Capítulo XII - ÁNGELES “La Morena” (2ª Parte).

EL CASO "IVONNE"

CAPÍTULO XII

ÁNGELES “La Morena” (2ª Parte).

...Ya de más mañana, en la casa de Diego se oye el peculiar sonido del teléfono.

—¡TIROLALILO…! ¡TIROLALILO…!  —¡Sí, dígame!

—¡Diego, despierta hombre!

—¡Ah, hola Javierito!... ¿Dónde estás? ¡Te noto muy contento!

—Estoy en el Juzgado.

—¿Pero no estabas de baja?

—Sí, pero en mi casa no aguanto, ¡además ha ido bien que viniera, hay novedades!

—¿Sobre qué?

—Han cogido a Ernesto Hidalgo, ha sido rápido, dentro de unos días nos lo traen.

—¿A qué Hidalgo? ¿El del “Quijote”? —queriéndole dar un toque humorístico.

—¡Qué coño de “Quijote”! ¡El novio del travesti!... Él que había desaparecido, lo han pillado en una redada y nos lo han comunicado.

—¡Cojonudo!, ya tenía yo ganas de hablar con ese pájaro… para que nos lo aclare todo de una vez.

—¡Eso va a ser más difícil!... Con la tirria que te tiene Aguilera, dudo que te deje estar cuando le interrogue.

—¡No me jodas, después de tanto tiempo esperando!

—Tranquilo estaré yo y luego te lo contaré.

—¡Que remedio!

Conocidas las novedades, Diego cuelga el teléfono y llama a su fiel amigo:

—¡Boni...! ¿Dónde estás?

A los segundos, de la cocina sale Boni, que con cara de contento saluda a su amo:

—¡GUAU… GUAU GUAU GUAU! —que pasado por el traductor canino—: «¡Buenos días! ¿Qué planes tenemos para este día?». —Pese a que su dueño no lo acaba de entender todo, pero al menos le propone lo de salir…

—¡Hola Boni! ¿Tienes ganas de dar una vuelta?... ¡Ahora saldremos!

Ya en la puerta, se percata de la cinta de video que hay sobre la mesita, la que sacó de la moto del Ibicenco: «¡Coño me había olvidado de la cinta! Vamos a ver qué es lo hay aquí grabado», piensa para sí mismo.

Introduce la cinta en el video y enciende la televisión. Aparece en blanco y negro la entrada de “La Tarántula”, con el mando a distancia avanza las imágenes. La calidad es excelente.

De repente deja de avanzar, en la pantalla aparece un figura humana, la reconoce, es Bartolomé Colón, dando el efecto de que faltan algunos fotogramas, se observa a Colón abriendo la barrera metálica hasta la mitad y después entrando.

Diego de nuevo avanza las imágenes, al rato vuelve a parar, aparecen tres figuras que también las reconoce inmediatamente, son las de los asesinos de su amigo el Ibicenco, los hermanos Pinilla, a los que acompaña Ángeles. Los tres entran en “La Tarántula”.

Avanza la cinta y de nuevo aparecen los siniestros personajes, pero en esta ocasión saliendo de la discoteca:

«¡Ya está! ¡Ésta es la prueba que me hacía falta! ¡Vamos a ver que dice ahora el juez Aguilera!».

Por fin Diego tiene la prueba que relaciona a los hermanos Pinilla con Bartolomé Colón, pero su alegría es interrumpida cuando el timbre de su casa suena; Boni tendrá que esperar un poquito más para su prometido paseo:

—¡DING... DONG... DING... DONG!

Dejando el mando a distancia se aproxima a la puerta, decidido la abre:

—¡Ángeles!... ¿Qué haces tú aquí?

—¿Puedo pasar...?

—¡Claro mujer, entra! Pensaba que con todo lo sucedido, te habrías marchado de la ciudad…

—No me ha sido posible, vengo a proponerte algo...

—¡Bueno!, tranquilízate, sentémonos y me lo cuentas. ¿Qué te apetece tomar? ¿Un café, por ejemplo?

—¡No, yo solo bebo agua!, ¡muchas gracias! —Cosa que despista y no entona con una mujer de sus vivencias.

—Tú estás bien relacionado con la policía y toda esta gente, ¿verdad?

—Sí, tengo algunos amigos... ¿Por qué me lo preguntas?

—Quisiera llegar a un acuerdo con ellos, si no presentan cargos contra mí, estoy dispuesta a darles en bandeja la cabeza de Colón.

—¡Bueno! —Exclama sorprendido por la inusitada proposición de Ángeles.

La cosa no es fácil, la realidad no es como en la películas, este tipo de acuerdos se pueden hacer… si bien te repito que no es nada fácil.

—¡Yo estoy harta de todo este rollo, cuando antes acabe mejor!

—La fiscal que lleva todo este asunto, se supone que es una amiga mía, si tú estás dispuesta, puedo hablar con ella. No te garantizo que la cosa funcione, pero, ¡vamos a intentarlo! ¡El no ya lo tenemos!

—¡Tienes que ayudarme, así no puedo continuar!

—¡Te ayudaré!, pero tú también tienes que colaborar, tienes que hacer lo que yo te diga. De momento te vas a quedar aquí, en mi casa, yo localizaré a la fiscal.

—¡No puedo, estoy viviendo en el apartamento de Colón!

—¡No me jodas!... ¡Como se te ocurre meterte en "la cueva del lobo"!

—Anoche fui a verlo a “La Tarántula”. ¡Necesitaba dinero y no tengo a donde ir!. Me dio treinta mil euros para callarme. —La mujer se sincera totalmente con él, contando hasta lo del dinero.

—¡Será cabrón!

—¡Sí, los llevo en este maletín! —Enseñándolo.

—¡Trae yo guardaré el dinero! ¿Supongo que te fías de mí?

Ángeles duda en entregar el maletín, pero al final deja de sujetarlo y se lo entrega a Diego, no le queda más remedio que confiar en él, no tiene a nadie más.

—¡Y al apartamento de ése hijo puta no vuelves a aparecer!

—¡Lo que tú digas!, me quedaré aquí, pero al perro éste te lo llevas, no deja de mirarme.

—¡Tranquila, Boni se viene conmigo!

Diego deja a Ángeles en su casa, recoge la famosa cinta de video; le da a Boni su esperado y aplazado paseo. Y luego, y con él de acompañante, se encamina hacia los Juzgados.

Una vez allí, intenta localizar a Javier Ponce, un compañero de trabajo le indica que Javier está en el “barito” de Luis y Miguel, y hacía él va a su encuentro.

En la barra del bar, Ponce está tomando una cerveza...:

—¡Hola Javier!

—¡Coño Diego..! ¿Qué has venido volando?

—Más o menos, tengo que hablar contigo.

—¡Dime!... ¿Qué sucede?

—La mujer del otro día, Ángeles, la esposa de Antonio Pinilla, está en mi casa. Quiere llegar a un acuerdo con Manuela Ribas, está dispuesta a declarar contra el cabronazo de Bartolomé Colón.

—¿En tu casa....? —intentando estirar de la lengua a Diego, por si se ha “perdido algo” el tiempo que ha estado en la clínica.

—¡Sí!, ¿Crees que Ribas estará dispuesta? —Centrándose en lo que en verdad ahora interesa aclarar.

—¡No sé! El fiscal o la fiscal poco pinta en todo esto, hay demasiados muertos. Convendría llegar a un acuerdo con mi juez.

—¡No, con Aguilera ni hablar, no me fío del tío éste!

—¡Esto son manías tuyas! Aguilera es un buen juez, un poco raro… pero está limpio.

—¡Limpio...! ¡Qué sabrás tú! 

—¡Que no Diego!, además, sino es con el visto bueno de Aguilera, no creo que la cosa pueda funcionar.

—¡Javierito, como nos equivoquemos, la hemos cagado!

—¡Hazme caso!, negocia con Aguilera, vamos a verlo ahora mismo, ya verás como llegáis a un acuerdo.

—¡Muy bien lo que tú digas! Pero ya verás como el tío se saldrá por la tangente.

Con el planteamiento ya claro, no tardan nada en volver al juzgado y verse con el juez. Aguilera acepta mantener la entrevista y entra en su despacho acompañado por Diego y Javier Ponce:

—¡Vamos a ver Diego! ¿Qué es lo que es tan urgente?

¡Te advierto que como sea uno de tus rollos… te vas a enterar de quien soy!

Ya con su atención, Diego le narra al juez el tipo de acuerdo que espera conseguir la mujer a cambio de su colaboración.

—No lo veo claro, dejar suelta a la mujer... ¡No me convence!

—Ella no ha tenido nada que ver, a quien contrató Colón fue a los dos tíos.

—¡Y una leche, la tía está metida hasta el cuello!

—¡Bueno su señoría, esto es lo que hay!

—¿Y dónde está la mujer?

—¡No lo sé, ha dicho que me llamaría esta tarde… para ver cómo había ido el trato!

Aguilera es muy suspicaz, y no acaba de creerse que Diego no sepa dónde está la mujer:

—¡Seguro...! ¿Qué no sabes dónde está?

—¡Seguro Aguilera, yo nunca miento!

—Diego... ¡De ti… no me fío! ¿Y que yo sepa, tu no eres “Testigo de Jehová”, verdad hijo?

—¡No, no los soy!, pero al igual que a ellos, mi religión no me permite mentir, y menos a un juez —siguiéndole la broma al hombre de leyes—…¡Bueno Aguilera! ¿Hay trato o no?

—Es posible, pero no me comprometo, dile a la mujer que venga a verme y ya veremos.

Diego, conociendo los trucos del Juez, no ve nada clara esta contestación para nada comprometida, y sin pensárselo:

—¡No creo que venga!, quiere tener la seguridad de que no van a presentar cargos contra ella, quiere salir limpia de todo esto.

El juez ve que no hay manera de engañarlo, y a su pesar acepta el acuerdo:

—¡Mira Diego, por esta vez te has salido con la tuya!, hablaré con Ribas (la fiscal del caso) para que no presente cargos contra ella.

¡Pero esta tarde sin falta venid a verme!

—¡Qué raro, me extraña que trabaje Vd. por la tarde! —No pierde ninguna oportunidad de mosquearle.

—¡No me toques los cojones! ¡Hoy estoy otra vez de guardia! ¡Mierda de recortes...!

—De acuerdo Aguilera, cuando me llame, intentaré convencerla para que venga.

—¡Si no viene esta tarde no hay acuerdo! ¡Tú ya me entiendes de sobra!

Acordado el trato, Diego y Javier abandonan el despacho del juez.

—¡Qué…! ¡Estarás contento, te has salido con la tuya!

—¡No lo sé!, hasta que esto termine, no me fío.

—¡ Venga Diego, mira que eres retorcido!

—Me voy a casa, a contarle el acuerdo a Ángeles.

—¡Oye qué es esto de Ángeles! ¿No te habrás enamorado de la tía esta?

—¡Qué dices capullo!, lo que ocurre es que es una buena persona y, me sabe mal todo lo que le está pasando.

—¡Sí, sí, ya hablaremos!, ¡que no me he caído de un “guindo”.

—¡Hasta luego cabroncete…!

—¡Adiós…, Diego!


…De regreso a su morada, Diego saca del coche a Boni, que cada día está más unido a su nuevo dueño, y para suerte de éste, se porta como un bendito; se nota que tiene un buen carácter:

—¡GUAU…! ¡ERRRGGG… GUAU, GUAU…! —que traducido— «¡Tengo hambre y ganas de beber agua…!, ¡cacho cabrón y egoísta, que sólo piensas en ti…! ». 

Al tiempo que los dos entran en la vivienda, en el fondo duda que la mujer esté dentro…

—¿¡Ángeles...!? —exclama como llamada de atención hacía ella.

—¡Sí, estoy en la cocina!

A lo que acude hacia el lugar de donde procede la voz…

Ángeles se gira, sin dejar de continuar moviendo algo de dentro de una sartén que está en el fuego.

Está totalmente desnuda, la única prenda que lleva es un delantal sin cerrar, del cual se asoman parte de sus senos.

—¡Mira!, estoy preparando unas pechugas de pollo que había en la nevera, las comeremos con una ensalada.

Diego aunque escucha a Ángeles, no se fija en la sartén que le está indicando, sus ojos se fijan en el excitante cuerpo de la mujer.

—¿Y no puedo... cambiar de plato?

—¿Como por ejemplo...?

—¡Conejo a la brasa!

Al mismo tiempo que con sus brazos le abraza, colocando sus manos en sus pechos.

—¡Quita...! —Sonriendo y apartándole... Primero comamos, ¡luego habrá tiempo para todo! ¡Además me tienes que contar como te ha ido!

—¡Traigo buenas noticias! El Juez está dispuesto a no presentar cargos contra ti, esta tarde hemos de ir a verlo....

—¿Esta tarde? —pregunta con un tono travieso.

—¡Sí, esta tarde...! ¡Pero a última hora!


…En otro lugar, otros tres comensales, se reúnen en el mismo momento en el Restaurante "La Buenavista", la conversación es totalmente distinta...:

—No podemos estar pendientes de ella.

—Estoy de acuerdo Trinarejos, me encanta que al final pienses como yo. —contesta el conocido Colón.

—Vosotros sabéis que no soy partidario de actuar así, pero no podemos arriesgarnos a que hable. ¿Cuándo has quedado con ella? —Trinarejos saca su otra faceta.

—¡Ahora!, cuando terminemos, pasaré por el apartamento, antes de venir ya me he parado, pero no estaba, ¡supongo que habrá ido de compras! Le he dejado una nota diciéndole que pasaré a hacerle una "puesta a punto", como la de la otra vez. Ante una oferta así, ¡me estará esperando impaciente! —Creído Colón de sus encantos.

 —¿De compras...! ¿Ésta no vuelve?

—¡Que sí hombre, no tiene a donde ir! Y además esta "colada" por mí.

—¡"Colada por ti", incauto! ¡Y además con treinta mil euros encima! ¡Vete a saber dónde coño está!

—¡Hazme caso Trinarejos, verás cómo estará en el apartamento esperándome!

—¡Cuándo la tengas localizada, me llamas! Yo me encargaré de todo… ¡Y por una vez escucha lo que te digo!

—¡Muy bien lo haremos a tu manera! Pero cuando todo esto pase, sigo pendiente de arreglarle las cuentas a Diego.

Periódico EL PRIMERO

—¡Otra vez! ¡Deja en paz al puto Diego! No te ha bastado como te ponen en "EL PRIMERO DEL DIA", y espérate que ahora que te han pillado con algo noticiable, no te van a dejar en paz, eres la noticia del momento.

—¡Les voy a poner un pleito!

—¡Un pleito…! Serán muchas más los demandas que tendrás que hacer, las televisiones te empezarán a pedir entrevistas en cualquier momento. Y llamar tanto la atención es precisamente lo que queríamos evitar.

—¡Pues les daré las entrevistas, y en ellas lo aclararé todo! 

—¡Tú no vas a dar nada de nada, ni se te ocurra acercarte a un micrófono o a una grabadora! —El socio ya está fuera de control, el Colón ha logrado sacarle totalmente de quicio, más hace un esfuerzo y recupera la calma, bajando el tono de su voz— Mira Colón, todo lo que puedas decir lo van a utilizar luego en tu contra, los periodistas son unos cabrones, y lo que ellos buscan es “enmierdar” el asunto, ¡hazme el favor!, y no entres en su juego… Lo que debes hacer es estar callado y dejar que vayan pasando los días, que se vayan olvidando de ti…

Y ahora lo más importante es que te preocupes de localizar a la chica, ¡no nos toques más los huevos!...

El silencio de Colón, cosa extrañísima en él que no quiera decir la última palabra, se lo toman como una aceptación de que hará lo dicho por Trinarejos.

FINAL DEL CAPÍTULO XII

No se recomienda su lectura a personas menores de 16 años.

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