL DIFUNTO”, una leyenda folclórica europea, difundida en especial en Castilla.

Otros precedentes que se le atribuyen son los de la comedia “EL INFAMADOR”. Obra dramática en verso, dividida en cuatro partes o «jornadas», del poeta y dramaturgo sevillano Juan de la Cueva (1543-1610), que se representó en Sevilla en 1581. Y que para mi modesto entender no veo la fuente inspiradora, de entrada los argumentos son distintos. El de esta obra de “EL INFAMADOR”, trata sobre una venganza de un enamorado, Leucino, un joven rico y mujeriego que, se enamora de la hermosa doncella Eliodora. Intenta seducirla pero fracasa; en venganza le acusa del asesinato de su criado, pero al final es él y su otro sirviente quien son ejecutados por falso testimonio. Pues se descubre que la doncella lo mató en legítima defensa.

Otra obra con la que se relaciona es con “EL VALIENTE CÉSPEDES”, de Lope de Vega; publicada en 1625 y basada en las hazañas de Alonso de Céspedes (1518-1569), llamado el Bravo y el Alcides castellano, un militar español “celebrado” por su fortaleza... Pero claro, viendo la fecha de su publicación, se aprecia que es posterior a la primera representación de:

“Tan largo me lo fiais"

Título de la obra de teatro representada y estrenada en 1617 en Córdoba, por la compañía de “Jerónimo Sánchez”. Y donde aparece por primera vez el perso­naje de Don Juan Tenorio.

No tan claro está en la actuali­dad a quien atribuir la autoría de ella (“Tan largo me lo fiais”), si a TIRSO DE MOLINA, conocido dramaturgo, poeta y monje católi­co del barroco español. Como se le atribuye desde el principio; o es el dramaturgo murciano Andrés de CLARAMONTE, el autor de la obra y en función de pruebas. Un polifacético autor de comedias, director artístico, empresario teatral y actor, pero considerado hasta en la actualidad, como un modesto escritor.

Aparte de este legado o prueba de la existencia oral de este antecedente de la representación. La primera versión escrita de la historia de Don Juan fue la obra de teatro: 

“El burlador de Sevilla y convidado de piedra"


Publicada en España alrededor de 1630 y atribuida a Tirso de Molina (seudónimo de Gabriel Téllez). Aunque como era previsible, también se está poniendo en duda esta autoría, al estar ligada a la mencionada anteriormete obra de teatro; y se le quiere adjudicar a Andrés de Claramonte.

Así pues, sean de Tirso de Molina o de Andrés de Claramon­te, nos encontramos con la apariencia de estar tratando de dos comedias: “Tan largo me lo fiais” y “El burlador de Sevilla”; que en realidad son dos versiones de la misma trama y del mismo asunto. Ambas tienen por protagonista a un joven se­villano llamado Don Juan Tenorio que seduce y burla cuantas mujeres se tropieza, nobles o de clase baja, vistan “seda o sayal”, como él mismo galán dice...

RESUMEN VÁLIDO PARA LAS DOS OBRAS:

"CALILA E DIMNA"

“Calila e Dimna” es una colección de unos setenta relatos morales o apólogos de origen hindú fechada hacia 1251, cuando Alfonso X el Sabio, y siendo aún un infante, ordenó traducirla al castellano. “Calila y Dimna”, llamada así por los nombres de dos chacales, es una obra de literatura sapiencial en la que se narran cuentos y apólogos (en especial fábulas) para ejemplificar conductas morales. Una gran parte de los cuentos narrados tienen que ver con estos dos chacales. El origen hindú de estos cuentos se data entre los años 500 y 100 a. C.

La obra es también una compilación de máximas de los sabios de la Antigüedad, redactadas en muchas lenguas y legadas a sus hijos; admiradas en los siglos posteriores. En sus cuentos y fábulas (que los árabes atribuían a sus propios poetas esópicos, personajes como Bidpai, por otros nombres Pilpay, Baldaba o Sendebar, o a Locman el Sabio) se palpa una sabiduría práctica y se aprende cómo vivir y cómo hablar.

Su materia narrativa procede de la literatura oriental, pues traduce fielmente el texto árabe del “Kalila wa Dimna”, que a su vez es la traducción que el iraní Ibn Al-Muqaffa hizo al árabe del texto en el siglo VIII, de donde se difundió por toda Europa. Y éste por su parte procede del “Panchatantra” hindú.

En el año 570 fue traducida al pahlavi (o persa literario) y pocos años más tarde al sirio.

En 1335 el Infante Don Juan Manuel acaba el “Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio”, en el que incluye este capítulo:

“DE LO QUE ACONTECIÓ A UNA MUJER QUE LE DECÍAN DOÑA TRUHANA”

...Otra vez estaba hablando el Conde Lucanor con Patronio de esta manera:

—Patronio, un hombre me ha propuesto una cosa y también me ha dicho la forma de conseguirla. Os aseguro que tiene tantas ventajas que, si con la ayuda de Dios pudiera salir bien, me sería de gran utilidad y provecho, pues los beneficios se ligan unos con otros, de tal forma que al final serán muy grandes.

Y entonces le contó a Patronio cuanto él sabía. Al oírlo Patronio, contestó al conde:

—Señor Conde Lucanor, siempre oí decir que el prudente se atiene a las realidades y desdeña las fantasías, pues muchas veces a quienes viven de ellas les suele ocurrir lo que a doña Truhana.

El conde le preguntó lo que le había pasado a esta.

—Señor conde —dijo Patronio—, había una mujer que se llamaba doña Truhana, que era más pobre que rica, la cual, yendo un día al mercado, llevaba una olla de miel en la cabeza. Mientras iba por el camino, empezó a pensar que vendería la miel y que, con lo que le diesen, compraría una partida de huevos, de los cuales nacerían gallinas, y que luego, con el dinero que le diesen por las gallinas, compraría ovejas, y así fue comprando y vendiendo, siempre con ganancias, hasta que se vio más rica que ninguna de sus vecinas.

Luego pensó que, siendo tan rica, podría casar bien a sus hijos e hijas, y que iría acompañada por la calle de yernos y nueras y, pensó también que todos comentarían su buena suerte pues había llegado a tener tantos bienes aunque había nacido muy pobre.

Así, pensando en esto, comenzó a reír con mucha alegría por su buena suerte y, riendo, riendo, se dio una palmada en la frente, la olla cayó al suelo y se rompió en mil pedazos.

Doña Truhana, cuando vio la olla rota y la miel esparcida por el suelo, empezó a llorar y a lamentarse muy amargamente porque había perdido todas las riquezas que esperaba obtener de la olla si no se hubiera roto. Así, porque puso toda su confianza en fantasías, no pudo hacer nada de lo que esperaba y deseaba tanto.

Vos, señor conde, si queréis que lo que os dicen y lo que pensáis sean realidad algún día, procurad siempre que se trate de cosas razonables y no fantasías o imaginaciones dudosas y vanas. Y cuando quisiereis iniciar algún negocio, no arriesguéis algo muy vuestro, cuya pérdida os pueda ocasionar dolor, por conseguir un provecho basado tan sólo en la imaginación.

Al conde le agradó mucho esto que le contó Patronio, actuó de acuerdo con la historia y, así, le fue muy bien.

Y como a don Juan le gustó este cuento, lo hizo escribir en este libro y compuso estos versos:

«En realidades ciertas os podéis confiar,

mas de las fantasías os debéis alejar».

"EL CONDE LUCANOR"

De las cinco partes en que está compuesto el libro, cabe destacar la que recoge 51 exemplas o cuentos moralizantes procedentes de Esopo y otros clásicos, de cuentos tradicionales árabes.

Algunos tienen similitudes con cuentos tradicionales japoneses, y éste que hemos visto de la historia de una mujer llamada “Doña Truhana”, Cuento VII; se ve claramente que su procedencia es del mencionado anteriormente “Panchatantra”.

Al igual que sus “ancestros” y “parientes”, de los que mama sus fuentes, mantiene el propósito de ser un libro didáctico y de transmisión moral.


En la Edad Media, las diferentes traducciones del "PANCHATANTRA", sirvieron de "fuentes" para la adaptación de las fábulas en nuevas versiones; y la difusión de éstas por toda Europa


Paralelamente a esta publicación mencionada de “El Conde Lucanor” y varios años antes; como consecuencia de las traducciones que se realizaron del “Panchatantra” al persa, árabe, al hebreo y latín, entre otros idiomas, y que fueron las fuentes para la propagación de estas fábulas por toda Europa.

Una versión de ellas aparece en 1482, cuando Nicolás de Pergamón, en su obra “DIALOGUS CREATURARUM MORALISATUS”. Publica una versión de la fábula “El Brahman que rompió la olla” (que hemos visto antes). Y que a su vez “tomó prestada” de un exemplum incluido en “SERMONES VULGARES” de Jacques de Vitry, publicado en 1240.

Y siguiendo el hilo, años más tarde de la edición de Nicolás de Pergamón. En 1558 el autor Bonaventure des Périers publica la fábula similar pero con el largo título de:


”COMPARACIÓN DE LOS ALQUIMISTAS CON LA BUENA MUJER QUE LLEVÓ UN GUISO DE LECHE AL MERCADO”.

(Veamos el final):

«...Maravillosamente encantada con este ensueño interior, y pensando en la gran alegría que tendría si su marido la llevara a la iglesia a caballo, exclamó:” ¡Vamos! Vamos ! Mientras decía esto, golpeó el suelo con el pie, creyendo que estaba espoleando al caballo; pero su pie resbaló; ella se cayó a la zanja y toda su leche se derramó».

Jean de La Fontaine entre 1668 y 1694, con su “Colección de Fábulas” las renueva, revitaliza y las relanza con una gran aceptación en todos los países de "Occidente"...

Dicho relanzamiento, lo hace practicando, a su manera, un estilo que traduce por escrito la ironía espiritual y mundana de las conversaciones del vivir cotidiano. No duda en tomar un registro metalingüístico y dirigirse directamente a su lector.

Este peculiar estilo lo refleja dentro de estas tres colecciones que reúnen 243 fábulas alegóricas, que no se basan únicamente en la fuente de Esopo.

La Fontaine hizo un trabajo de adaptación de todo tipo de textos antiguos con valor moral, en parte de una de las primeras traducciones al francés realizadas en 1610 por el suizo Isaac Nicolas Nevelet.

Es ésta suma de la literatura clásica griega y latina, que cuenta con 199 que La Fontaine utilizó para reescribir ciertas fábulas de Esopo, como “La cigarra y la hormiga“, pero también las fábulas de Fedro, de Abstemio, de Babrius, de Gabriele Faerno, de Flavius Avianus, de Aphthonios, de Giovanni Verdizotti, textos de Horacio, de Livio y letras apócrifas de Hipócrates. Adaptaciones aplicadas en su primera colección de 1668.

En la segunda colección de fábulas, publicada once años más tarde, en 1679; se abre a la tradición india, como bien deja aclarado La Fontaine citando a “Pilpay” el autor al que se atribuye el “Panchatantra” en la Europa del siglo XVII, aunque su existencia no está probada. El nombre “Pilpay” se deriva de “Bidpai”, que se encuentra en la versión árabe, pero no en el original indio de este libro.

Comentar que La Fontaine también se basó en la herencia de su propio país.

Inspirándose, por ejemplo, en “Ysopet”, una Colección de fábulas esópicas traducidas y adaptadas al francés de una versión inglesa hecha por Marie de France en el siglo XII. Además de “El Roman de Renart”, un conjunto de cuentos de animales medievales, que sin duda sirvió como fuente para sus fábulas, siendo algunas historias comunes entre los dos, como “El lobo y el zorro".

...Y en este “pupurri” por supuesto que no faltó su peculiar versión de esta fábula.

Versión que, para una mejor apreciación de la rima, que desaparece al traducir la fábula; sustituimos por la versión de otro gran fabulista, pero en esta caso español Félix María de Samaniego (Laguardia, Álava, 1745-1801 ) un escritor de ascendencia noble, famoso por sus fábulas, de tono aleccionador mediante moralejas. La influencia de su educación francesa se advierte en la única obra por la que lo conocemos: “LAS FÁBULAS EN VERSO CASTELLANO PARA EL USO DEL REAL SEMINARIO BASCONGADO” (1781); 157 fábulas distribuidas en 9 libros, en las que se manifiesta la procedencia e influencia de La Fontaine.

“LA LECHERA”

de Félix María Samaniego

«Llevaba en la cabeza

una lechera el cántaro al mercado

con aquella presteza,

aquel aire sencillo, aquel agrado

que va diciendo a todo el que lo advierte:

¡”Yo sí que estoy contenta con mi suerte!”

Porque no apetecía

más compañía que su pensamiento,

que alegre, le ofrecía

inocentes ideas de contento;

marchaba sola la feliz lechera

y decía entre sí de esta manera:

“Esta leche vendida,

en limpio me dará tanto dinero,

y con esta partida

un canasto de huevos comprar quiero,

para sacar cien pollos que al estío

me rodeen cantando el pío, pío.

Del importe logrado

de tanto pollo, mercaré un cochino;

con bellota, salvado,

berza, castaña, engordará sin tino;

tanto, que puede ser que yo consiga

ver cómo se le arrastra la barriga.

Llevárelo al mercado;

sacaré de él sin duda buen dinero;

compraré de contado

una robusta vaca y un ternero,

que salte y corra toda la campaña,

hasta el monte cercano a la cabaña.”

Con este pensamiento

enajenada, brinca de manera

que, a un salto violento,

el cántaro cayó. ¡Pobre lechera!

¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,

huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.

¡Oh, loca fantasía,

qué palacios fabricas en el viento!

Modera tu alegría;

no sea que saltando de contento,

al contemplar dichosa tu mudanza,

quiebre su cantarillo la esperanza.

No seas ambiciosa

de mejor o más próspera fortuna;

que vivirás ansiosa,

sin que pueda saciarte cosa alguna.

No anheles impaciente el bien futuro:

mira que ni el presente está seguro».

FIN DE LA FÁBULA

Y hasta aquí nuestro viaje en el tiempo, viendo las numerosas variantes que se han ido creando de esta fábula, que no ha perdido es sus textos el mensaje que buscaba ya "enviar" la primera versión de ella.

Se han respetado, en la media de lo posible, las normas gramaticales vigentes y que utilizaron los autores.

 

Un reportaje del “Anticuario"

para Queseenteren”